REFLEXIONES SOBRE EL CASO DE SOTA

¿QUÉ SABEMOS ACERCA DE SOTA?

Sota era una perra de talla grande, aparentemente cruce de labrador, de pelo corto y capa amarilla. Presuntamente era una perra abandonada con la que Tauri Ruusalu se encontró y creó un vínculo afectivo; su nombre real era “Minnesota”, pero muy acertadamente él la llamaba con este diminutivo, mucho más efectivo para hacerse entender por el animal. Vivían y dormían juntos en la calle. No conocemos la vida anterior de la perra, pero parece que ya había sufrido un abandono cuando debía de tener poco más de un año. Llevaban, según Tauri, viviendo juntos en las calles de Barcelona cerca de un año y 4 meses. Cuando falleció, el mediodía del pasado martes día 18 de Diciembre de 2018, la perra tenía alrededor de dos años y medio. Tauri es un chico estonio que ha viajado como mochilero por varios países de Europa y fabrica pulseras que “vende” a los transeúntes para poder comer, sin ponerles un precio concreto; el precio lo pone el comprador (esto se escucha en uno de los vídeos visionados). Según las personas que veían habitualmente a Tauri y Sota por la zona, les parecían una persona y una perra que no llamaban particularmente la atención.

Muchas de las personas que viven en la calle carecen de una red de apoyo familiar para salir de esa situación, y deciden vivir así. Sea como sea, cuando una persona, en esas condiciones, decide crear un vínculo afectivo con un perro abandonado y ambos se encuentran, esa relación funciona como terapia para ambos ya que, antes de encontrarse estaban solos y siendo que tanto el perro como el hombre somos animales gregarios, normalmente nos encontramos más reconfortados psicológicamente juntos que por separado, y nos aporta seguridad, autoestima y un motivo para vivir.

Todo parece indicar que Sota era una perra tranquila que se dejaba tocar por las personas, incluidos los niños, sin mostrar ninguna señal de conducta agresiva o nerviosa. Hay varios vídeos que lo corroboran y el único gesto que se le ve hacer a Sota cuando algo no le gusta en exceso, es girar la cabeza; incluso atendía a su nombre según se puede ver en el vídeo en el que se deja tocar por una niña muy pequeña, ya que gira la cabeza para dirigir la mirada hacia la persona que la nombra. Tauri asegura que “nunca atacó a nadie y que le gustaba jugar con los niños en el camping Waikiki de Tarragona” donde parece que la llevaba a menudo.

Este es el testimonio público de Tauri tras el desgraciado suceso 

Vídeos de Sota en presencia de personas

VÍDEO EN fACEBOOK

VÍDEO EN FACEBOOK

En los vídeos también se puede apreciar que Tauri, en todo momento, se mantiene atento al entorno y a lo que le sucede a su perra, explicando a las personas lo que le gusta, lo que no y manteniéndola tranquila a base de caricias, mientras que es tocada por la niña, lo que le servía a la perra para comprender que su conducta tranquila, en presencia de niños, es la correcta (es lo que en Etología se denomina “condicionamiento positivo”).

Después de observar con detenimiento todas las imágenes, parece que la perra estaba habituada a la presencia de todo tipo de personas e incluso al contacto directo con ellas; nada extraño en un animal que está continuamente recibiendo estímulos muy diversos por vivir en la calle con una persona que se relaciona continuamente con otras por su actividad, y que no ve ninguna actitud amenazadora en ellas. Sí es cierto que parece que normalmente transitaba por las calles suelta con Tauri, lo que podía contravenir las normativas municipales, pero también lo es que los perros de las personas que viven en la calle no suelen separarse mucho de ellos porque sus compañeros humanos son su grupo social y el único vínculo afectivo fuerte que tienen. Vivir en grupo es lo que asegura la supervivencia, por lo que no es lógico que quieran abandonarlo de forma voluntaria, ni alejarse de él. Contravenir las normativas municipales tampoco es motivo suficiente para matar a un perro que se muestra tranquilo habitualmente; en todo caso se debería sancionar al propietario y para ello identificarle de forma calmada, respetando tanto las áreas críticas de la persona como del perro.

Merece mención especial el hecho de que el vínculo de Tauri y Sota estaba siendo estudiado para ser incorporados en breve al proyecto “Mejores Amigos” (Millors Amics) de FAADA (Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales).

COMUNICADO DE FAADA

¿QUÉ NOS DICE LA CIENCIA DEL COMPORTAMIENTO O ETOLOGÍA?

El perro, refiriéndonos a él como especie, ha evolucionado del lobo, y es por tanto inevitable que muchas de sus conductas hayan sido heredadas de aquél, aunque el proceso de domesticación haya hecho que muchas de ellas se “suavicen” y se reproduzcan de una forma menos intensa que en su ancestro de vida salvaje.

Los perros sólo conocen un lenguaje con el que poder expresarse,  que se basa en una variedad de vocalizaciones diferentes y en un lenguaje corporal muy variado. Ese lenguaje lo emplean tanto con otros perros como con las personas cuando existe una interacción con ellos; por eso es muy importante que las personas que constante o puntualmente tenemos que tratar con estos animales sepamos lo que nos quieren decir en cada ocasión y situación, para evitar agresiones. La prevención es la clave para evitar la agresión de un perro y los profesionales que estamos en contacto con ellos debemos saber cómo aproximarnos y tratarlos de la manera más adecuada para no provocar en ellos conductas indeseables y en casos extremos, saber cómo reducirlos con el mínimo daño para las personas y para ellos mismos. Esto debería ser obligatorio en profesiones como son los veterinarios, los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y los bomberos. Los veterinarios tenemos el inconveniente de que somos los que normalmente les provocamos dolor o molestias para mejorar su salud o su bienestar pero, aún así, la Etología nos proporciona las herramientas apropiadas para darles un trato amable y evitar que nos vean como una amenaza de la que defenderse continuamente.

A ningún animal, salvaje o domesticado, le resulta rentable estar luchando continuamente, porque podría resultar gravemente herido en la pelea o perder la vida, motivo por el que un perro equilibrado no agrede a la primera de cambio ni por cualquier cosa sino que, antes de darse la agresión, los perros emiten muchas señales que les sirven para rebajar su nivel de estrés y para hacer entender al otro individuo que no buscan conflicto y que quieren evitarlo; cuanto mayor sea el repertorio de estas señales del individuo mejores serán sus habilidades sociales.

Cuando un perro empieza a encontrarse bajo una situación estresante, sea ésta de la índole que sea, manifiesta una serie de conductas que se reproducen de forma muy similar en todos los individuos de la misma especie que se enfrentan a una situación parecida. Salvando las diferencias físicas de cada raza, éstas son las que antes he mencionado y que se denominan “señales de calma, de apaciguamiento o tranquilizadoras”. También hay que saber que un perro sometido a estrés puede manifestar con mayor facilidad conductas de nerviosismo o de miedo, que serán las últimas señales que emita antes de hacer efectiva la agresión sobre aquel que le supone una amenaza, habiendo emitido previamente y como norma general, muchas de estas otras señales que manifiestan su malestar.

En los primeros momentos en que un perro se enfrenta a una situación de estrés y siempre que esté implicado otro individuo en la misma (incluidas las personas), el animal empieza a emitir un despliegue de señales de calma cuyo objetivo es reducir las posibilidades de que exista un enfrentamiento, calmándose a sí mismo y disminuyendo la agresividad del individuo origen del estrés. Las señales van dirigidas al otro individuo y pueden manifestarse de muy diferentes maneras:

  •  Bostezando y empujando con el hocico.
  •  Lamiéndose los labios.
  •  Lamiendo los labios del otro individuo.
  •  Desviando la mirada del otro individuo o evitando mirarle directamente girando  la  cabeza.
  • Mirando de reojo.
  • Entrecerrando los ojos o pestañeando.
  • Dándole la espalda.
  • Quedándose totalmente inmóvil.
  • Moviendo la cola.
  • Andando o moviéndose despacio.
  • Dando un rodeo o caminando haciendo un arco a cierta distancia del otro individuo.
  • Dando la pata o levantando sus patas delanteras.
  • Sentándose o tumbándose.
  • Adoptando la postura de juego típica canina pero sin mover las extremidades anteriores.
  • Poniéndose a oler el suelo (pudiendo considerarse una señal de calma o una conducta de desplazamiento según el autor de que se trate).
  • Interponiéndose físicamente entre perros o personas.

En algunas ocasiones, en los primeros momentos en que un perro se enfrenta a una situación estresante, manifiesta lo que se denominan “conductas de desplazamiento”, cuyo objetivo es redirigir su propio comportamiento cuando existe un conflicto entre dos conductas incompatibles, la que el animal desearía manifestar y la que puede mostrar, bien porque se lo impide su carácter, bien porque no se le permite. Estas conductas de desplazamiento representan una especie de vía de escape a la frustración de no poder dar rienda suelta a su impulso original y pueden manifestarse también de diversas formas:

  •  Poniéndose a oler el suelo.
  •  Rascándose sin motivo que lo justifique.
  •  Girando sobre sí mismo persiguiéndose la cola.
  •  Persiguiendo moscas imaginarias.
  •  Montando a alguien o algo.
  •  Lamiéndose una mano.
  •  Tratando de marcar con orina ciertos lugares.

Tanto las señales de calma como las conductas de desplazamiento están originadas por una situación tensa o estresante aguda pero, si el estrés se cronifica y deja de ser una forma de adaptación, convirtiéndose en distrés, las conductas de desplazamiento podrían derivar en lo que se denominan trastornos compulsivos o conductas estereotipadas.

Incluidos los dos tipos de señales descritas anteriormente, en el perro doméstico se lleva a cabo un “display de estrés”, que normalmente encuadra una serie de señales encadenadas bajo una situación estresante hasta llegar a manifestar miedo o agresividad. Estas conductas, que forman este display, pueden ser las mencionadas a continuación:

1) En lo relativo a las expresiones faciales:

  • Desviación de la mirada, entrecerrar los ojos/pestañear y mirada de reojo.
  • Bostezos repetidos.
  • Lamido de sus propios labios o de la cara del individuo motivo de su estrés (persona u otro perro).
  • Jadeos con estiramiento de los labios hacia atrás y la punta de la lengua rizada hacia arriba.
  • Salivación o babeo excesivo.
  • Dilatación de pupilas.
  • Boca cerrada y lamido del labio superior con la punta de la lengua rizada hacia arriba (indicativo de la alta tensión que soporta el animal). Es lo que se denomina “lip licking”.
  • Retracción leve de labios mostrando algunos dientes pero con la boca cerrada (primera señal de amenaza por parte del animal ante el momento tan incómodo que está viviendo).
  •  Retracción de labios horizontal o hacia atrás con exposición de la mayoría de los dientes y la boca algo abierta (es una amenaza con tintes de miedo).
  •  Fijación de la mirada en los ojos del oponente (señal de reto).
  •  Retracción de labios vertical o hacia arriba mostrando los dientes y las encías teniendo la boca parcialmente abierta (amenaza que avisa de agresión).

 2) En lo relativo a las expresiones corporales:

  • No moverse o adoptar cualquier postura corporal perteneciente a las señales de calma.
  • Sacudirse o estirarse para liberar estrés (durante o tras un momento que lo origine).
  • Aumento de actividad corporal por nerviosismo.
  • Erizamiento del pelo del lomo o línea dorsal del cuerpo ( es indicativo de tensión, puede ocurrir tanto en situaciones de miedo como de agresividad ofensiva).
  • Temblor corporal (indicativo de situación estresante que provoca miedo en el animal).
  • Micción y/o defecación por estrés o miedo.
  • Señales con las orejas:

* Orejas hacia atrás extendidas contra los lados de la cabeza (indicativo de ansiedad, el animal puede agredir o mostrar miedo según lo que suceda a continuación).

* Orejas aplastadas contra el cráneo y hacia atrás (señal de que el perro está asustado, se puede acompañar de exhibición de los dientes y entonces se convierte en una señal de agresividad defensiva).

* Orejas orientadas hacia delante (indicativo de que el perro está dispuesto a atacar, se puede acompañar de fruncido de hocico y dientes descubiertos, convirtiéndose en una señal de agresividad ofensiva).

  • Señales con el rabo:

                    * Leve movimiento del rabo (señal de calma).

                    * Rabo por debajo de la horizontal del perro, cerca de las patas traseras, con el cuerpo en postura normal (señal de incomodidad o de malestar).

                    * Rabo por debajo de la horizontal del perro, cerca de las patas traseras, con la postura del cuerpo algo agachado (señal de ansiedad y sumisión moderada).

                    * Rabo metido entre las piernas (sumisión por miedo, puede acompañarse de temblor corporal).

                    * Rabo erizado en la punta (indica ansiedad).

      3) En lo relativo a las vocalizaciones:

  • Gemidos aislados o acompañando a los jadeos.
  • Gruñido unido a exhibición de dientes o gruñido mantenido que termina en un ladrido (ambos representan amenaza).
  • Gritos o chillidos agudos sin que haya motivo de dolor físico (representan miedo).

Hay que tener en cuenta que todas las señales que emite un perro en cualquier situación, incluida cualquiera que le provoque estrés, hay que interpretarlas conjuntamente para saber lo que está expresando el animal en ese preciso momento, es decir, hay que descifrar lo que expresa su cuerpo, junto a su mímica facial y a su vocalización. Al mismo tiempo, hay que saber que cualquier situación que provoque estrés en el perro o que le produzca miedo puede desencadenar una conducta agresiva, bien de forma ofensiva o defensiva.

Ante cualquier exigencia, interna o externa, los perros reaccionan de forma fisiológica, al igual que las personas, lo que supone un esfuerzo y una preparación para el gasto de energía. Esta preparación y activación de recursos es lo que provoca el estrés. Ese estrés puede tener su origen en el interior, porque el animal piense en una exigencia concreta, o desde el exterior, cuando es el entorno el que somete al perro a esa exigencia. Todos los animales (incluidos los humanos) están continuamente expuestos a nuevas exigencias, por lo que solemos tener unos niveles normales de estrés controlados apropiadamente; es una forma de estrés positivo y se denomina “eustrés o estimulación”. También hay un tipo de estrés perjudicial llamado “ansiedad, angustia o distrés” que se caracteriza por ser intenso o duradero y que agota los recursos corporales. Este estrés negativo o distrés es el que pone en marcha los mecanismos de lucha o huída y puede disminuir los umbrales de miedo y de frustración del individuo pudiendo dar paso, por lo tanto, a las conductas agresivas. Por consiguiente, no todos los estímulos pueden desencadenar una respuesta de ansiedad, miedo, frustración o agresividad, para lo que se requiere un estímulo aversivo o amenazante suficientemente intenso y/o prolongado en el tiempo. Normalmente cuando hablamos de estrés nos solemos referir al estrés negativo o distrés, ya que los efectos del eustrés no provocan alteraciones graves en el animal, habiendo dos reacciones diferentes en ellos según este estrés sea agudo e intenso o prolongado y crónico.

Cuando un perro se ve sometido a estímulos estresantes de forma aguda o intensa y se alerta, se liberan una serie de sustancias químicas en su cerebro y en su sangre:

  • Fruto de la activación involuntaria y fisiológica del Sistema Nervioso Simpático (uno de los componentes del Sistema Nervioso Autónomo) se liberan al torrente circulatorio adrenalina (epinefrina) y noradrenalina (norepinefrina), responsables directas de que el corazón lata más fuerte, el flujo sanguíneo abandone la circulación periférica y se dirija a los músculos, preparándoles para la lucha o la huída. Se produce también dilatación de los bronquios para facilitar la llegada de oxígeno y poder, así, mantener bien oxigenados los tejidos, además de aumentar la llegada de sangre al corazón y a los músculos esqueléticos. El hígado libera más glucosa a la sangre para poder proporcionar más energía a los músculos y ayudar al organismo a luchar o a huir del peligro, sea éste supuesto o real. Se dilatan las pupilas y las glándulas sudoríparas se preparan para producir sudor. Disminuye la actividad de funciones corporales de menor importancia en situaciones críticas de emergencia, como la digestión y la micción.
  • En la corteza prefrontal del cerebro se secretan noradrenalina (norepinefrina) y dopamina. Estos dos neurotransmisores producen una interrupción temporal de la función de la corteza prefrontal, que es la responsable del aprendizaje y de procesos cognitivos más complejos, por lo que la capacidad racional se inhibe y por tanto, cualquier mecanismo aprendido previamente, que ayude a afrontar situaciones complicadas, pueden no ser fácilmente accesibles, por lo que el perro tiene mayor tendencia a la lucha o a la huída. La corteza prefrontal también es responsable del control de los impulsos y la inhibición social. Se produce una disminución del umbral para el comportamiento agresivo, niveles altos de excitabilidad, una conducta más impulsiva o desinhibida y un estado de alerta excesivo, todo esto en lo que se refiere a los niveles altos de noradrenalina (norepinefrina) en la corteza prefrontal. Por otro lado, los niveles elevados de dopamina en esta localización del cerebro, producen agitación, hiperreactividad a los estímulos y una conducta más impulsiva. El estrés agudo también estimula al sistema inmunológico y al metabolismo con el objetivo de combatir el elemento ofensivo estresante, sea éste de la índole que sea. En conclusión, todo el organismo de un perro sometido a un estrés agudo se encuentra en un estado de “alarma total” preparado para reaccionar luchando o huyendo y así sobrevivir a la amenaza, pero menos para hacer uso de su capacidad racional.

El perro es una especie social o gregaria, al igual que el hombre, siendo una característica de este tipo de especies animales la defensa del grupo social y del territorio en el que normalmente se encuentran los recursos que necesitan. En los perros, tanto la agresividad protectora, cuyo objetivo tiene la defensa de los miembros del grupo (personas y perros), como la agresividad territorial para la defensa de su espacio, parecen estar interrelacionadas, ya que son estrategias que ayudan a la supervivencia de los individuos que forman el colectivo. Esto no es más que otra característica heredada de su ancestro el lobo pero, a diferencia de aquél, el perro puede incluir en su grupo tanto a animales de su misma especie como de diferente especie, principalmente de la humana. Lo normal es que un perro, independientemente de su sexo, tienda a proteger a los suyos y a lo que considera su territorio, existiendo diferencias individuales y raciales. En cambio, algunos autores señalan una mayor predisposición para la territorialidad y la defensa del grupo en los machos enteros.

Los perros y muchos otros animales, incluidos los humanos, tienen diferentes mecanismos de aprendizaje, pero entre ellos merece especial mención, en este caso, el aprendizaje no asociativo. El aprendizaje no asociativo es el que se produce de forma simple y natural o espontánea en los individuos, sin utilizar la asociación del estímulo en cuestión a otros, es decir, sin hacer uso de la memoria asociativa, para poder adaptarse al entorno. Las formas de aprendizaje no asociativo son dos: la habituación y la sensibilización. La habituación consiste en la disminución de la respuesta existente frente a determinados estímulos repetidos que no tienen consecuencias para el animal a pesar de ser capaz de responder. La habituación a un estímulo es más probable que se produzca cuanta menor intensidad tiene éste y cuanto mayor sea la frecuencia con la que se presenta al animal. Un buen ejemplo de habituación son las personas que viven junto a las vías de un tren y que con el tiempo dejan de advertir el paso de los mismos. La sensibilización es lo contrario a la habituación, consistiendo en el aumento de la respuesta existente frente a determinados estímulos repetidos que no tienen consecuencias para el animal. La sensibilización a un estímulo es más probable que se produzca cuanto mayor intensidad tiene éste y menor sea la frecuencia con la que se presenta al animal. Un buen ejemplo de sensibilización son las fobias a los ruidos fuertes que adquieren algunos perros.

Los perros tienen un “área o distancia crítica”, lo mismo que las personas. Se trata de un espacio indeterminado que los rodea y que genera en el individuo malestar cuando éste es invadido por personas u objetos. Esta distancia depende de diversos factores como: el ánimo del animal, el estado de salud, el grado de familiaridad o habituación con ese estímulo concreto, que exista o no una “memoria de seguridad”, en relación a ese estímulo (lo que dependerá de las relaciones previas con esa persona u objeto), cuestiones genéticas, distracciones presentes en ese momento, la familiarización con el entorno, lo agradable o desagradable que le resulte la persona que invade ese espacio. Cuando alguien invade ese área, el animal puede sentirse intimidado y nervioso, mostrando primero señales de calma para posteriormente manifestar conductas defensivas, o también puede que él mismo se aleje del individuo que lo ha invadido. Si se invade ese área repetidas veces, puede que el animal adopte una conducta defensiva más activa, pudiendo anticipar cada vez más la necesidad de mostrar ese comportamiento defensivo y aprendiendo cada vez lo que funciona y lo que no para evitar ese malestar. La mayoría de las personas desconoce las conductas defensivas más sutiles, como que el perro se aleje o muestre señales de calma, por lo que no responden adecuadamente a esa situación, dando lugar a que el animal pueda sentir miedo y se defienda con una agresión. Desde el momento en que el perro siente miedo frente a un determinado estímulo, el siguiente paso es la “generalización”, que supone la asociación por parte del animal del estímulo original que lo desencadenó con otros estímulos presentes en ese contexto, siendo de tal manera que estos otros estímulos pueden posteriormente convertirse en “desencadenantes” de la conducta de miedo, lo que hará que sea más difícil identificar las causas originales de que dan lugar a esa sensación y predecir la conducta agresiva. Por lo tanto, a la hora de tratar con los perros es muy importante respetar su espacio crítico para evitar agresiones.

¿QUÉ ES LO QUE PUDO OCURRIR CON SOTA?

No es posible saber cómo sucedieron exactamente los hechos, porque en el momento de redactar este escrito no se han hecho públicas las imágenes completas del suceso, para poder analizarlas en profundidad; desconozco lo que allí sucedió antes de que el agente de la Guardia Urbana de Barcelona decidiera asestar el tiro mortal a Sota; por lo tanto, las conclusiones que aquí se exponen son todas suposiciones basadas en la Ciencia del Comportamiento y en documentos hechos públicos.

El tiempo que Sota llevaba viviendo en la calle con Tauri, era más que suficiente para que el animal estuviera muy familiarizado con la mayoría de los estímulos que los perros pueden encontrar allí, como personas adultas, niños con sus voces chillonas, ancianos, ruidos de coches, los propios coches, sirenas de ambulancias y de vehículos policiales, los propios policías, motos, monopatines (el propio Tauri tenía uno con el que supuestamente agredió al agente que mató a la perra posteriormente a pegarle el tiro), etc. Probablemente esa habituación a los estímulos es la que hacía que Sota no reaccionara y se mostrara tranquila en todo momento en su presencia, incluso hasta el punto de dejarse tocar por personas extrañas que se aproximaban a ellos de una manera normal. También estaba habituada a que las personas se acercaran al lugar donde se encontraba con Tauri, pues se dedicaba a vender las pulseras que él mismo hacía.

Desconociendo si las experiencias vividas previamente por Sota en presencia de agentes de policía (si es que las hubo) le pudieron resultar amenazantes o no, no se puede asegurar que la perra tuviera un historial de seguridad, en lo que a su área crítica se refiere, en presencia de estas personas o por el contrario, guardara en su memoria recuerdos poco agradables con esos estímulos, como para que pudiera anticipar la conducta nerviosa o agresiva:

Supongamos un primer escenario en el que la perra estuviera habituada también a la presencia de policías y con ellos se comportara como con cualquier otra persona que se aproximara a Tauri y a ella. Lo que sí es altamente probable es que Sota debió de percibir un peligro en ese encuentro en particular con los agentes de la Guardia Urbana, ya que el testimonio público de Tauri dice textualmente: “Subió sus patas delanteras al brazo del policía, pero no le mordió. Movía la cola todo el rato. Pensaba que estábamos “jugando”. Si decidimos creer este testimonio y analizamos esa conducta en base a todo lo mencionado anteriormente, vemos que la perra se interpuso entre su compañero humano y el agente, movía el rabo y puso sus patas delanteras sobre el brazo del policía, lo que puede ser interpretado como una exhibición de señales de calma; la perra parece que estaba intentando mediar en el conflicto para que se resolviera y acabara la amenaza, y muy probablemente, el movimiento de rabo que Tauri interpretó como que Sota pensaba que estaban jugando también, era una señal de calma cuyo objetivo era apaciguar a la fuente del conflicto para que éste terminara; en base a quien iba dirigida la conducta de la perra, presuntamente la fuente del conflicto era el agente. Si este repertorio conductual de Sota fueran señales de calma, como podrían parecer, la perra tenía buenas habilidades sociales y no tenía suprimidas esas señales previas, lo que desecharía la idea de que tuviera una conducta agresiva impulsiva pero daría veracidad al testimonio de Tauri.

Supongamos ahora un segundo escenario en el que Sota estuviera sensibilizada a la presencia de la policía por episodios vividos previamente por ella como amenazantes. En ese caso, incluso sin ser los agentes la fuente de conflicto, quizás la perra anticiparía la conducta nerviosa exhibiendo un display de estrés concreto y muy posiblemente eliminaría, al menos, algunas señales de calma, mostrando antes una conducta agresiva hacia el agente. En este supuesto, el testimonio de Tauri no tendría validez, pero ¿con qué objetivo debería inventarse todas esas señales que él dice que emitió su perra, sin entender siquiera lo que querían decir y que coinciden perfectamente con señales de calma que puede emitir un perro antes de mostrar una conducta agresiva?.

Lo que sí que parece muy probable es que la perra se vio sometida a estímulos estresantes y padeció un episodio de estrés agudo que le hizo actuar en uno u otro sentido, además de que pudiera haberse invadido su área crítica por parte de los agentes.

A tenor de lo anterior pueden surgir muchas preguntas:

  • ¿Qué conflicto debería de existir entre los agentes y Tauri en ese momento, suponiendo que la policía debería saber aproximarse a una persona que se acompaña de una perra de talla grande suelta pero habituada a estar entre personas muy variadas, si es que no se emplearon en ningún momento tonos amenazantes de voz o malas formas?, la respuesta es ninguno. En cambio, si la actuación policial fue percibida por Sota como amenazante por diversos motivos, sí que se ve justificada su conducta mediando en el problema.
  • ¿Pudo mostrar Sota un display de estrés?; lo más seguro es que sí, siempre que percibiera un problema que, lejos de solucionarse con su intervención, iba en aumento, viendo incluso cómo querían llevarse a su compañero, tal como dice Tauri y en base a que algunas personas presentes han expresado en redes sociales que la perra también ladraba, aunque no hay imágenes disponibles de esos momentos.
  • ¿Pudo pasar la conducta de Sota a ser agresiva en algún momento hasta el punto de atacar al policía?; la respuesta es sí, siempre que ella pudiera percibir que su compañero (el otro miembro de su grupo social) estuviera en serio peligro y entonces ella decidiera atacar para salvarle del mismo. ¿Cuántos de los que tenemos perro no esperaríamos y agradeceríamos ese tipo de comportamiento si nos vemos agredidos en un momento determinado? 

En este punto hay que resaltar que tanto el parte médico, como la fotografía de las lesiones del agente con fecha del mismo día de los hechos, mostrados ambos en un medio de comunicación escrito el día 26 de Diciembre de 2018 y facilitados por la propia Guardia Urbana o por el Ayuntamiento de Barcelona, no se corresponderían en absoluto con el ataque violento de una perra de talla grande si realmente tuviera la intención de morder en defensa de un miembro de su grupo social, ya que ese ataque conllevaría heridas graves que podrían incluir desgarro de tejidos durante el forcejeo. 

“Paciente de 43 años, Guardia Urbano diestro. MC (motivo de consulta): Acude en ambulancia al sufrir agresión durante intervención. Le han tirado un patinete en la frente + cara + mordedura perro no identificado ESE (entendiendo estas siglas como extremidad superior izquierda). Expl (exploración):Tumefacción frontal y malar derecha. No pérdida de conocimiento, no inestabilidad cefálica. ESE (extremidad superior izquierda): No herida pero dermoabrasión sin afectación de la epidermis codo izquierdo. DX (diagnóstico): contusión malar derecha + frontal + dermoabrasión extremidad superior derecha por mordedura de perro. PLA (tratamiento): Desinfección + GAT (desconozco lo que significa). Rechaza tratamiento analgésico de urgencia. Crioterapia (aplicación de frío) + paracetamol 650 mg cada 8 horas.” No hay tratamiento antibiótico.

A tenor del parte médico de urgencias del agente, sólo presentó una “dermoabrasión sin afectación de la epidermis” en el codo izquierdo, en lo referente a la presunta agresión de Sota. Quiero entender que la doctora que le atendió en urgencias se refiere a que había una excoriación (rozadura o irritación cutánea) en la piel, que no afectó a capas más profundas de la epidermis, que es la capa más superficial de la piel, pero el hecho de que ya haya una rozadura o similar es porque la capa externa de la piel o epidermis es la que en realidad está afectada. Tampoco se entiende que la doctora exprese que sólo hay una ligera rozadura en la piel y que exprese que es “por mordedura de perro” sin haber estado presente y sin coincidir las lesiones que presentaba ni topográficamente ni por su tipología, con una mordedura de perro propiamente dicha. Si únicamente indica esa mínima lesión de la piel como todo el daño que podría haber hecho Sota por haber mordido, es claramente indicativo de que la perra no agredió con violencia al policía en ningún momento, como para hacerle pensar que su vida o la de otros podrían correr riesgo alguno e, incluso, existe la posibilidad de que no le agrediera en ningún momento de forma intencionada. Esas lesiones podrían coincidir perfectamente con el hecho de que Sota se hubiera subido al brazo del policía, tal como dice Tauri, y al dejarse caer hubiera clavado y arañado sin intención (simplemente por la gravedad y el hecho de ser una perra de talla grande que rondaría los 25 kg de peso) con las uñas en el brazo del policía, que iba cubierto con la ropa profesional propia de la época otoñal/invernal, en el supuesto de que esas dermoabrasiones hubieran sido provocadas por la perra. Cabe destacar que el propio agente rehusó el tratamiento analgésico de urgencia. Por lo tanto, sin ver las imágenes, pero con el parte médico de urgencias, se podría decir que lo más seguro es que el agente no respetó los tres principios en los que debe basarse toda acción policial para usar un arma de fuego, que serían los “Principios de Congruencia, Oportunidad y Proporcionalidad”; la acción del policía habría sido totalmente desproporcionada con respecto a la conducta de Sota y Tauri, pues los policías tampoco deben someter a las personas a sufrimientos graves, sean éstos físicos o mentales, y la muerte de Sota, a causa del único disparo mortal que recibió en la cabeza en presencia de Tauri, debió de suponer un terrible shock emocional y un dolor psíquico totalmente imaginable por todos los que alguna vez hemos vivido la pérdida de un ser querido. Siendo así, estaríamos supuestamente ante una persona con falta de autocontrol o miedo excesivo hacia una conducta totalmente normal de un perro ante una situación tensa, por lo que estaríamos ante un presunto delito de maltrato animal con resultado de muerte y de una persona que quizás no estaría a la altura para tener una profesión en la que deba llevar un arma o tratar con animales aunque sea puntualmente.

https://www.seguridadpublica.es/2010/10/principios-basicos-de-actuacion-policial-especial-referencia-al-uso-del-arma-de-fuero-por-la-policia/

En base a este trágico suceso, todos los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado deberían poner al día sus protocolos de actuación en presencia de animales domésticos y darles a sus agentes una mejor preparación en lo que a conducta animal se refiere.

También hemos tenido acceso a la fotografía de Sota yaciendo muerta en el suelo tras lo sucedido y una de las páginas de la diligencia abierta por la Guardia Urbana (no se comprende tampoco por qué no se ha dado a conocer al completo). En relación a la fotografía de Sota muerta en el suelo, se puede ver que el animal yace en decúbito lateral derecho sin observarse orificios de entrada en el lado izquierdo visible de la cabeza. El contenido de la única hoja disponible de la diligencia de la GUB especifica literalmente: “abatió al animal con un único disparo que le alcanzó en la zona de la cabeza próxima a la oreja, resultando muerto el perro, teniendo que ser necesaria esta actuación por parte del agente al no tener refugio ni lugar donde protegerse del ataque del animal”. Recordemos también que el parte médico decía que el agente era diestro. La bala debió de penetrar por la zona temporal derecha de Sota, según descripción de los propios agentes, y eso situaría a Sota en una posición lateralizada con respecto a la del agente que le disparó porque, si el animal iba directamente a agredir y se sintió tan en peligro como expresan en la diligencia, el policía debería haberle disparado de frente y a ser posible en una zona no vital si es que aún la agresión no se había realizado, tal y como se puede ver en el parte médico. Otra versión apunta que el policía inmovilizó a la perra colocando su bota en su cuello, aplastando la cabeza del animal contra el suelo antes de realizar el disparo, lo que pondría en duda lo peligroso del ataque de Sota, en caso de que éste se produjera.

EN CONCLUSIÓN:

A falta de más datos e imágenes de la escena, presuntamente Sota no agredió con violencia al agente, a pesar de estar viviendo ésta una situación tensa que le hizo padecer un estrés agudo. En caso de ser cierta la agresión por mordedura, nunca fue tan violenta como para provocar lesiones graves. Es muy probable que Sota mostrara previamente señales de calma y exhibiera un display de estrés que los agentes de la Guardia Urbana de Barcelona no supieron interpretar para no provocar una conducta agresiva en ella.

María Teresa Alonso de Pedro

Veterinaria Col. No 1161 de Sevilla

Socia de AVATMA

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