Gatos. CES-R. Respuesta de AVATMA a la Asociación para la Conservación de la Biodiversidad Canaria (ACBC) sobre sus propuestas para una gestión “coherente” de los gatos (Felis catus)

  1. La Polémica
  2. El contexto en el que se emite el informe de la ACBC
  3. La mala interpretación que hace la ACBC del método de Captura-Esterilización y Suelta (Reintroducción): CES-R
  4. La eficacia del método CES-R
  5. Los “tipos” de gatos y las colonias felinas
  6. El comportamiento depredador del gato
    1. La depredación de los gatos sobre las aves
    1. ¿Qué comen mayoritariamente los gatos cazadores?
    1. ¿La depredación de los gatos sobre especies invasoras?
    1. ¿Cuánto tiempo pasan los gatos cazando?
    1. La depredación de los gatos que viven en las islas
    1. ¿Son los gatos la mayor amenaza para la supervivencia del lagarto canario?
    1. Comportamiento depredador de los gatos de colonias felinas controladas
    1. ¿Influye el lobby de la caza sobre la visión negativa que se tiene de los gatos
  7. Los gatos y las “amenazas” para la flora autóctona
  8. Los gatos y las “amenazas” para la salud pública
    1. El papel real de los gatos en la transmisión de la Toxoplasmosis
    1. El papel de los gatos en la transmisión de otras zoonosis
  9. La “ilegalidad” de las colonias felinas
  10. Conclusiones
  11. Lecturas adicionales

Recientemente, una asociación, cuyas siglas son ACBC (Asociación para la Conservación de la Biodiversidad Canaria), ha publicado en su web y subido a las redes sociales un documento titulado “Impactos ambientales y riesgos para la salud pública de los gatos (Felis catus) en Canarias: Propuestas para una gestión coherente”. El documento puede interpretarse como una revisión científica rigurosa, dado el gran número de referencias que aporta y la estructura formal empleada. Sin embargo, una lectura crítica, revela graves defectos en este trabajo: un argumento central equivocado, presentando una visión distorsionada de los gatos y del método CES-R. El propio título es una declaración de intenciones, ya que, si se hacen propuestas para una gestión coherente, se entiende que lo que se hace, el método CES-R, es incoherente para sus autores. Lo comentado anteriormente se hace aún más evidente, una vez leído su contenido. El documento está supuestamente basado en la literatura científica disponible, aunque se cometen abundantes errores de interpretación de la bibliografía, que no parecen casuales. Se utilizan, además, sólo aquellas referencias que apoyan el argumento central, mientras que se obvian otras que son clave y que van en contra de la teoría que plantean. No es infrecuente leer en algunos estudios que defienden los postulados conservacionistas sobre el tema que nos ocupa: `Esperamos experimentos definitivos que nos dirán si la depredación de los animales domésticos reduce los problemas de la fauna silvestre´, es decir, hablan de un riesgo científicamente plausible, pero no comprobado. Lynnet y col decían: `es importante entender que la precaución no es una razón para actuar frente a la incertidumbre científica´. `El principio de precaución no es una manera de eludir cuestiones complejas de la ciencia o la ética, y en cambio, es una herramienta poderosa para pensar y sopesar cómo se debe responder a la problemática de los gatos en diferentes circunstancias ecológicas y sociales, a la luz de las complejidades éticas y científicas de la cuestión´.

En su informe, la asociación conservacionista hace generalizaciones de trazo grueso sobre todos los gatos y sus peligros, incluyendo a los felinos de colonias controladas dentro de las graves amenazas para la biodiversidad (fauna y flora) y para la salud pública. Acaban pidiendo su erradicación o su confinamiento, amparándose en una supuesta legalidad, que, según ellos, se incumple sistemáticamente por parte de los responsables políticos y una buena parte de la ciudadanía. 

Desde AVATMA hemos considerado necesario elaborar una respuesta basada también en el conocimiento científico, pero recogiendo algunos estudios y citas que la ACBC ha obviado incluir. En este informe proporcionamos argumentos de fondo que refutan las afirmaciones erróneas más evidentes que contiene el documento mencionado, incluyendo la serie de recomendaciones de gestión “coherente”, muy poco realistas, que se dan en él. Queremos dejar claro que, aunque nuestro trabajo nace como contestación al documento generado por la ACBC, no lo limitamos a la problemática de las Islas Canarias, que reconocemos tiene sus particularidades, sino que puede hacerse extensivo al debate que existe en numerosos municipios de la Península y el Archipiélago Balear, sobre la problemática que generan los gatos de vida libre en medios urbanos, periurbanos y silvestres.

1. La polémica

Con esta revisión queremos aportar nuestro conocimiento científico con respecto a esta compleja cuestión y sobre las formas de abordarla. Los profesionales veterinarios somos parte esencial en la gestión de los gatos de vida libre y en su bienestar, que pasa de forma inexcusable, por el control de su salud. Somos conscientes que la sobrepoblación de gatos es un problema que debemos resolver entre todos los sectores implicados. Esperamos que este trabajo sirva para despejar las muchas dudas que surgen cuando se aborda esta cuestión, y para matizar en unos casos y eliminar en otros, los tópicos, las generalizaciones, y la excesiva carga de información tergiversada y tendenciosa que es alimentada desde determinadas tribunas, guiadas por determinados intereses, ya sean éstos, legítimos o espurios. Queremos aclarar que nuestras aportaciones nacen para ser difundidas por los mismos canales que el informe de la ACBC, es decir, a través de nuestra página web y de las redes sociales. Por esto hemos elegido un formato más propio de los documentos de internet, con numerosos hipervínculos, en los casos en que ha sido posible, a las fuentes originales de las afirmaciones que en él se hacen. 

Desde que el trabajo de la ACBC se difundió, se ha generado mucha polémica y contestaciones, a veces airadas, principalmente desde sectores animalistas, porque en él se pide la erradicación de las colonias felinas, y que éstas sean prohibidas. El efecto se ha amplificado, porque desde su publicación, otras entidades conservacionistas (GOHNICGREFAFundación Telesforo Bravo y la Sociedad Herpetológica Timon), han hecho suyos los postulados del documento. Como decimos, uno de los principales puntos de polémica es que se cargan las tintas contra el CES-R. Se propone que las colonias sean eliminadas de su hábitat, que las normativas municipales prohíban el mantenimiento de éstas, y que los gatos que conforman las ya existentes sean trasladados “a recintos cerrados, que garanticen que los animales no pueden acceder a la vía pública o al medio natural, siempre y cuando sean viables desde un punto de vista sanitario y estén autorizadas por las autoridades de sanidad pública competentes en esta materia.”. 

A pesar de que el informe de la ACBC no promueve explícitamente el uso de métodos letales de control de gatos, sí que los menciona, y al hilo de esto, estos días se ha aplaudido en algunos foros conservacionistas la estrategia australiana de cómo hacer desaparecer las poblaciones de gatos. Se alaban métodos tan poco éticos como estéticos, consistentes en lanzar, desde un avión o a mano, salchichas con un veneno llamado 1080, cuyo principio activo es monofluoruro de sodio (que ha sido incluso registrado con la marca “Eradicat”). Este tóxico se obtiene de extractos de plantas del género Gastrolobium spp. y es altamente letal para los animales, como los gatos, cuyas trayectorias evolutivas no requerían que desarrollaran tolerancia (los cebos también serían letales para otras especies no nativas, como los zorros e incluso los perros). Las salchichas con el veneno están fabricadas con carne de canguro, grasa de pollo, hierbas y especias, y su diseño y composición ha sido ideado por el investigador David Algar, apodado “Doctor Muerte”, que ha centrado parte de su trayectoria científica en idear los métodos y estrategias más eficaces para matar gatos. Otro proyecto en marcha, avalado por diversos biólogos, es el uso de trampas con el denominado Felixer®, un veneno cuyo compuesto químico es el fluoroacetato de sodio, que una vez impregnado en la piel de los gatos e ingerido por el acicalamiento, provocaría su muerte. El Felixer es un recipiente del tamaño de una caja de embalaje que está equipada con una cámara de infrarrojos, cuatro sensores láser y 20 botes de veneno. Sólo cuando los láseres registran la presencia de un gato les dispara un gel venenoso. La explicación de por qué en Australia hay tanto empeño en acabar con los gatos de vida libre la tenéis aquí, y es de recomendable lectura. Insistimos en que éstas no son propuestas de la ACBC, pero sí que han tenido repercusión en las redes sociales tras la publicación de su documento, alimentando un debate intenso sobre la ética de las medidas de control. Como decimos, la respuesta de las decenas de sociedades protectoras de los animales que trabajan con las colonias felinas, no se hizo esperar, creándose un desafortunado clima de confrontación social. De hecho, la polémica ha sido recogida en varios medios de comunicación, que han hilado diversas noticias sobre este tema y que, si bien ha surgido en el Archipiélago Canario, ha traspasado su ámbito geográfico de forma que el debate se ha hecho extensivo en todo el país. 

Para complicar aún más la situación, y contribuir a crispar más los ánimos, inmediatamente después de la aparición del informe, varios políticos tomaron decisiones en contra de las colonias felinas. Uno de ellos, el Primer Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y Concejal de Bienestar Animal, Guillermo Díaz Guerra, había declarado el 8 de septiembre: “si tengo que hacerme cargo de las colonias de gatos, lo que hago es sacrificarlos, son una plaga que hay que eliminar”. La contestación por parte de la opinión pública fue tal, que un mes después se producía su dimisión. El concejal reconoció que sus manifestaciones habían sido “nefastas” y manifestó que había recibido numerosas amenazas por parte de grupos animalistas, hecho que desde AVATMA, censuramos. Afortunadamente, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife rectificó inmediatamente y autorizó la castración y control de 29 colonias felinas (498 gatos). Otra reacción política al informe se produjo el pasado mes de noviembre, en el que la prensa informaba de la desaparición de una colonia felina controlada en Maspalomas (Gran Canaria) y de otra en Tacoronte (Tenerife). Esta última se sabe que fue instada por el ayuntamiento de esta localidad, por el “riesgo que ésta suponía para la biodiversidad”, curiosamente, tras conocerse el informe que comentamos. Pese a los testimonios de las personas que se ocupan de la atención de estos gatos, el Cabildo de Tenerife “negó” las acusaciones y amenazó con emprender acciones legales contra aquellos que alimentan ese “bulo”, el del exterminio de estos gatos. No obstante, sí reconocieron que algunos ejemplares, los que pudieron capturar, han sido trasladados a un centro de recuperación de fauna donde les espera una “buena” vida. Como indicamos, estas decisiones, tomadas de forma impulsiva, no han servido sino para incrementar el debate entre ambientalistas, biólogos, veterinarios, defensores del bienestar animal y animalistas, que ha ido creciendo y aumentando de tono, llevando a una tensión social creciente, sin duda potenciado por el efecto amplificador de las redes sociales.

Adicionalmente, el informe de la ACBC ahonda en un aspecto que ha estado parcialmente fuera del foco de la polémica, pero que a los veterinarios nos ha llamado extraordinariamente la atención, ya que somos profesionales acostumbrados a trabajar con colectividades animales, con zoonosis y con otros muchos aspectos que tienen que ver con la salud. Se trata de la interpretación que se hace, creemos que, sin la formación adecuada para ello, de las “amenazas” para la salud pública de los gatos en general y de las colonias felinas en particular. Se abordan, sin ningún rubor, los supuestos peligros que suponen la rabia, la bartonelosis (enfermedad del arañazo del gato), las dermatofitosis (micosis), la criptosporidiosis, la dipilidiasis, la giardiasis, la ascariasis y la enfermedad más peligrosa según ellos, la toxoplasmosis, de la que hacen una amplia descripción llena de inexactitudes que luego analizaremos. Más adelante, en nuestro informe, explicaremos la incidencia que tienen estas patologías en los gatos, otros animales y en el hombre, cómo se contagian, y sobre todo la prevalencia real que tienen en España y el resto de los países de nuestro contexto socioeconómico. Adelantamos que los datos en absoluto avalan el que se dispare ningún tipo de alarma.

2. El contexto en el que se emite el informe de la ACBC

Según un censo del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, en España hay un total de 2.490.312 gatos (3.975.000, según la UE). El número engloba a los gatos que viven en hogares y a los “callejeros”. En España habría un 11% de hogares con gatos, con un promedio de 2,3 de estos felinos por vivienda. 

Nosotros creemos que el número total de estos animales es difícilmente calculable, y que, por tanto, hablamos de cifras aproximadas, ya que la gran mayoría de ellos no están identificados. Según los últimos datos de la Fundación Affinity, la cifra de gatos “abandonados”, que son recogidos por protectoras, ascendería a 123.403 durante el año 2019, de los que sólo el 4% llevaba microchip. Los veterinarios sabemos que esta cifra, en realidad, es mucho mayor, por dos cuestiones: porque no todos los gatos “abandonados” llegan a este tipo de centros y porque no todos los responsables de las protectoras responden a los cuestionarios de la Fundación (se obtuvieron datos de un 27% de ellos). Un matiz que creemos debe ser tenido en consideración, es que no todos los animales que son recogidos y que llegan a los centros de protección animal, han sido abandonados, existiendo un determinado porcentaje que se extravió, se escapó o se encontraba en la vía pública por otras causas. Un 12% de estos gatos son reubicados en colonias felinas controladas, de las que existen censadas en España 3.433 y en las que viven 28.681 gatos, según los datos que nos ofrece la citada fundación. 

Nombramos de forma específica las colonias porque, como decíamos, se han situado en el centro de la polémica suscitada, ya que en el informe de la ACBC se pretende extender la problemática de los gatos de vida libre sin control, a las colonias felinas controladas mediante el método CES o CER o CES-R (acrónimos de Captura-Esterilización-Suelta o Captura-Esterilización-Reintroducción, o en inglés TNR, de Trap-Neuter-Return), independientemente de donde estén ubicadas. En nuestra opinión, negar, desde las tribunas conservacionistas, que el CES-R, correctamente aplicado, es el mejor método de control de las poblaciones de gatos de vida libre y que, por tanto, limita enormemente la reproducción y la depredación de estos felinos y su impacto sobre el medio ambiente y la biodiversidad, es absurdo o, incluso, una irresponsabilidad.

Por ejemplo, en su afán de presentar al gato como una especie invasora, los autores hacen hincapié en el hecho de que fue “introducida” por los europeos después de la Conquista, y en la presión que ejercen sobre las especies autóctonas de vida silvestre, que no pueden defenderse ante esta “nueva” amenaza. En primer lugar, este dato parece ser incorrecto. Se han encontrado restos óseos de gatos en doce cuevas en las que habitaban los pobladores aborígenes, lo que haría remontarse la presencia de estos felinos, en las Islas Canarias, a la época prehispánica. Los aborígenes llegaron a Canarias hace aproximadamente 2500 años y seguramente, también, los gatos que viajaban con ellos. Es más que coherente que esto sea así, ya que los arqueólogos responsables del estudio indicaron, sobre los restos óseos encontrados, que se trata de “un presunto tipo robusto similar al gato del desierto o gato de las arenas, que resultaría ser el más pequeño del género Felis, junto con el gato patinegro”. 

Restos óseos de un gato en un asentamiento canario prehispánico 

Lo que no sabemos es qué dirán los autores del informe si las pruebas de carbono-14 confirman que estos gatos llegaron de esta manera a las islas ¿Los tendrán en otra consideración? ¿Les retirarán la condición de especie invasora? Más aún, independientemente de que los gatos estuviesen allí antes de la conquista o no, para estos autores el que un animal lleve cinco siglos en un territorio no evita que sea considerado una especie “introducida” y una de las peores especies exóticas invasoras que hay que eliminar. Según ellos, los gatos son responsables de la desaparición de al menos 33 especies de vertebrados insulares en el último siglo y ponen en peligro otras 38 en este archipiélago. Sería interesante saber cuánto debemos remontarnos en el tiempo para dejar de considerar que es una especie es “introducida”. Lo apuntamos porque esa condición es una de las armas dialécticas que utilizan para defender los postulados favorables a la eliminación de los gatos de vida libre. No se nombra el hecho de que los gatos domésticos han cumplido y cumplen funciones importantes en todas las partes del mundo: se mantienen como animales de compañía y se utilizan, por ejemplo, para controlar o regular la sobrepoblación de determinados animales en entornos agrícolas. Por eso fueron llevados a muchas partes del planeta, donde habitan desde hace centenares o miles de años, por lo que la amenaza para la fauna, que no negamos, no es nada nuevo. Tampoco entendemos la urgencia en remediar, como sea, una situación que lleva produciéndose como mínimo cinco siglos. Precisamente ahora es menos pertinente que nunca, dado que es el momento en el que se está empezando a ordenar el tema de las colonias felinas y sus cuidadores. Su regulación ha surgido en todos los países desarrollados como la mejor forma de paliar el problema, como argumentamos a lo largo de este documento y es justo ahora cuando desde la ACBC se insta a su prohibición. Sin embargo, lo que sí data de fechas mucho más recientes, que sí que pueden considerarse como peligros novedosos y que por consiguiente se tienen que paliar de forma más o menos inmediata, son las numerosísimas amenazas para la biodiversidad de origen antropogénico. Sobre ellas el informe no menciona nada, para centrar el foco únicamente en la amenaza “gato”. 

Gato patinegro

Con respecto a los otros peligros, a modo de ejemplo, invitamos a la lectura de un par de noticias que creemos puede ayudar comprender la dimensión de unos y otros tipos de problemas para la biodiversidad. Ésta, en concreto, se refiere a la colisión y muerte de decenas de miles de aves cada año contra los cristales de edificaciones, que se paliaría prácticamente al 100%, con la simple colocación de vinilos. Estas situaciones no fueron bien estudiadas, entre otras causas, porque hay gatos que capturan esas aves muertas o heridas por el choque contra estas infraestructuras y que no eran computadas. Las amenazas de origen antropogénico son constantes. Por ejemplo, aunque se cargan las tintas contra la depredación de pardelas por gatos, no hemos leído nada en el informe sobre el juicio que se ha celebrado recientemente contra 19 personas por cocinar pardelas en Alegranza (donde no hay gatos) el 8 de febrero de 2015. Estos “pardeleros”, que así se les llama en Canarias, acostumbran a “depredar” sobre los nidos de esta ave marina para hacer comidas festivas, costumbre que parece ser muy habitual en el archipiélago. Tampoco se nombra el enorme problema que supone para determinadas aves urbanas, la realización de determinadas actividades humanas recreativas en lo referente a su nidificación y reproducción. Recuperamos una noticia relacionada con este tema y una agente del SEPRONA que denunció estas prácticas. No queremos hacer demagogia. Simplemente, ponemos de manifiesto el hecho de que no entendemos la urgencia de actuar contra los gatos, ni la necesidad de incidir excesivamente en ellos, cuando existen muchas otras amenazas, cuantitativamente mucho más importantes, y que es necesario solucionar con urgencia. Quizás es que se estime que es más difícil ir contra esos otros problemas, y se focalice contra el más débil, aún a costa de aumentar la crispación social. Insistimos en la inoportunidad del momento, cuando es en estos tiempos cuando más trabajo se está realizando para reducir el número de gatos en las calles, intentando su saneamiento y que puedan ser adoptados, o en el peor de los casos, mantenidos en colonias controladas sanitariamente, las cuales, por más que les resulte difícil de creer a algunos conservacionistas, suponen una manera de paliar los efectos adversos de los gatos sobre la biodiversidad, como veremos en profundidad más adelante. 

“Pardeleros” canarios, asando pardelas, que como se puede ver, no es una novedadJuicio en el que fueron condenados.

El consejero de Medio Ambiente también se dedicaba a desplumar pardelas en 1993. 

3.- La mala interpretación que hace la ACBC del método de captura, esterilización y suelta/reintroducción (CES-R)

Los biólogos autores del informe apuntan que los gatos “cimarrones” son los más peligrosos para la fauna y que los gatos “domésticos de colonias” lo son para nuestra especie. Según ellos, los CER o los CES (denominados en la actualidad CES-R) no son capaces de reducir las poblaciones por diversas razones. Apuntan que los gatos que viven en ellas pueden salir y los que están fuera pueden entrar: “Cuando hay un punto de alimentación, los gatos tienden a concentrarse”, indican. Y añaden: “el éxito de este tipo de colonias solo se asegura castrando el ¡98%! de la población y evitando o minimizando la entrada de nuevos gatos” (declaraciones recogidas en un medio de prensa y realizadas por uno de los firmantes del estudio). Los autores llegan a negar, incluso, que este tipo de colonias eviten la presencia de ratas, además de afirmar que el bienestar de los gatos en ellas no existe al tener una peor condición de salud y estar expuestos a numerosos accidentes que acaban con su vida.

Una de las gatas de esta colonia fue atacada por un perro con el resultado de fractura de fémur. Sí, el bienestar de los gatos, en estas colonias, es posible, aunque ocurren accidentes como éste, que también se dan en un entorno casero. 

Para documentar esta afirmación, el informe menciona un trabajo realizado en el año 2002 sobre una colonia felina ubicada en un campus universitario de Estados Unidos, en la que se produjo una disminución del 85% del número de ejemplares en un periodo de 11 años. Pero esto, según la ACBC, no es un éxito, ya que, si el informe es correctamente interpretado (cosa que por lo visto los autores no supieron hacer), el número de gatos no descendió por efecto del CES-R, sino por otras circunstancias. Los datos que proporciona este análisis de población indican que, de los 155 gatos iniciales de la colonia, 73 gatos (43%) fueron adoptados, y de los restantes 82, 17 fueron sacrificados por diversas razones, 10 fueron encontrados muertos (6 atropellados por coches y 4 por causas desconocidas), 9 abandonaron el lugar y otros 23 desaparecieron, por lo que se desconoce su destino. Sin embargo, la ACBC lo tilda de fracaso. Éste es un claro ejemplo de cómo se ha interpretado la bibliografía citada (de forma sesgada o interesada). A nosotros nos parece un éxito de este CER que el 43% de los gatos fueran adoptados. Precisamente ése es uno de sus fines, porque permite cierto grado de socialización entre los gatos y el ser humano. Además, con respecto a los 23 que desaparecieron, podría ser que algunos ciudadanos decidieron “adoptarlos” sin seguir el protocolo establecido, con lo que ese porcentaje aumentaría al 62%. Y todo ello previniendo que la población aumente con nuevos nacimientos o llegada de otros gatos. En realidad, la tasa de mortalidad (muertes y eutanasias) que reflejó un estudio realizado en una colonia felina controlada ubicada en un campus universitario de Nueva Gales del Sur, fue del 8,1%, que es semejante a la mortalidad reportada en gatos domésticos que viven en domicilios en el tiempo analizado. 

Otro ejemplo, que nosotros identificamos como una manipulación de la información científica, para argumentar en contra del método CES-R, es el que citan en relación con la capital de Italia, Roma. En esta ciudad, tras el seguimiento de 103 colonias, según ellos, se vio que el número de animales aumentaba en un 21% en 10 años. Han olvidado mencionar que el programa CES-R ha reducido y reduce la población de gatos en esa ciudad. De hecho, el estudio citado, indica que se ha registrado una disminución progresiva del tercer al sexto año, del 16%, 29%, 28%, y 32%. La disminución global de la población es de un 21%; la disminución de la población de gatos esterilizados es de un 31%; la inmigración neta del 16%, y sí, efectivamente, la inmigración bruta fue del 21%. Este último es el dato con el que se han quedado, tergiversando el resto de la información que contiene, para apoyar la tesis central de su trabajo. Hay que destacar que la reducción del tamaño de las colonias, en principio, no se nota hasta el tercer año del comienzo del programa, y las reducciones significativas o incluso la desaparición de las colonias llevan un promedio de 10 años y que, efectivamente, es necesario implementar otro tipo de medidas. Normalmente, los potenciales gatos inmigrantes que puedan entrar en una colonia, los “recién llegados”, que podrían aumentar el número de animales temporalmente, ya estarían presentes en esa área, habrían nacido de hembras aún sin castrar o serían fruto de abandonos que se produjeron cerca de la colonia como se afirma en este estudio

Un nuevo gato se ha unido a la colonia. Sólo se acerca, de momento, a comer por la noche. Está castrado porque se puede ver la marca en una de sus orejas y si no lo estuviera no sería demasiado complicado capturarle, castrarle y reintroducirle. Las gatas le han aceptado.

Somos conscientes de que los programas de castración y saneamiento de las colonias no son suficientes, y que deben ser implementados con campañas de educación directa a los ciudadanos que reduzcan el abandono de los animales, promoviendo un especial control en la reproducción de los gatos domésticos y la adopción. No obstante, a nivel internacional, se reconoce que el CES-R es el complemento perfecto, o más bien una parte esencial, de este tipo de iniciativas. 

Hay quién considera que los espacios en los que se asientan las colonias de gatos controladas son un “basurero felino” que fomenta el abandono y no vamos a negar que haya casos en los que esto sucede, pero también entendemos que el que está dispuesto a soltar a su gato, lo hará en cualquier otro lugar. Ante este problema de falta de civismo, siempre será preferible que se haga en una de estas colonias, en las que el gato podrá ser capturado, alimentado, castrado y tratado adecuadamente o de la mejor manera posible por parte de sus gestores y que, además, tratándose de animales que suelen estar socializados, tendrán más probabilidades de encontrar un hogar. La reducción de accidentes que pueden poner en riesgo la vida de las personas será más que evidente. No es lo mismo un gato deambulando por las calles o por las carreteras, que uno ubicado en un espacio determinado, con cierta limitación en sus desplazamientos. 

Ésta no es la gestión de una colonia felina. De hecho no creemos que sea adecuado denominarlas así. Las zonas en las que se acumula basura son un punto de atracción para los gatos que no son alimentados.

Gato enfermo abandonado en una colonia felina

No hemos visto que se nombre en el informe un trabajo de investigación realizado en Tasmania, en el que se demostró que la abundancia y actividad de los gatos, paradójicamente, se incrementó en los lugares en los que eran sacrificados, a pesar de que el número de capturados por unidad de esfuerzo, durante el periodo de sacrificio, disminuyó. Los aumentos en el número mínimo de gatos que se registraron oscilaron entre el 75% y el 211% durante el periodo mencionado, en comparación con las estimaciones previas y posteriores al sacrificio. Probablemente, este hecho se produjo por la afluencia de nuevos individuos después de que se eliminaron los residentes dominantes. Es decir, que se puso de manifiesto el ampliamente documentado “efecto vacío” o lo que es lo mismo, la ocupación de un espacio en el que los gatos fueron eliminados, por otros que aprovecharán los mismos recursos que atrajeron a los primeros. Los detractores del CES-R apuntan que, al sacar gatos de las colonias para su adopción, se crea el mismo efecto vacío del que se les acusa cuando eliminan poblaciones enteras, pero lo cierto es que la mayoría de las adopciones de gatos de colonias ocurren al principio de la puesta en marcha de los programas e involucran a gatitos, y las extracciones posteriores suelen limitarse a gatos inmigrantes socializados. Tampoco es cierto que el CES-R aumente el número de colonias, porque los capturados y luego castrados, salvo raras excepciones, retornan al lugar en que estaban. 

Para estos biólogos es imprescindible clasificar a los gatos en diversas categorías, “cimarrones” o “asilvestrados”, “domésticos”, “vagabundos” y de “colonias”, evitando que aquellos que tienen responsable (propietario, dueño) salgan de sus casas. Para los “cimarrones” y “vagabundos” proponen su captura y su internamiento hasta que sean adoptados, pero lo cierto es que se han hecho propuestas peores, si es que es posible, como es el internamiento de las colonias felinas en “campos de concentración” que ellos llaman “santuarios”, de manera que sean confinados allí, sin posibilidad de salir (jaulas a lo grande), eso sí, con gateras para su “bienestar”. Esperemos que, en este tipo de instalaciones, se tengan en cuenta la cantidad de gatos que vivirán en ellas (¿decenas?, ¿centenares?, ¿miles?) y el espacio del que dispondrá cada uno de sus moradores. También imaginamos que habrán hecho una estimación del coste económico que supondrá construir todo este tipo de infraestructuras, y que habrán valorado que tal inversión es inferior a la que tendría el apoyar las campañas de control poblacional con el método CES-R. Obviamente, estas instalaciones que proponen, tendrán la dimensión suficiente como para que se evite el hacinamiento, y así se prevenga la presencia de parásitos y de enfermedades, precisamente las mismas que se nombran en su informe como grave amenaza para el ser humano. Con este tono irónico lo que pretendemos es hacer ver la falta de reflexión sobre la viabilidad de las propuestas que hacen, dejando al margen, por supuesto, las implicaciones éticas.

Pero centrándonos, ahora sí, en las consideraciones anteriormente mencionadas, que aluden a la moral, queremos destacar una frase lapidaria donde las haya: “Los gatos asilvestrados deberían volver a un entorno doméstico, en cautividad, que garantizará su bienestar y el de la fauna nativa” pronunciada desde la conocida SEO/BirdLife. Esta aseveración nos sugiere una pregunta: ¿deberían volver a un entorno doméstico? La mayoría de los gatos de la calle, nunca han estado en un entorno doméstico familiar, nacieron libres, así que, difícilmente podrán retornar. ¿Quién decide lo que es el bienestar para un gato de vida libre? ¿Lo es la cautividad en una jaula o un hogar en el que no quiere vivir? Si existe alguna forma de que muchos o algunos de estos felinos, sean adoptados y puedan tener una vida con bienestar en un hogar, es facilitar su socialización a través del contacto diario con el ser humano (CES-R) en su medio natural (que no es la jaula de una protectora o de un albergue o de un vallado). Aun cuando muchos de ellos tolerarán el ser acariciados, alimentados e incluso tratados médicamente (en los casos en que se haga necesario), otros no se dejarán introducir en una vivienda o, en cualquier caso, huirán en cuanto tengan la mínima oportunidad. Algunos, por decisión propia, entran en casas en las que saben que son bienvenidos, pero sólo por un tiempo determinado, y luego vuelven al espacio en el que se encuentran realmente seguros, es decir, en el que nacieron y se desarrollaron. Para que un gato de vida libre se quede de forma definitiva en un hogar, necesita estar socializado, y esto es algo que se consigue frecuentemente con los programas CES-R, gracias al inmenso y altruista trabajo de los gestores de estas colonias, que tanto se critica (injustamente) desde los foros conservacionistas.

Desde luego, este concepto de “bienestar animal” aplicado a los gatos no socializados, que se propone desde la ACBC y otras asociaciones conservacionistas, no es el que manejamos los veterinarios en general, aunque habrá excepciones. El traslado de colonias de un lugar a otro afecta a su bienestar y a su vida, y más aún el confinamiento y el hacinamiento. Además, el “efecto vacío” (ocupación de esos espacios por otros gatos), será inevitable. La pescadilla que se muerde la cola. Por eso el término CES ha sido acertadamente sustituido por CER: en vez de hablar de “Suelta” (S) es más adecuado hablar de “Reintroducción” (R), y si se quiere, de Suelta-Reintroducción.

4.- La eficacia del método CES-R

En los países (todos los de nuestro entorno socioeconómico) en los que el CES-R se ha consolidado como el mejor sistema de control de estas poblaciones, se está avanzando en conseguir un equilibrio entre la existencia de estos animales domésticos de vida libre y de los animales salvajes que, en algunas ocasiones y en lugares muy determinados, pueden ver amenazada su vida e incluso su subsistencia como especie, y esto debe ser reconocido, sin ningún tipo de reparo, por el movimiento animalista. En España, el CES-R se está imponiendo en numerosos municipios, así que, tenemos la oportunidad de realizar análisis rigurosos sobre la temática que abordamos. Aquí, unos y otros, especulan desde el desconocimiento en lo que respecta a este tema, con importantes lagunas en sus discursos. Por eso mismo es conveniente evitar hacer afirmaciones exageradas y fuera de lugar y contexto e instar a tomar medidas drásticas de forma inmediata. Ni el problema es nuevo, ni es tan grave como se nos quiere hacer ver. Se hace necesario, eso sí, poner en marcha estudios sobre los cambios a largo plazo en estas poblaciones y el efecto real de las mismas en la fauna salvaje. Un trabajo específico que deberían desarrollar todos los colectivos implicados y que puede llevarse a cabo de forma conjunta por conservacionistas y animalistas, y que debería estar asesorado y supervisado por veterinarios que trabajan en el campo del bienestar animal. Todos estos colectivos están irremediablemente llamados a entenderse por el bien de todos los animales.

En la actualidad se han creado en Estados Unidos modelos matemáticos (simulaciones de ordenador) para estudiar este tipo de poblaciones felinas y su dinámica en el tiempo, que serán sumamente útiles a la hora de tomar decisiones y de desarrollar el CES-R adecuadamente. Estos modelos recogen las diferentes acciones que se pueden poner en marcha, pero teniendo en cuenta parámetros tan importantes como el entorno en el que viven los gatos: urbano grande, urbano pequeño y rural. Se considera un factor de máxima importancia el abandono de basura, a la hora de estudiar la conectividad geográfica y la dispersión hacia el vecindario circundante de estos animales. Estos modelos también contemplan la posibilidad de utilizar la castración química temporal con repetición de tratamientos como sustituto de la castración quirúrgica.

Uno de estos proyectos recibe el nombre de DC Cat Count y se desarrolla en Washington DC, estando previsto que finalice en el año 2021. Este ambicioso estudio nos ofrecerá datos sumamente interesantes que permitirán desarrollar iniciativas realmente útiles (herramientas y protocolos logísticamente factibles y científicamente sólidos) que ayuden a acabar con este problema mediante su aplicación por parte de organizaciones de protección, de bienestar animal y municipios. El proyecto DC Cat Count reconoce que, aunque los gatos al aire libre son el foco de controversias actuales, estas poblaciones, en cualquier área, son en realidad una red interconectada y dinámica, compuesta por gatos sin dueño que viven al aire libre, en refugios, y aquellos que a menudo entran o salen de otros segmentos de población. Por lo tanto, el proyecto se compone de distintas variables, pero complementarias, diseñadas para caracterizar este tipo de poblaciones y ver cómo interactúan entre sí.

Este tipo de modelos de ordenador, como el que maneja el proyecto DC Cat Count, se utilizan para conocer las dinámicas de estos grupos de gatos en el tiempo. Así, los modelos matemáticos contemplan diversos escenarios ante una teórica colonia felina:

  • No realizar ninguna acción.
  • Eliminación de baja intensidad.
  • Eliminación de alta intensidad.
  • Eliminación episódica de baja intensidad.
  • Eliminación episódica de alta intensidad.
  • CES-R de baja intensidad.
  • CES-R de alta intensidad

De esta forma y a modo de ejemplo, según estos modelos, para una población de 50 gatos durante 10 años, en un escenario de no acción, supondría la aparición de 5.000 gatos. Sin embargo, en un escenario CES-R de alta intensidad supondría que, con 50 gatos, en 10 años, habría 32. Es decir, no sólo no se incrementa en un factor de 100 x, como en el primer escenario, sino que la población se reduce en alrededor de un 40%. Resulta por tanto evidente que este tipo de acciones reduce la depredación de forma considerable. Más aún, el CES-R estabiliza poblaciones, reduce el número de gatos en refugios, mitiga comportamientos molestos, y mejora la vida de estos  animales. Además, reduce el número de sacrificios, de eutanasias y de ingesta por parte de estos felinos en protectoras, albergues y perreras.

Otras asociaciones que están involucradas en proyectos similares al anteriormente mencionado son: The Humane Society of the United States (HSUS); The Humane Rescue Alliance Washington, DC.; Conservation Breeding Specialist GroupOregon Feral Cat Coalition; Great Basin Bird Observatory NevadaSmithsonian Conservation Biology Institute; Humane Rescue Alliance; PetSmart CharitiesNature Canada y Winn Feline Foundation.

Todas estas organizaciones ya se han dado cuenta y promueven activamente lo que nosotros defendemos en este documento. Se trataría, en definitiva, de beneficiar no sólo a los gatos y a los que trabajan con ellos (despectivamente denominados, desde los foros conservacionistas, como “peluchistas”), sino, por supuesto, también a la fauna silvestre. Con determinación, innovación y colaboración, se pueden implementar y mantener programas efectivos para resolver humanamente este conflicto. No existe una solución única para todos. Los esfuerzos que se limitan a eliminar a los gatos del paisaje están destinados a quedarse cortos, ya que no son prácticos desde el punto de vista económico, logístico y son éticamente inaceptables, además de inútiles. Lo único que logran estos métodos es crispar y provocar confrontación social.

Los veterinarios tenemos claro que castrar es una manera tremendamente efectiva de reducir la población reproductiva y más tratándose de gatos de vida libre o de gatos que entran y salen de sus hogares. Es cierto que en un CER-S, se necesitan tasas de animales esterilizados altas, de en torno al 70%-80%, y no del 98%, como afirma, de manera mal informada (no quisiéramos pensar que sea malintencionada), alguno de los firmantes del informe. Se necesita, además, que los programas se prolonguen en el tiempo. Se debe ser consciente de que mantener una tasa alta de castraciones es complicado, sobre todo, cuando las de abandono son inaceptables. Podríamos empezar por educar y endurecer las penas por esa circunstancia, en vez de echarle la culpa de todo a los gatos que, de hecho, siendo una parte del problema, no son la más importante a la hora de hablar del deterioro de la biodiversidad. Probablemente, parte del movimiento animalista no entienda la diferencia entre castrar a un gato y la castración de un colectivo para el control poblacional, y así, la mayoría de las veces, se acometen este tipo de campañas sin una planificación a largo plazo. Pero también debemos ser conscientes de las limitaciones económicas de esta acción de voluntariado que, en la mayoría de los casos, autofinancian su labor, lo que les impide hacer un trabajo más riguroso y efectivo. Para entender la diferencia hay que conocer cómo funcionan las poblaciones de estos animales. Mientras no se actúe sobre el colectivo, el CES-R no tendrá demasiado éxito a la hora de abordar el problema y ese éxito depende del compromiso de los responsables políticos de los diversos municipios, que de una vez por todas estén dispuestos a abordar este desafío, eso sí, huyendo de los análisis apocalípticos del mundo de la biología y del conservacionismo, y por qué no decirlo, los que se hacen desde algunos ámbitos de nuestra profesión, la de los veterinarios, y de algunos titulares de prensa.

Contrariamente a lo que se indica en el informe, el método CES-R produce menos daños y riesgos para los gatos; reduce la depredación; elimina o minimiza los problemas de salud pública, y también los derivados de las molestias que ocasionan. Un dato previsible es que la expectativa de vida de aquellos que deambulan libremente es más corta, salvo excepciones, aunque podamos intervenir en el control de su bienestar y de su salud. Por esto, argumentar que una única gata que vive 12 años, junto con su descendencia, darán lugar a la existencia de 3.200 gatos a lo largo de esos años de vida, es una manipulación clara de las cifras. La capacidad reproductiva de una gata y el número de camadas que pueda tener depende de un gran número de factores individuales y colectivos que los veterinarios conocemos sobradamente. El único problema y limitación para controlar las poblaciones felinas que dañan la biodiversidad es la falta de recursos económicos. A la vez, es el problema más fácil de resolver. Es decir, a los responsables políticos les basta con aprobar las dotaciones presupuestarias suficientes para acometer las castraciones masivas. No se puede aducir la falta de recursos económicos, ya que no es mucho más dinero que el que se destina a retirarlos del medio por parte, en muchas ocasiones, de empresas cuya ética deja mucho que desear. Todo lo contrario, a la larga, resulta mucho más económico, porque los resultados son mejores, más duraderos en el tiempo, y mejor aceptados por el grueso de la población. Eso sí, es importante hacer notar que es imprescindible que las partidas económicas se dediquen exclusivamente a los animales de vida libre sin responsable. La utilización de este tipo de fondos, ya sean públicos o privados, en la castración de gatos con responsable (dueño, propietario), es una manera de generar irresponsabilidad en su tenencia. Los gastos derivados de la castración, identificación, y otros tratamientos veterinarios, deben ser asumidos por los encargados reales de estos animales. Y aquí podemos excluir, evidentemente, a las asociaciones y protectoras que realizan la labor de control de estas poblaciones, pero que, de ninguna manera, deberían dedicarse a la atención de animales de particulares, es decir, de aquellos que se aprovechan de fondos públicos o de donaciones, para no asumir una serie de obligaciones y de costes que deben ser exclusivamente suyos. Este tipo de acciones, generan, además, muchos conflictos con el sector de los clínicos de animales de compañía que, en muchos casos, colaboran en las campañas de castración de gatos de vida libre cuyo destino son las colonias felinas o la adopción. 

Post operatorio tras la castración

Desde AVATMA estamos de acuerdo con el informe conservacionista cuando proponen establecer un control y vigilancia sobre la alimentación de estos animales en espacios protegidos (no hablamos de no alimentarlos), y cuando sugieren la creación de una licencia para poder cuidar de ellos. Los alimentadores de colonias felinas deberán estar adecuadamente acreditados y formados por los ayuntamientos correspondientes como se ha hecho en el municipio de Teror en Gran Canaria. Nos gustaría que el término alimentadores fuera sustituido por el de “cuidadores responsables de colonias felinas”, ya que deberían tener algunas atribuciones más que repartir alimentos. Será imprescindible contar con veterinarios clínicos de animales de compañía que les asesoren y ayuden en ese tipo de gestión, que debe ser, en última instancia, competencia de los ayuntamientos. Se propone, además, el establecimiento de censos con identificación mediante microchip y esterilización (castración), que nos parece una medida coherente. “Se retirará el animal a todo aquel responsable (dueño, propietario) que se niegue a cumplir estas normas impidiéndole la tenencia de un animal por un periodo de tres años”. Este tipo de medidas han sido propuestas para el municipio de Teguise, cuyos responsables políticos están trabajando en una nueva redacción de su ordenanza municipal. Recordemos que en Teguise se produjo, durante el mes de agosto, un cruel acontecimiento de maltrato animal, que culminó con la muerte de un perro llamado “Timple”, del que sus responsables fueron exculpados por una sentencia judicial y que llevó a la firma del conocido como “Pacto de Teguise”. Con este pacto se pretende unificar al tejido social animalista y al conjunto de la sociedad civil y política contraria a los actos de maltrato, crueldad y violencia hacia seres vulnerables, y ha sido firmado por diversas entidades que trabajan por la protección y el bienestar de los animales, entre las que se encuentran instituciones tan relevantes como la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y que también firmó AVATMA. Entendemos que, en el ámbito de amparo de este documento, con tal número de apoyos, se incluye a los gatos.

5.- Los “tipos” de gatos y las colonias felinas

Según el informe de la ACBC, los gatos pueden ser clasificados en tres categorías: (i) cimarrones; (ii) vagabundos; y (iii) domésticos, y estos a su vez, con acceso o no al exterior de sus domicilios. Puestos a clasificar artificialmente, los autores del informe olvidan considerar al grupo más importante de todos en el tema que nos ocupa, por estar en el centro de la polémica: (iv) los gatos de colonia. No obstante, la realidad es más compleja que esta clasificación, que no deja de ser algo simplista. La distinción entre gato “salvaje”, “feral”, “asilvestrado”, “silvestre”, “doméstico”, “doméstico de compañía”, “comunitario” o “mascota”, conduce a numerosas confusiones. Obviamente no es lo mismo un gato montés que un gato doméstico, pero el resto de las clasificaciones son artificiales. Todos, tengan la vida que tengan, son domésticos, y la calificación “asilvestrados” o “ferales” puede permitir y de hecho permite que sean eliminados a tiros, con venenos, con trampas y con otros métodos, inaceptables, y que son propuestos desde algunas tribunas de opinión del mundo de la biología y del conservacionismo. Baste considerar medidas como la “liberación” de determinados virus felinos (leucemia e inmunodeficiencia) porque tienen un efecto devastador en sus poblaciones y funcionan a medio o largo plazo pudiendo afectar a un buen número de ejemplares, o los dispositivos envenenadores mencionados anteriormente. Incluso se ha propuesto, en caso de suelta y reintroducción, la oniquectomía (desungulación), prohibida por el Convenio Europeo sobre Protección de Animales de Compañía. Además, siendo honestos, debemos mencionar que con estas posturas también se alinean algunos veterinarios, como el autor de este trabajo, Paul L Barrows, que, al parecer, no sabe diferenciar entre sacrificio y eutanasia, y entre lo que es un trato ético o un trato inmoral, con respecto a estos animales: `la eutanasia es una herramienta legítima de nuestra profesión. Por definición es humano. Por el interés de los animales y el bienestar público, nuestra profesión y los ciudadanos, encuentran la eutanasia aceptable en muchas circunstancias´. `Los veterinarios y otros profesionales alineados con TNR que optan por participar en ellos, podrían tener una responsabilidad legal potencial, dados los problemas de depredación y de transmisión de enfermedades que generan estos animales´ Creemos conveniente recordarle a Barrows que el hecho de que un veterinario dé muerte a un animal sano (sacrificio), también es una responsabilidad legal, pero en este caso, no potencial, sino real. Recientemente, hemos leído unas declaraciones, que copiamos y pegamos, en las que un veterinario municipal analizaba esta polémica, la de las colonias felinas, de la siguiente forma: `Su implantación y su extensión no están exentas de conflictos, cada día más frecuentes entre detractores y defensores de las colonias felinas. Entre quien defiende que esa manera de atender a los animales, alimentándolos “ad libitum” fomenta una reproducción descontrolada y modifica la conducta de los animales creándoles una dependencia de los seres humanos, que podría rayar en el maltrato animal. Por otro lado, aquellas personas que obvian cualquier normativa o intención de poner orden en esta situación y que pretenden que todo y todos cambien para proteger y promocionar a sus “callejerines”. Entre ambos, la gran mayoría de ciudadanos, que no toma partido, con una posición moderada, que no tiene nada en contra de los gatos, pero que cada día sufre más las molestias derivadas del modelo de gestión de dichas colonias felinas urbanas´. Nuestro posicionamiento sobre este tipo de declaraciones queda reflejado en este trabajo.

¿Maltrato por alimentar a una colonia felina?

Pero vayamos con los “tipos de gatos” definidos en el informe de la ACBC. Por un lado, se dice que los gatos “cimarrones”, “asilvestrados”, y “salvajes” o “silvestres”, rechazan el contacto humano. Éstos serían los que viven y se reproducen sin alimentación humana, nutriéndose exclusivamente de lo que cazan. Y nosotros nos preguntamos: ¿Existe realmente este tipo de gato que vive al margen de la especie humana? Si nos atenemos a esta definición, no, no existen. Cualquier gato, incluso los salvajes (entendemos que se refieren a los monteses, Felis silvestris), aprovechará cualquier recurso alimenticio del ser humano que se ponga a su alcance e incluso pueden aceptar cierto tipo de contactos con nosotros. La palabra “cimarrón”, según la RAE, hace referencia a, “aquellos animales de los que se dice que son salvajes, especialmente si eran domésticos, y han huido al campo”. No existe en la naturaleza la posibilidad de que un animal doméstico pierda esta condición y pueda ser considerado salvaje, aunque sorprendentemente algunos biólogos aceptan este tipo de transformación. Independientemente de que la definición de “cimarrón” por parte de la RAE deje mucho que desear, entendemos que un gato no pierde su condición de animal doméstico porque haya “huido por decisión propia”, al campo. Es una situación idéntica a la de un animal salvaje que nace y vive en cautividad. Jamás perderá esa condición, la de salvaje. ¿Conocéis a algún tigre que haya nacido y muerto en cautividad, por ejemplo, en un zoo o en un circo, que haya sido considerado animal doméstico por ello? ¿Y los abandonados o que se han extraviado y que han tenido que adaptarse a vivir en esas condiciones de vida libre? ¿No son cimarrones? Es más, cualquier gato que haya llevado una vida “doméstica” y que se encuentra en un momento determinado en esa nueva situación, buscará el contacto humano y fuentes de alimentación lo más parecidas a las que disfrutaba anteriormente.

Por otro lado, los denominados por la ACBC, como gatos “vagabundos”, serían aquellos que no tienen propietario ni domicilio y viven en espacios públicos urbanos o rurales. Serían aquellos que pueden recibir alimentos de las personas, bien porque forman parte de una colonia o bien porque son alimentados en determinados lugares. Un gato vagabundo, que es el que vagabundea, sería aquel que anda errante, que no tiene un domicilio fijo, que va de un lugar a otro y que no se asienta en ninguna parte. Aprovechamos para incidir en que los criterios para esta clasificación son confusos, pero por supuesto también para indicar que, si lo que se pretende es incluir en esta categoría a los de colonias, los puntos de vista no pueden estar más alejados. Los gatos de colonias no tienen nada que ver con esta definición, precisamente porque la colonia, el espacio físico que ocupan y al que están plenamente adaptados, será su hogar. 

En cuanto a los gatos definidos como “domésticos”, imaginamos que se refieren a los que tienen propietario y, por lo tanto, son alimentados y cuidados. Es necesario reiterar que todos son domésticos, ya sean calificados como “asilvestrados”, “cimarrones”, o “vagabundos” o como nosotros preferimos denominarlos, de “vida libre” e incluso “comunitarios”. Ahora bien, entendiendo que, en ese informe, se refieren, con el término “domésticos”, a los que viven en casas, sobre el control que tienen sobre ellos sus responsables, efectivamente, los hay que no tienen acceso al exterior, que son en su mayoría aquellos que viven en pisos y los hay que sí lo tienen, porque viven en casas bajas o en chalets. El apuntar que estos últimos carecen del control “absoluto” de sus propietarios es un comentario fuera de lugar que demuestra el desconocimiento sobre la cuestión. La mayoría de esos gatos están perfectamente controlados, pero no se les impide que puedan salir (como, por otro lado, se ha hecho desde hace miles de años en la relación hombre-gato, ya que la domesticación de estos felinos tiene su origen en su capacidad de controlar o regular, por ejemplo, las poblaciones de roedores). Sobre este tema volveremos más adelante, ya que hay estudios a través de los que conocemos los desplazamientos, en cuanto a distancias, que suelen realizar estos animales que, por lo general, están castrados y perfectamente alimentados y visitan al veterinario con cierta frecuencia a lo largo del año. Muchos de ellos han nacido y crecido en espacios en los que la convivencia con el ser humano se mantiene durante su vida, tengan o no tengan salida al exterior. La utilización de determinados términos no es más que la coartada perfecta para permitir que determinadas leyes permitan la matanza de estos animales. Y sí, ya sabemos que los gatos tienen la capacidad y la naturaleza de depredar y que los centros nerviosos que regulan el hambre y la necesidad o el instinto de caza son independientes. Lo que queremos destacar, es que, un gato bien nutrido podrá capturar presas, pero, como veremos más adelante, en mucha menor cantidad que aquellos que tienen que depredar de forma constante para cubrir sus necesidades alimenticias, de reproducción y de perpetuación de su estirpe.

Como decíamos antes, la ACBC no incluye la categoría de “gato de colonia” en su clasificación. Sin embargo, sí que los considera, de un modo negativo, indicando que “los gatos son depredadores solitarios que no forman agregaciones en estado silvestre” y que el proporcionarles comida y cuidados, lo que hace es propiciar su agrupamiento en torno a la fuente de alimento. Según ellos, es así cómo se forman las colonias, es decir de una forma artificial, generada por el hombre. Sin embargo, es ésta una creencia errónea. Los gatos domésticos son más gregarios de lo que se pensaba, aunque muestran variaciones en su sociabilidad. Las comparaciones de colonias asentadas en granjas, de diferentes tamaños, han demostrado que se trata de grupos sociales verdaderamente estructurados y funcionales, y no agregaciones sueltas de individuos en torno a fuentes abundantes y concentradas de alimento. Incluso sabemos que la castración de los miembros de una colonia provoca modificaciones en las relaciones entre los individuos que la forman. La jerarquía no desaparece, pero la frecuencia de comportamiento territorial agresiva, así como la proximidad entre individuos disminuye y se observa una tendencia hacia la afiliación entre machos que no se daba antes de la castración y el marcaje territorial por pulverización de orina desaparece prácticamente.  

El grado de socialización con el humano, que es básicamente el criterio que se usa para estas clasificaciones artificiosas, es un factor muy importante que hay que considerar cuando hablamos de colonias felinas. Sobre esto y sobre el comportamiento depredador de los gatos, vamos a continuar el desarrollo de nuestro estudio. 

Muchos de los autores y citas que aparecen en algunos de los siguientes apartados de nuestro trabajo, han sido recogidos del libro “The Domestic Cat: The biology of its behaviour”. Dennis C Turner y Patric Baterson. Third Edition. 2014

Merece la pena, por tanto, detenernos a considerar algunas características que influyen en el comportamiento. Hay que tener en cuenta que el gato debe ser capaz de hacer frente a las variaciones que se producen en su entorno. En función de éste adquirirá sus habilidades de diferentes maneras, y es ésta, en gran medida, la clave de su éxito y de su supervivencia. Tanto los genes del individuo, como sus experiencias, influyen en su “personalidad”, pero es muy probable que las formas en que se expresan, su genética, dependan, críticamente, de las condiciones encontradas, particularmente de la vida cotidiana. La socialización de estos animales desde su temprana edad será determinante a la hora de que puedan ser adoptados y vivir en un hogar cuando han nacido en libertad. La socialización temprana afecta en gran medida el grado de “amistad” de estos animales con los seres humanos. A pesar de una capacidad básica para responder socialmente hacia las personas, los gatos muestran una considerable variación individual en su grado de tolerancia con nosotros, ya sean familiares o desconocidos. Es sabido, por ejemplo, que los que se separan de forma artificial de su madre (a las dos semanas de edad), desarrollan posteriormente una serie de anomalías físicas, emocionales y conductuales, y se vuelven inusualmente miedosos y agresivos hacia otros gatos y personas y aprenden peor. El comportamiento depredador y exploratorio también se ve retrasado según como haya sido la gestación. Los gatitos de madres desnutridas mostraron una capacidad de aprendizaje más pobre, un comportamiento antisocial hacia otros gatos y una mayor emocionalidad, caracterizada por niveles anormales de miedo y agresividad. 

Por todo ello, la existencia de las colonias controladas por cuidadores es tan importante. El manejo temprano de los gatitos reduce su miedo. El estado nutricional de las madres durante la gestación va a influir en el crecimiento de los cachorros y en su comportamiento posterior. Creemos que el sistema CES-R contribuye en gran medida a la posibilidad de que esa socialización exista y que algunos de los ejemplares que viven en ellas puedan ser adoptados. Entendemos, por tanto, que cuanto más cercano esté el ser humano a este tipo de colonias, las controladas, más probabilidades habrá de reducirlas, en cuanto a su número de ejemplares, no solo por la castración, sino por su adopción. El periodo de socialización entre gatos oscila entre las tres y nueve semanas de edad. Esta fase, con respecto a nosotros, los humanos, es algo más corta, entre la segunda y séptima semana de vida. En general, se puede decir que cuanto más se maneja al gatito, más amigable será. Si la madre está socializada, su presencia puede reducir la ansiedad de sus hijos, aumenta su confianza y facilita su relación con las personas. También se ha comprobado que, en este tipo de contactos, los gatitos tienen más confianza cuando van acompañados de sus hermanos. La alimentación regular influye en el potencial de una relación humana duradera, al garantizar que, si dejamos al gato salir al aire libre, volverá regularmente. El gato socializado generaliza experiencias positivas rápidamente, pero el tímido y no socializado debe aprender a confiar en los individuos o en la familia y no expresa sus experiencias positivas posteriores, y sí sus experiencias negativas. Los animales amigables son fácilmente adoptables de forma permanente, contribuyendo a reducir enormemente la cantidad de gatos de vida libre. Los tímidos requieren una gran frecuencia de contactos y comprensión por parte de sus nuevos responsables y, aunque no es imposible, sí que es más difícil que vuelvan a casa si tienen vía libre para entrar y salir.

También entendemos que esto, socializarlos, no será posible en todos los casos, ni en determinados espacios, según las circunstancias o puede tardar mucho en consolidarse. Sin embargo, sostenemos que sí será posible para muchos de ellos por lo que nos negamos a que se incluya a los gatos de colonia, en proceso de socialización, en el saco genérico de los gatos problemáticos. Creemos que cada caso debe ser estudiado detenidamente y tomar las medidas más adecuadas en función de esos análisis, pero de ninguna manera podemos aceptar la generalización que nos quieren imponer.

La socialización puede llevar a establecer vínculos amigables entre nosotros y los gatos de colonias en mayor o menor grado

Las tres gatas tricolores, que nos han servido para ilustrar este reportaje, son la madre y dos de sus hijas, que en su origen fueron cuatro. La madre las llevó hasta el lugar en la que le poníamos la comida cuando descubrimos que estaba sacando adelante a su camada en una madriguera a la que llevaba ratones. Cuando ella lo consideró oportuno, llevó a sus cuatro hijos al punto de alimentación. Dos esos cachorros, murieron. Uno lo encontramos atropellado y el otro fue atacado por un perro. Las dos supervivientes fueron capturadas, castradas y reintroducidas y aquí siguen cuatro años después. Jamás han llevado una presa al punto de alimentación.

6.- El comportamiento “depredador” del gato 

En una reciente entrevista de radio a uno de los autores del informe, que se anunciaba en ese medio de comunicación, como:  “Me pareció ver un lindo gatito … y resultó ser un depredador letal”, ya se apunta la generalización de la que hablamos y que rechazamos. En ella se vuelve a meter a los gatos de colonias en el saco de los “depredadores letales”, lo que, por cierto, es un oxímoron, ya que todos los depredadores lo son cuando son capaces de dar muerte a su presa. De hecho, en una categorización de “trazo grueso”; los gatos se describen como depredadores residentes generalistas que explotan una amplia gama de presas y son capaces de cambiar de unas a otras con facilidad. Sin embargo, como decíamos anteriormente existe una enorme flexibilidad en el comportamiento de los gatos, y también en lo que respecta a la caza, en función de los factores externos que modulan su genética. Así algunos gatos domésticos pasan gran parte de su tiempo cazando, mientras que otros, muchos, rara vez dejan la comodidad del sillón de su dueño, aunque tengan acceso al exterior. Los intentos de captura por parte de los gatos están sujetos, además, a la disponibilidad de presas, a su estatus social, a las diferencias de motivación entre individuos, que estén o no alimentados, a las clases de individuos, e incluso la estación del año o la latitud. Merece la pena que estudiemos en profundidad su comportamiento depredador y sus circunstancias, para huir de generalizaciones que pueden llevar al alarmismo o a la toma de decisiones inadecuadas.

6.1. La depredación de los gatos sobre las aves

En la mayoría de los informes de los grupos conservacionistas se incide mucho sobre el efecto depredador de los gatos sobre las aves, y es frecuente que esto sea ilustrado con efectistas fotos de alguno de ellos con un ave en la boca (¿estaba ya muerta? ¿estaba herida? ¿estaba enferma?). Sin embargo, la depredación sobre estos animales no es tan frecuente, o al menos no lo es en todos los “tipos” de gatos (según la anterior clasificación). La caza de aves requiere del acecho, ya que muchas de esas especies tienen un campo de visión de hasta 360° y pueden detectar a un gato que se acerque por detrás. La espera, justo antes del ataque, es un elemento característico del comportamiento de caza en el gato y la mayoría de las aves levantan el vuelo durante ese tiempo en el que felino está esperando sin que este tipo de presa pueda haber notado su presencia. Por este motivo o por los fracasos tras varios intentos, muchos gatos abandonan este tipo de caza por completo. La depredación de pájaros cantores por parte de los gatos domésticos se nota más porque ocurre de día, mientras que la de los mamíferos suele producirse por la noche. Sin embargo, esa depredación, tan visible e impopular, no se ha evaluado realmente. Mead analizó los registros de muertes de aves anilladas en Gran Bretaña. El 31% de la Prunella modularis (acentor común) y de Erithacus rubecula (petirrojos), fueron atrapados por gatos, es decir, el 69% restante murió por otras causas. Más de 1/4 de otras cuatro especies de aves murieron por la depredación de gatos. Todas ellas se alimentaban del suelo, en zonas de poca vegetación y regularmente vivían en jardines. El estudio sugirió que los gatos no afectaron los niveles generales de estas poblaciones, y debido a que en zonas suburbanas y rurales de Gran Bretaña han coexistido con ellos durante cientos de generaciones, es posible que no supongan una presión incesante, capaz de comprometer a las poblaciones. También podría argumentarse, como han hecho Fitzgerald y Karl, para los gatos callejeros de Nueva Zelanda, que éstos, al suprimir poblaciones de otros depredadores como las ratas, permitirían poblaciones más altas de aves de las que existían. 

Las alarmas saltan en muchos lugares porque los gatos capturan pájaros en jardines, parques … Sin embargo, a pesar de la cantidad de aves que matan en estos parajes, no hay evidencia científica clara de que tal mortalidad esté provocando su disminución. Esto puede resultar sorprendente, pero lo cierto es que muchos millones de aves mueren naturalmente cada año, principalmente por inanición, enfermedades u otras formas de depredación. Existe evidencia de que los gatos tienden a depredar ejemplares débiles o enfermos. Es probable que la mayoría de las aves muertas por ellos hubieran desaparecido de todos modos por otras causas antes de su próxima temporada de reproducción. Los datos que aportaba Marra en 2013, para Estados Unidos, indicaban que cada gato con salida al exterior podría matar entre 4 y 18 aves al año, y para aquellos que no tienen responsable, apuntaba que podrían matar entre 23 y 46 aves al año cada uno de ellos. En cifras absolutas. los resultados aportados por este análisis serían que los gatos matarían entre 1.3 a 4.0 mil millones de aves (diferencias de 2.7 mil millones).

También sabemos que de los millones de pájaros que nacen cada año, la mayoría morirá antes de alcanzar la edad reproductiva. Esto es también bastante natural, ya que cada pareja solo necesita sacar adelante dos crías para mantener la población. Leer que los vencejos están desapareciendo por culpa de los gatos es pura demagogia. Curiosamente, los cuidadores de las colonias felinas rescatan miles de estos pájaros cada año, cuando los encuentran en el suelo por haberse caído de sus nidos. Gracias a ello son rehabilitados y puestos en libertad una vez alimentadas de forma artificial en centros de protección animal, centros de conservación, clínicas veterinarias o en domicilios. Que son presa fácil una vez que han caído del nido, es cierto, pero no son los felinos los que acceden a esos lugares para matarlas. Estas aves en el suelo morirían igualmente. Las especies que han sufrido disminuciones de población más graves en Reino Unido (como las alondras, los gorriones y los empavesados del maíz) rara vez encuentran gatos, por lo que éstos no pueden ser los culpables de su disminución. Las investigaciones apuntan que han sido causadas, generalmente, por cambios o pérdidas de hábitat, particularmente en tierras de cultivo. Esto ha sido  recientemente reportado por SEO/BirdLife, que ha presentado el censo de cernícalo primilla en España, que no es una presa de los gatos, y ha constatado que la población de esta especie ha disminuido un 48% en la última década, principalmente debido a la agricultura intensiva.

Específicamente quisiéramos centrarnos en el caso de los gorriones, porque sirven para explicar muy bien la exageración que, desde determinadas tribunas de opinión, culpabiliza a los gatos de la desaparición de las aves. La lenta pérdida de este pájaro, tanto en ambientes rurales como urbanos, es una tendencia que también han recogido los censos que realizan algunas asociaciones como SEO/BirdLife. Las cifras indican que España ha perdido 25 millones de gorriones en los últimos 18 años, lo que supone una disminución del 15%. Gorriones, además de sisones, perdices…  están en franco declive. Pero ¿por qué desaparecen especies tan diferentes en países tan alejados entre sí como España y Alemania? ¿Es culpa de los gatos, que, dicho sea de paso, llevan miles de años en el medio acompañando al humano? En realidad, los factores son variados y van desde la falta de hábitats, el uso de venenos, la contaminación o el cambio climático. Un informe de la Comisión Europea publicado recientemente pone de relieve la complejidad del asunto: 1/4 de especies de ortópteros están amenazadas en Europa, principalmente por culpa de los pesticidas. ¿Qué ave es esa? Ninguna. Se trata de grillos, saltamontes y chicharras, es decir, lo que comen los gorriones. Curiosamente, y para información de los ornitólogos y conservacionistas detractores de los gatos, muchas aves, incluidos los gorriones, se alimentan del pienso que se les suministra a los gatos que viven en colonias felinas controladas. ¿Dirían ustedes que existe permisividad de los gatos para que estas aves tengan acceso a su sustento? Pues sí, la hay. ¿Ayudará esto a la supervivencia de determinadas aves en aquellos casos en los que haya carencia de sus presas naturales? Indudablemente. Incluso, se documentan casos de aves que son capaces de agruparse para expulsar, temporalmente, a los gatos de los lugares en que éstos son alimentados por el ser humano, para acceder a sus comederos. Este tipo de conductas también se ha visto en jardines de viviendas en las que viven gatos y que al mismo tiempo tienen comederos para pájaros. Ya sabemos que nos dirán que eso aboca a la concentración de animales salvajes, en este caso de determinadas aves, en estos puntos de alimentación y que limita la competitividad entre especies, pero nosotros abogamos por alimentarlas, especialmente en periodos estacionales en los que encuentran más dificultad para hacerlo por sí mismasEn aquellos casos en que se considere que esto puede ser un problema, se pueden habilitar sistemas de alimentación para que sólo los gatos tengan acceso a la comida.

Aves alimentándose de la tolva de pienso de una colonia felina y en sus proximidades

Otros animales comen en los puntos de alimentación de las colonias felinas

En lo que coinciden muchos investigadores es que, en la actualidad, los resultados de sus estudios demuestran que son muchas las pérdidas generalizadas de aves, no solo de las especies amenazadas, sino de pájaros comunes en todo tipo de hábitat, lo que indica que múltiples causas interactúan para reducir su capacidad reproductiva y aumentar su mortalidad. Los datos son coherentes con lo que vemos en otras partes y con otros taxones-grupos de organismos emparentados y que muestran disminuciones masivas, incluidas las de insectos y anfibios. En este artículo de prensa, publicado en 2019, se hace un buen resumen de las causas que están provocando la desaparición de millones de estos vertebrados en el mundo, y no se nombra a los gatos. En otro, las causas, se cuantifican de la siguiente manera: prácticas agrícolas insostenibles: 1.091 especies; tala de árboles: 734 especies afectadas; especies exóticas e invasoras: 578 especies afectadas; caza y captura: 571 especies. Se dice que en la UE han desaparecido 300 millones de parejas reproductoras en zonas rurales entre 1980 y 2010, lo que supone una reducción del 57%. En Alemania el 87% de las perdices han desaparecido, y no ha sido por la acción depredadora de los gatos.

En definitiva, podemos concluir que la caza de este tipo de presas es, con diferencia, la más dificultosa para los gatos y la menos frecuente. No son ni mucho menos su presa favorita, salvo que se dé el caso, improbable, de que sean las únicas que tengan a su alcance (principalmente animales debilitados o enfermos). Aun así ya se han puesto en marcha investigaciones para intentar reducir la depredación de aves y reptiles por parte de estos felinos, como se demuestra en estos estudios (1) y (2), relacionados con collares de colores vistosos y llamativos que podrían ser colocados en el cuello de determinados gatos. 

6.2. ¿Qué comen mayoritariamente los gatos cazadores?

Los gatos buscan principalmente mamíferos, siendo su presa favorita los conejos. Es cierto que también, si tienen oportunidad, pueden depredar sobre grandes aves marinas, generalmente sobre sus pollos. En general, prefieren presas de gran tamaño (a veces incluso de su mismo tamaño) que viven o anidan en madrigueras ya sea esperando en la entrada o penetrando en aquellas que tienen una boca grande, poniendo en peligro sus propias vidas porque, en ocasiones, pueden quedar atrapados. Pero entonces: ¿sabemos exactamente qué comen los gatos cuando no se les proporciona alimento? Para responder a esta pregunta se utilizan varios métodos: análisis de muestras intestinales de gatos salvajes o domésticos, muertos “mientras se extravían” o de sus excrementos, registros de presas llevadas a casa, o los restos de presas no comidas encontradas en el campo. Muchos de los estudios más alarmistas ponen el acento en la variedad de especies depredadas y en el grado de amenaza que tienen muchas de ellas. Ahora bien, la mayoría de estos análisis están hechos en base al contenido de su aparato digestivo. Pero este tipo de estudios lo único que nos dicen con certeza es que esos animales fueron ingeridos por estos felinos. Según Spittler, el número de presas por estómago varió de 1 (en 31 gatos) a 12 (en 1 gato), teniendo el 63% de los gatos analizados, contenido de este tipo. Leps determinó que el 41% de los 416 gatos callejeros y Goldschmidt-Rothschild que el 44% de 259, las tenían en sus estómagos. En realidad, medir el porcentaje de gatos que las tienen en su aparato digestivo es una medida débil de éxito para cualquier estudio, ya que no se sabe cuánto tiempo tardaron en encontrarlas y capturarlas e incluso si las pudieron ingerir ya muertas (a través de la necrofagia, frecuente en los gatos), enfermas o heridas, ya que no todos los intentos tienen una captura exitosa. Los investigadores deberían poner cuidado a la hora de informar en detalle cómo calculan las tasas de éxito, porque es muy importante para interpretar los resultados. Los gatos pueden atrapar víctimas de todos los tamaños, y no siempre es fiable el argumento de que sólo acaban con los roedores y lagomorfos más pequeños. Las capturas más grandes incluyen conejos adultos, liebres, algunos marsupiales arbóreos de tamaño similar a ellos y aves, a veces tan grandes como faisanes, perdices o patos. Se ha propuesto que el tamaño de la presa preferida puede quedar “grabado” en los cachorros según el tamaño de aquellas que les llevaba su madre a la madriguera, ya que los gatitos a los que sólo se les proporcionaban ratones, raramente se vuelven depredadores de un amplio espectro de animales. De hecho, los gatos, según los estudios, suelen capturar sólo o con más alta frecuencia, aquellas que sus madres llevaban a sus madrigueras para entrenarlos en la caza. Además, los resultados del contenido intestinal y de excrementos se dan en porcentajes, pero estos subestiman la importancia de capturas grandes y sobreestiman la importancia de las pequeñas. 

Pete Marra, en un estudio de revisión estimativo sobre distribución de tasas de depredación, publicado en 2013 para Estados Unidos (95,6 millones de gatos viviendo en hogares en 2017), calculó que los gatos que tienen salida al exterior podrían matar entre 8 y 21 pequeños mamíferos al año, mientras que los que no tienen responsable (incluía a los gatos de granja y graneros, gatos de colonias subsidiadas y gatos completamente “salvajes”), podrían haber dado muerte a 129-338 pequeños mamíferos por año. Esto, supondría la depredación con muerte de 6.3 a 22.3 mil millones de pequeños mamíferos. diferencia de 16.0 mil millones, lo que demuestra la poca exactitud de los datos publicados. Este mismo investigador apuntaba, en una entrevista para Live Science, de la que se hizo eco El País, que prohibir la salida de los gatos de sus domicilios no lo consideraba una respuesta adecuada y que no sabía cómo afectaría al ecosistema. Al mismo tiempo, el veterinario Bruce Kornreich, declaraba: `En algunos casos, puede ser que los gatos también estén controlando otras especies que podrían ser más perjudiciales para la fauna, por lo que prohibir que salgan de sus hogares puede ser contraproducente´.

Mucho más fiables son los estudios en los que se analiza el tipo de presas que llevan los gatos a sus hogares. En uno de estos estudios, se detectaron 9.852 mamíferos (no identificados el 2,4%), 507 aves (no identificados el 3,5%), y 134 insectos. Otro estudio habla de 14.370 capturas que fueron llevadas a sus hogares por 986 gatos que vivían en 618 hogares, de los cuales el 69% de ellas eran mamíferos, 24% aves, 4% anfibios, 4% reptiles, 1% peces, menos del 1% invertebrados y un 1% llevó artículos no identificables. En otro, se documentó que la mayoría de los animales que llevan a sus hogares son mamíferos (64-85%) y las aves suponían entre el 15 y el 36%. En lo que coinciden todos ellos es en afirmar que, de forma mayoritaria, las presas de los gatos son conejos, ratas, ratones y topillos, y en menor proporción, los reptiles y las aves. En lo que también parecen estar de acuerdo es en considerar que, si los gatos permanecen en su hogar durante la noche y no se les deja salir, la depredación disminuye. Los detractores de este tipo de estudios indican que éstos infravaloran enormemente el número de presas llevadas a casa por los gatos, citando como un mantra el estudio de Churcher y Lawton que supuestamente indicaban que los gatos estudiados sólo llevaban a su casa la mitad de lo que capturaban. Sin embargo, los resultados de este estudio son malinterpretados. Este informe, lo que decía en realidad es que los gatos raramente comieron o depositaron su caza donde la atraparon, sino que la trasladaron a su área de entrega que es su hogar o el césped de su casa. Además, como descubrió otro estudio la mayoría de los gatos llevan muy pocas presas a sus casas, y hay muy pocos que lleven muchas. Seguramente la conclusión que podemos sacar de ambos estudios es que los gatos con residencia, adecuadamente alimentados, depredan poco o muy poco y como hemos visto, algunos nada. ¿Sabemos o se ha estudiado cuántas capturas llevan los gatos de colonias felinas debidamente controladas a sus zonas de confort? Dado que la respuesta es no, proponemos una serie de análisis al respecto. 

El único estudio que hemos encontrado sobre este asunto, realizado en colonias felinas (CES-R) que vivían en una isla, con gatos que fueron monitorizados durante un año con cámaras incorporadas para documentarlo, arrojó los siguientes resultados:  24 de los 29 gatos (83%) exhibieron comportamiento de caza y 18 gatos (62%) llegaron a matar a algunas de sus presas. La eficacia de la caza, es decir, el porcentaje de intentos de captura que se tradujeron en muerte de la presa fue del 44% (hubo un 56% de fracasos en el total de intentos). Los más capturados fueron invertebrados (insectos ortópteros e himenópteros), seguidos de anfibios y reptiles. La efectividad de la caza fue del 82% en invertebrados, 69% en reptiles, 76% en anfibios, y 64% en mamíferos. Para aves fue del 17% (2 de 12 intentos), lo que demuestra la dificultad que tienen estos felinos para capturarlasEl estudio aportaba, además, otro dato: 18 gatos dieron muerte a 174 presas durante los diez meses que estuvieron monitorizadoslo que supone 9,66 presas por gato en un periodo de 300 días, es decir, 0,096 presas muertas por día, la mayoría insectos.  Una cosa es exhibir el comportamiento de caza y otra que se traduzca en la captura y muerte de la presa.

6.3. ¿Y la depredación de los gatos sobre especies invasoras?

El efecto positivo del control de roedores por parte de los gatos no se puede discutir. De hecho, ese fue el origen de su domesticación, hace unos 10.000 años. A medida que disminuye la cantidad de gatos, las ratas aumentan lentamente, y después de varios años, con pocos felinos presentes, estos roedores pueden alcanzar un pico de, aproximadamente, cinco veces su número original. No olvidemos que estos animales, comparten muchas de las especies depredadas con los gatos, y dado que su tasa de reproducción y supervivencia es muy superior, en ausencia de felinos, sus efectos adversos sobre la conservación de la biodiversidad pueden llegar a ser muy superiores que los que se atribuyen a sus principales depredadores.

Un ejemplo de que los gatos controlan eficazmente a determinados animales, como los conejos, es el de Australia y Nueva Zelanda durante el siglo pasado. En un estudio de 10 años de una población de conejos en un recinto de 8,5 hectáreas, Gibb et al., documentaron los efectos de la depredación de gatos y hurones. De 120 conejos por hectárea, la población se redujo en 3 años a menos de 13 por hectárea, y con una proporción de 5 machos por cada hembra. Esto indicaría que los gatos depredan más eficazmente sobre las hembras que sobre los machos, lo cual es muy interesante de cara al control de la población. Luego, cuando los depredadores fueron eliminados (“excluidos”), la población de estos lagomorfos aumentó drásticamente, alcanzando un pico de 172 conejos por hectárea (un 43% más). Se demostró que los gatos eran más útiles en el control de estas poblaciones que el matarlos a tiros, porque este último método sólo conseguía acabar con los ejemplares de mayor tamaño (facilidad de avistamientos). Como ha quedado demostrado en Australia, Nueva Zelanda, Gales, Inglaterra y Suecia, las poblaciones de conejos, con o sin efecto de la climatología estacional (nieve o sequía) o de climas adversos, están reguladas o controladas por depredadores.

Podríamos poner numerosísimos ejemplos más, pero citaremos solo uno. Según las memorias anuales de actividades del Parque Nacional del Teide, cada año se colocan alrededor de 20 trampas para capturar gatos y “eliminarlos” del medio natural. Al eliminarlos, se elimina al mayor depredador de conejos en este espacio natural de enorme valor ecológico. No sorprende, por tanto, que actualmente exista un tremendo problema de depredación por los conejos de especies vegetales únicas en el mundo en dicho parque nacional, como son la retama del Teide o la violeta del Teide, al punto de ponerlas al borde de la extinción.

6.4. ¿Cuánto tiempo pasan los gatos cazando?

Frecuentemente se dice, en contra de las colonias felinas que, aunque se localicen en entornos urbanos, “los gatos recorren grandes distancias”. Es obvio que es importante estudiar la distancia que recorren los gatos que viven en hogares con posibilidad de salir, porque es un factor que, sin duda, influirá en su potencial capacidad depredadora y, por tanto, en el número de presas que puedan capturar. Existen diversos estudios al respecto que nos aportan datos muy interesantes. Para las excursiones completas, es decir, comenzando y terminando en su casa, encontraron una distancia recorrida de 211 metros de media con un máximo de 1.578 metros. En otro informe se habla de valores por individuo, para 24 horas del día (por tanto, probablemente para más de una excursión), que va de 30 metros a 1.770 metros. ¿Cuántas presas y de qué tipo, susceptibles de ser capturadas podrán encontrar en los metros recorridos, de la mínima a la máxima distancia? Entendemos que el número será muy variable y que dependerá, evidentemente, del lugar en el que se encuentre la vivienda, así que, la generalización, de la que se abusa tanto en los informes de los conservacionistas, debería quedar fuera de este debate. Nos parece imprescindible que este tipo de estudios se extiendan a los gatos que viven en colonias felinas controladas adecuadamente, es decir, saber las distancias que recorren estos animales en su vida cotidiana, lo que sin duda también influirá en el número de intentos de caza y en el éxito que obtengan.

La cantidad de tiempo que un gato pasa cazando durante el día varía de un individuo a otro, así como del sexo, alimentación suplementaria, y estatus social. Así, por ejemplo, las hembras que tienen gatitos invierten más tiempo cazando que los machos intactos o castrados El tiempo dedicado a la caza es enormemente variable y oscila entre 0 y 11 horas al día. Un estudio realizado en gatas de granja reveló que cazan un promedio del 14,8% del día; mínimo del 2,5% de su tiempo durante 24 horas y máximo de 33,7%, constatando que las hembras con casa cazaban el 26% del día y las de vida libre el 46%, así como también que los machos pasaban más tiempo cazando que las hembras (sin crías). En ninguno de estos estudios se habla de si estos gatos estaban enteros o castrados y tampoco se habla de la efectividad de sus acciones, es decir, de cuando eran capaces de matar o no a sus potenciales presas. Por poner un ejemplo, un gato puede tardar, en función de la época del año (abundancia), entre 40 y 70 minutos en capturar a un ratón y el número de fracasos puede ser alto. Sería interesante o más bien, absolutamente necesario, la realización de estudios sobre la capacidad depredadora de los gatos asentados en colonias felinas correctamente controladas en cuanto a la cantidad de piezas que matan y especies a la que éstas pertenecen. Uno de los poquísimos estudios realizados en este sentidodemostró que los gatos de colonias felinas controladas, estudiadas en una isla, pasaron un promedio del 89,5% del tiempo en estados inactivos (descansando, durmiendo), el 9% del tiempo deambulando, el 0,6% comiendo o bebiendo en estaciones de alimentación de colonias y 0,9% del tiempo cazando vida silvestre. Es decir, que los gatos de esas colonias pasaron un promedio de 13 minutos al día intentando cazar, lo que es una diferencia muy notable con los gatos que deben buscar su alimento y el de sus crías, día a día. Hay evidencias científicas de que los gatos adecuadamente alimentados, que entran y salen de sus viviendas, depredan mucho menos que los de vida libre, así que, sería interesante tener muchos más datos que confirmen si los que viven en colonias felinas, adecuadamente gestionadas, depredan incluso menos que los caseros con acceso al exterior, que parecen poner en marcha sus capacidades de caza para satisfacer sus necesidades etológicas, muy limitadas en los que viven en pisos por mucho que se enriquezca su ambiente. 

6.5. La depredación de los gatos que viven en islas

Debido a que la gama de presas disponibles en las islas difiere notablemente de la de los continentes, los dos grupos se suelen considerar o deberían ser considerados por separado en los estudios. Por ello, muchos de los análisis que identifican a los gatos como amenaza para la biodiversidad se centran en el estudio de sus efectos en territorios insulares. Los gatos ocupan el 5% de las islas que existen en el mundo. Los impactos de estos animales han sido estudiados en unas 120 islas, generalmente de muy pequeño tamaño, en las que unos pocos ejemplares, ciertamente, pueden tener unos impactos muy significativos sobre la fauna silvestre. De hecho, se han demostrado sobre, al menos, 175 especies de vertebrados (25 reptiles, 123 aves y 27 mamíferos) en dichas islas. No obstante, hay que destacar que estas 120 islas estudiadas representan tan solo el 1,2% de aquellas en las que se afirma que habitan. Se trata, por tanto, de muestras muy pequeñas como para hacer generalizaciones, y por extensión, a todo tipo de territorios. Ya hemos hecho mención del estudio realizado en la isla  Jekyll (Georgia) sobre gatos que vivían en varias colonias felinas controladas. 

La frecuencia de reptiles en su dieta, en determinadas islas, muestra un patrón similar al de los continentes, con alta frecuencia en latitudes bajas. En Galápagos, los lagartos de Java y las iguanas marinas son las más importantes. En el atolón Aldabra, se alimentan de tortugas verdes, pero no lo hacen en otras islas tropicales aisladas y/o pequeñas. En Islas Seychelles, con fama de ser particularmente ricas en reptiles y anfibios, se alimentan de dos géneros de eslizones, un gecko, dos especies de serpientes y un anfibio. En las Islas Canarias, los conservacionistas han puesto el acento en el papel del gato como responsable de poner al borde de la extinción a varias especies endémicas de lagartos del archipiélago, aunque el peso de esta responsabilidad no parece ser tan grande, al menos en comparación con otras graves amenazas que tienen estas especies. Veámoslo en el siguiente apartado.

6.6.¿Son los gatos la mayor amenaza para la supervivencia del lagarto canario?

En el informe de la ACBC se hace especial mención a los lagartos canarios, y en particular a los de la montaña Guaza y el macizo de Teno, en Tenerife, cuyas poblaciones han disminuido aproximadamente un 30% en los últimos 16 años. Sin embargo, los lagartos de determinadas islas del archipiélago, no solo se encuentran amenazados por los gatos. Una subespecie de la culebra real de California es uno de sus depredadores más eficaces. La causa de la introducción de esta especie en el medio natural de Canarias, que data de 1998 fue, principalmente, su uso como mascota. Los ejemplares de este tipo de serpiente se vendían sin ningún problema en la Península y en Canarias. El coordinador del plan Life Lampropeltis afirmaba: “su erradicación es imposible y lo único que pueden hacer es tratar de impedir su proliferación”. A diferencia de la gran variedad de presas que pueden capturar los felinos, en su mayoría pequeños mamíferos, estas serpientes basan el 94% de su dieta en la captura de reptiles y, al parecer, no tienen ningún problema para alimentarse de ellos durante todo el año, lo que, entre otras cosas, significa que los encuentran en cantidades suficientes como para que la población de estos ofidios vaya aumentando de forma casi exponencial. Solamente a lo largo de este año (2020) se han capturado más de 2.000 de estas serpientes y 9.112 desde 2009. ¿Hay algún estudio que cuantifique el número de lagartos capturados por estas culebras? Nosotros no lo conocemos.

Serpiente (culebra) real de California

Lo cierto es que, según las propias fuentes oficiales del Gobierno de Canarias, y los estudios disponibles al efecto, hay numerosas amenazas para los lagartos, tales como la destrucción y fragmentación de su hábitat, la captura ilegal, la exposición a plaguicidas, u otras especies invasoras como las ratas. Ninguna de estas amenazas se nombra en el informe de la ACBC, y leyéndolo parece que los gatos serán los responsables últimos de su extinción, a menos que se haga algo. 

No se habla en el informe de los biólogos canarios, por ejemplo, de la “depredación” de los lagartos por parte del ser humano, en este caso de cinco ejemplares de Lagarto Tizón, especie endémica de la isla de Tenerife, que figura en la lista roja de especies amenazadas por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). En determinadas zonas de cultivos agrícolas, la presencia de lagartos no es bienvenida, siendo una práctica bastante habitual la de colocar cebos envenenados (la coloquialmente denominada “mermelada”, preparada con potentes insecticidas agrícolas) para eliminarlos porque comen algunos de los productos que en ellas se producen. En muchas ocasiones estos animales tan sólo buscan hidratarse comiendo algunos frutos ante la escasez de agua. Sabemos que desgraciadamente no es un caso aislado y que se produce en Canarias con más frecuencia de la que recogen los medios de comunicación.

El trabajo en la protección de las diversas variedades de los lagartos gigantes del Archipiélago de las Islas Canarias, que se ubican en Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y El Hierro, llegó demasiado tarde, según diversos expertos. Por ejemplo, el lagarto gigante de Tenerife fue identificado en el año 1995 y fue 22 años después cuando las autoridades tomaron medidas para su protección a través de un plan para su recuperación (Decreto 230/2017). En otras islas, como por ejemplo en La Gomera, estos planes se pusieron en marcha mucho antes (Decreto 146/2006). En la isla de El Hierro este lagarto se consideraba extinguido hasta 1974 y fue en 1985 cuando se creó un plan para su conservación. Muchos de estos lagartos se han visto acorralados y sitiados en los acantilados, no solo por los gatos y las ratas, sino por las numerosas construcciones turísticas que se han levantado en esos espacios, la caza y el comercio ilegal. Y podemos hacernos la pregunta tonta: ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Entendemos que muchos de esos gatos que ahora son el problema, salieron de esas viviendas que se construyeron donde nunca se deberían haber construido. Aplaudimos los programas de recuperación y reintroducción que lleva a cabo el gobierno canario.

Comercio ilegal de lagartos

Traslado de lagartos a zonas seguras

6.7. El comportamiento depredador de los gatos de colonia

En una experiencia realizada en las islas Amami (Japón), se prohibió alimentar a los gatos de la calle, y se instalaron cámaras para observarles. Los atrajeron a la zona mediante la colocación de un sistema de olores de pescado para hacer el recuento de estos animales. Se monitorizaron desde 6 meses antes de aplicar la medida y durante otros 7 meses después de ser aplicada. El número de individuos en los entornos urbanos disminuyó a la mitad y sus actividades de caza pasaron a ser realizadas por la noche. Este estudio demostró que la depredación de especies endémicas aumentó por la medida de impedir su alimentación en la calle. La presencia de estos felinos únicamente se incrementó en aquellas zonas en las que tenían comida a su disposición. Parece que la conclusión queda clara: la depredación aumenta si los gatos no encuentran fuentes de alimentación humana, y disminuye considerablemente si tienen acceso a ella. También parece claro que, contrariamente a lo que postula el informe de la ACBC, el mantenimiento de las colonias felinas correctamente alimentadas y controladas, es una medida protectora de la biodiversidad. Más aún, si la colonia está correctamente controlada, las hembras deberían estar mayoritariamente (o en su totalidad) castradas. Analizado, en un estudio, el comportamiento de 23 gatas de granja, se hizo un registro de 143 excursiones de caza durante un verano. Las 6 que eran madres capturaron más roedores que las 17 que no lo eran. Las excursiones de caza tuvieron una duración similar y, sin embargo, su comportamiento fue muy diferente: las madres se movían más rápido y no esperaban tanto en un lugar para atrapar su presa o tras un ataque fallido. La mayoría de los animales observados fueron alimentados de una manera muy similar, es decir, leche con trozos de pan y sobras de mesa, pero probablemente, las madres dependían más de las capturas que las no madres, debido a los costes energéticos y nutricionales más altos de la lactancia y el llevar presas a su camada. Podemos decir, en este caso, que la dieta “casera” que les era suministrada a esas hembras estudiadas, era bastante pobre para sus requerimientos energéticos. La actividad de caza de los gatos y su eficacia aumenta cuando están criando gatitos. Si el gato es alimentado su motivación por cazar se reduce, afectando a la cantidad de tiempo que pasaría haciéndolo y a la intensidad con que lo hace. Nadie podrá discutir que la castración de hembras, que impide un alto número de gestaciones, y que las libera de la obligación de sacar adelante a sus crías, llevando alimento y enseñándoles a cazar, reduce considerablemente el número de presas que podrían matar. Esto es así, independientemente de que vivan en un hogar, de que formen parte de una colonia felina controlada, o de que tengan una vida plenamente libre, pero con acceso a recursos alimenticios humanos. Además, aquellas que crían en un domicilio, con responsables que las alimentan, aunque tengan posibilidad de acceder al exterior, tendrán asegurado el paso de la lactación a la alimentación sólida para sus cachorros por parte de sus responsables.

Un aspecto muy importante, también protector de la biodiversidad, es el lugar donde se ubica la colonia felina, generalmente en un entorno urbano. Algunas mascotas domésticas con hogar capturan parte de su comida en campos cercanos y hay gatos de vida libre que pueden recoger los desechos domésticos en diversos grados. Al comparar las dietas de animales de ciudad y del campo se revela cómo está asociada o influida por el grado de vinculación con las personas. En un estudio en el norte de Alemania, los estómagos de gatos de campo contenían, al menos, 14 especies de vertebrados, incluida gran cantidad de ratones, pero los de los de aquellos que fueron alimentados, y se les permitió vagar en un extenso jardín, solo contenían comida enlatada y saltamontes. Otro factor muy importante y que se suele pasar por alto es la calidad del alimento que reciben. No olvidemos que hablamos de carnívoros estrictos y que su dieta debe contener un alto índice de proteína de origen animal. Podría ser que los que no son alimentados adecuadamente (nutrición de calidad y equilibrada con una proporción adecuada de proteínas animales) capturen más presas que los que sí la reciben. En Kiel (Alemania) los estómagos de gatos de las afueras de la ciudad contenían muchas presas, mientras que los de hábitats intermedios contenían bastantes aves, pero también conejos, topillos y ratones. Los que habitaban en la parte densamente urbanizada de la ciudad casi no capturaban presas, tan solo se encontraron un roedor y un pájaro en 43 gatos. Del mismo modo, en la ciudad de Magdeburg (Alemania), los de vida libre de un distrito periurbano tenían en sus estómagos poca comida de casa, pero muchas presas, incluidas ratones de campo, ratas, hamsters, liebres y pájaros. Los del distrito de la ciudad tenían pocas presas y más alimentos domésticos, mientras que los domésticos con hogar contenían principalmente alimentos caseros y prácticamente ninguna presa. El patrón en América del Norte es prácticamente igual, los gatos de áreas residenciales de la ciudad comían alimentos domésticos, basura, y algunas aves, ratas, ratones e insectos, mientras que los de áreas no residenciales, incluidas las de campo, comen roedores, conejos y aves.

Los gatos de interior pasan, proporcionalmente, más tiempo interactuando con sus responsables que los de exterior cuando están en casa. Los compañeros humanos pueden ser una fuente importante de estimulación para ellos (quizás para compensar la menor riqueza ambiental), lo que sugiere que estos gatos buscan activamente esa estimulación ya sea con objetos o con personas. Mientras que los dueños que les permiten las salidas califican a sus animales de independientes, los de interior desean que estén cerca de ellos. Las hembras socializadas se adaptan bien a los niveles de interacción que quieren sus responsables. Parece ser que la aceptación de la naturaleza independiente del gato podría ser uno de los secretos de una relación afectiva entre ellos y los humanos. En la actualidad se están desarrollando interesantes estudios sobre la importancia de los responsables de los gatos en relación con las potenciales acciones de caza de sus felinos cuando salen de sus zonas de confort. Este segmento de población debería recibir información veraz sobre la potencial acción depredadora que pueden llevar a cabo sus gatos, que en cualquier caso deberían ser castrados, e invitarles a que tomen medidas al respecto: evitar salidas nocturnas, instalar cerramientos en sus jardines, cuando sea posible, que impidan que vayan más allá de esos espacios y estudiar la posibilidad de acoplar en ellos alguno de los collares que hemos mencionado anteriormente.

Collares para alertar a las aves y reptiles de la presencia de gatos

 Cerramientos perimetrales para evitar la salida de gatos de sus jardines

6.8. ¿Influye el lobby de la caza sobre la visión negativa que se tiene de los gatos? 

Aunque los diferentes estudios e informes apuntan a la caza deportiva como una de las principales causas de la pérdida de biodiversidad, frecuentemente los cazadores se manifiestan abiertamente contrarios a la presencia de gatos, indicando, paradójicamente, que éstos representan una amenaza para la diversidad biológica, y a menudo se ofrecen para ayudar en su control, pidiendo que les sea permitido abatirlos como presa cinegética. Esto se ha conseguido en algunas ocasiones como en el caso de la Ley de Caza regional de Castilla-La Mancha (la conocida como “Ley de Caza Cospedal”, recientemente derogada). Pero ¿son desinteresadas estas quejas de los cazadores? ¿Es altruista su ofrecimiento a colaborar en su erradicación? 

Aunque se ha escrito mucho sobre los efectos de los depredadores sobre especies de caza menor, se han realizado pocos estudios cuantitativos del impacto sobre éstas. También es necesario saber la densidad de la especie cinegética, su productividad y la mortalidad de los depredadores y otras fuentes. Un estudio que proporciona tales detalles se ha llevado a cabo en el sur de Suecia, donde los zorros y los gatos fueron los principales depredadores. Las presas cinegéticas forman parte sólo del 1-3% de su dieta, pero consumieron al menos el 40% de la producción de liebres y casi el 60% de faisanes. Los autores concluyeron que, eliminando los depredadores, era probable que aumentara la cantidad de piezas de esas especies para cazar, pero no pudieron asegurar si eso aumentó la capacidad de reproducción de las liebres y faisanes. Creemos que es éste un factor importante en el debate: la capacidad de recuperación de determinadas especies que, presuntamente, están en peligro de extinción, por entre otras razones, la presencia de gatos como depredadores. El otro es si realmente determinados sectores de la población censuran su presencia porque suponen un riesgo potencial para la existencia de determinados animales o, si lo que realmente les preocupa, es que disminuyan el número de piezas que pueden abatir en su práctica deportiva. Además, cuando se brindan a participar en el control de gatos (y perros), también aumentan las posibilidades de diversión al practicar la caza, al aumentar la variedad de animales sobre los que disparar. En definitiva, algo parecido con lo que ocurre actualmente en Asturias y el control de cormoranes, ante las quejas de los pescadores.

7. Los gatos y las “amenazas” para la flora autóctona

El título de este apartado puede resultar sorprendente, pero es que en el informe de la ACBC no solo se acusa a los gatos de la desaparición de determinadas especies amenazadas de animales, sino también de provocar efectos negativos sobre la flora de las islas, y lo explican de una manera un tanto particular. Según la interpretación peculiar que se hace de la escasa bibliografía relacionada con este tema, los gatos son capaces de afectar considerablemente al funcionamiento de los ecosistemas en su conjunto. Algunas de las especies de aves y lagartos, que son depredadas por ellos, son importantes en los procesos de dispersión de semillas de muchas especies de plantas presentes en el archipiélago. Según la teoría de estos biólogos, cuando los gatos depredan sobre ellos, el efecto que provocan en las semillas, al pasar por su tracto digestivo, sería completamente diferente dependiendo de si éstas pertenecen a especies de plantas nativas o introducidas. En el caso de las nativas, dicen, éstas ven disminuida su viabilidad y capacidad de germinación mientras que, en el caso de las introducidas, no les causan ningún efecto. De esta manera, los felinos estarían contribuyendo a la dispersión de la flora formada por especies exóticas e invasoras en detrimento de las nativas y endémicas. Toda esta teoría se elabora a partir del estudio de los excrementos de 2 gatos y el estudio de la germinación de semillas de 4 especies vegetales. Con tan exiguos datos, el efecto “pernicioso” de los gatos se generaliza a todas las especies de vegetales introducidos y a todas las plantas endémicas. El que el aparato digestivo del gato sea tan selectivo a la hora de disminuir la viabilidad y capacidad de germinación, según que las semillas sean autóctonas o alóctonas, no acabamos de entenderlo, y, es más, nos cuesta creerlo. En cualquier caso, según el mismo estudio utilizado para endosarle al gato un nuevo efecto destructor de la naturaleza, se indica que los resultados dispersores de semillas de estos felinos son idénticos a los de la garza real. ¿Será cuestión de eliminar también a esta especie? Como decimos, con tan exigua evidencia se extrapolan y magnifican toda una serie de conclusiones y se construye toda esa teoría, merecedora de un capítulo completo del informe de la ACBC. Esperamos que las semillas que los felinos trasladan adheridas a su pelaje, que no han pasado por ningún proceso de digestión, no generen el mismo problema. 

Sobre este tema hemos encontrado un interesante trabajo `la dispersión de semillas del tasaigo mediante la interacción mutualista de los vertebrados en Canarias´, en el que se habla de este asunto, y en el que se puede leer: “es conocido que el tamaño de la semilla y el tiempo de retención en aparato digestivo de los frugívoros (no de los carnívoros), pueden ser factores claves en los procesos de germinación. De esta manera, al permanecer las semillas del tasaigo más tiempo en el tubo digestivo de los mamíferos, que en el de reptiles y aves, éstos podrían afectar negativamente en los procesos de germinación”. Dando por cierto lo que se expone en este trabajo, y en el que nada se dice de semillas de flora alóctona, se nombraban dos especies no autóctonas que son herbívoras y que comen el fruto de esta planta: los conejos y las ardillas. Se comparaba la germinación de las semillas según la especie que las consumiera, las nativas y las mencionadas anteriormente, mediante estudios de las heces de todos estos animales. Lo que se vio es que las posibilidades de una buena y adecuada germinación de esas semillas era menor en el grupo de los mamíferos por el deterioro que se produjo en su aparato digestivo. El porcentaje de éxito en la germinación fue del 99% en el caso de las semillas ingeridas por las especies nativas, del 66% para las ardillas y del 30% para los conejos. `Un animal introducido, puede actuar como un dispersor legítimo y eficiente de una planta nativa, si no afecta a la viabilidad de las semillas y si los lugares de deposición son ambientes adecuados para su germinación y establecimiento´. Sin embargo, este no es el caso de los conejos y las ardillas en Canarias, ya que suelen acumular sus excrementos, lo cual confiere implicaciones negativas para la supervivencia de las semillas, germinación y competencia entre plántulas. Otra referencia que aparece en este trabajo es la mención de los cuervos como una de las aves que más éxito tenía en la dispersión de semillas viables dado el poco tiempo que éstas permanecían en su aparato digestivo, pero “curiosamente”, esta ave, que era muy abundante en las islas, está desapareciendo y, de hecho, ya no existe en algunas de ellas. Hasta donde hemos podido leer, los gatos no han tenido nada que ver en este asunto y, sí podrían ser, y de hecho son, una buena solución para disminuir la población de conejos y ardillas que parecen ser tan perjudiciales en la germinación de las semillas del tasaigo. En el estudio también se apunta que, determinadas aves, como el alcaudón real, dispersan semillas indirectamente, al depredar lagartos que previamente se han alimentado de diferentes frutos de esas plantas. Y al final de este trabajo podemos leer: “se estudió la incidencia de un carnívoro introducido como es el gato “cimarrón” (Felis catus). Este animal puede actuar como dispersor secundario de semillas de plantas que producen frutos carnosos en diferentes ecosistemas de las Islas Canarias, al depredar sobre los lagartos frugívoros. Los resultados obtenidos no parecen indicar que este felino produzca un efecto cuantitativo relevante, al comparar la dispersión directa (por lagartos) e indirecta (por gatos) de las semillas, en la regeneración natural de las plantas”. Menos mal…

8.- Los gatos y las “amenazas” para la salud pública 

Hasta la fecha hemos visto que, en su informe, la ACBC argumenta destructivamente sobre el método CES-R, culpabiliza de graves efectos para la biodiversidad y el medioambiente en su conjunto a los gatos, a todos ellos, excepto a aquellos que quieren encarcelar en jaulas o en lo que ellos han denominado “santuarios con gateras”, para aislarlos de cualquier otro espacio que ellos no consideran conveniente, y de la aniquilación de la fauna y también de la flora autóctona. Pero el informe también quiere meter miedo, muchísimo miedo, alertando a la opinión pública de los grandes males para la salud que provocan estos animales. Hacen hincapié en una parasitosis, la toxoplasmosis, a la que dedican un amplio apartado lleno de incoherencias e inexactitudes que califican como científicas, sin dejar de lado el alertar sobre otras temibles enfermedades que pueden transmitir los gatos. 

Sin embargo, cuando se conoce el tema, se sabe que los riesgos para la salud pública que han sido descritos a nivel mundial en relación con los gatos, ya sean de colonias o no, son de escasa o nula relevancia en España y en la mayoría de los países de nuestro entorno socioeconómico inmediato. Veamos qué papel juegan los felinos en estas “terribles” enfermedades y sus consecuencias en los países de nuestro entorno.

8.1. El papel real de los gatos en la transmisión de la toxoplasmosis

Cuando se hace una revisión crítica y contextualizada del ciclo del Toxoplasma gondii (parásito responsable de la toxoplasmosis) en el medio natural, uno se da cuenta de que existen numerosos datos que la ACBC ha olvidado recoger en su informe. Esperamos que después de su lectura, los autores del documento entiendan que las medidas propuestas para acabar con un problema prácticamente inexistente son absurdas, salvo que quieran eliminar a todas las especies animales, domésticas y salvajes, incluida la humana y que dejemos de comer, de beber y de interactuar con el medio ambiente que nos rodea.

El toxoplasma tiene como hospedadores intermediarios (HI) a varios animales, entre los que se encuentran las potenciales capturas de los gatos (hospedador definitivo (HD), y que podrían transmitirles el parásito cuando las comen. Los gatos eliminarán los ooquistes, que una vez esporulados en el medio ambiente, sobrevivirán durante meses y se dispersan a través del agua, el suelo o la microfauna. El que un gato se infecte a través del suelo es poco frecuente, y el que lo haga a través de la captura de presas, dependerá de si está alimentado, del entorno en el que viva, y de la densidad de posibles capturas que estén a su alcance. Por ejemplo, los gatos que viven en entornos agrícolas, que son pocos, tendrán muchos ratones a su disposición (mayor posibilidad de infectarse), mientras que los que viven en espacios urbanos o periurbanos que son más, y que tendrán a su disposición menos capturas, tendrán una menor posibilidad de infectarse, es decir, dependerá de las densidades de población de los potenciales depredadores (HD) y de las potenciales presas (HI). En función de lo comentado anteriormente podrá haber espacios en los que los felinos eliminen más ooquistes o menos. Esto significa que el ciclo gato-ambiente-presa será muy diferente según la zona de referencia, por lo que la generalización, en cuanto a la posible transmisión del toxoplasma al ser humano, es muy atrevida por parte de los alarmistas y sus informes. La coincidencia de densidades altas de HD y de HI es sumamente rara y además sabemos que, en aquellos lugares donde los gatos defecan, la concentración de ooquistes de toxoplasma podría ser alta, pero también sabemos que se trata de espacios muy reducidos y raramente accesibles al ser humano. 

Dado que los gatos urbanos se sienten atraídos por la comida proporcionada por nuestra especie, de fácil acceso en todo el mundo a lo largo del año y que no requiere ningún esfuerzo de depredación, la presencia de tal recurso puede reducir la motivación por cazar. La observación de acciones depredadoras en este tipo de entornos es escasa y poco común, por lo que la seroprevalencia de la toxoplasmosis en gatos urbanos es baja de un 5%-20%. En el entorno natural, en el que la seroprevalencia podría ser más alta, y teniendo en cuenta el ciclo de este parásito, es complicado que el ser humano se contagie. 

El toxoplasma puede estar presente en muchas aves silvestres sin ningún síntoma clínico, pero la exposición es más alta en especies carnívoras. La seroprevalencia también es mayor en el gato montés y en el lince, que eliminan ooquistes en el medio salvaje, mientras que las especies de roedores grandes es más frecuente que estén infectadas que las de pequeño tamaño. El tamaño corporal es, por tanto, un predictor de la intensidad de la infección y, por tanto, un indicador de que los depredadores que las comen se infecten. Los jabalís o las nutrias, por ejemplo, se pueden contagiar ingiriendo roedores o al alimentarse en el suelo en que hay ooquistes eliminados por felinos; las aves de corral también podrían infectarse de esta manera y los cadáveres de animales salvajes también podrían ser fuente de infección para aves carroñeras. Si como se propone por algunos colectivos (por ejemplo, los conservacionistas australianos, tomados frecuentemente como referencia), el matar gatos de vida libre, dejándolos al acceso de especies carroñeras, es una opción, la potencial transmisión que tanto les preocupa, podría ser mayor, por no hablar, de la propuesta apoyada por algunos biólogos de abatir cabras en las Islas Canarias y Baleares, dejando abandonados sus cadáveres, que sería otra fuente de potencial de contagio.

En las poblaciones insulares los gatos machos se infectan con más frecuencia que las hembras, probablemente porque depredan lagomorfos más grandes, mientras que las gatas se alimentan, principalmente, de pequeños mamíferos. La proximidad del ser humano, y por tanto de gatos, con respecto a las poblaciones salvajes, también es un factor que se debe tener en cuenta para la presencia del toxoplasma en estos últimos. Pero no es sólo la proximidad de los humanos y de los gatos la causante de los contagios a los animales salvajes. Los ooquistes pueden dispersarse por hospedadores intermediarios (HI). Por ejemplo, la dispersión de ooquistes en el medio marino podría estar provocada por la alimentación de algunos peces por filtración migratoria de anchoas y sardinas, que propagan los toxoplasmas por todo el océano. También se han dado casos de presencia de toxoplasma en zonas donde no hay gatos, como en zorros árticos que pudieron contagiarse a través de aves migratorias. Determinados felinos salvajes (gatos salvajes de Pallas) que tienen una exposición mínima al toxoplasma en su medio natural, solo se infectan cuando son sometidos a cautiverio en los programas de conservación por la inmunosupresión que les provoca, lo que genera un serio problema para la supervivencia de estos animales. Muchas poblaciones de vida salvaje se ponen en peligro cuando nuevos asentamientos humanos entran en contacto con ellas.

Las áreas tropicales se caracterizan por una amplia variedad de fauna salvaje y doméstica (incluidos gatos) y por grandes zonas en las que no hay presencia humana, ni de animales domésticos. Pues bien, los estudios realizados en animales salvajes tropicales muestran una alta prevalencia de toxoplasma en ellos. La incidencia es mayor en animales que se alimentan en el suelo que en los árboles. También fue alta en el agua del río Amazonas. Del mismo modo, la prevalencia en determinadas tribus que viven en estas selvas es elevada: 60,4% en tribus amerindias y 38,9% en pigmeos del África Central, en ausencia de gatos. Los felinos neotropicales capturados en Brasil, que fueron confinados en zoológicos, tenían tres veces más posibilidades de infectarse que los nacidos en cautividad. Por ejemplo, en Guinea, se dieron numerosos casos de toxoplasmosis tras la ingestión de carne de caza poco cocinada o por beber agua de río sin tratar. 

La antropización ha provocado la entrada de la agricultura y de poblaciones en áreas deforestadas dando lugar a la confluencia de dos ambientes: los animales salvajes entran en zonas en las que antes no estaban y los domésticos en las suyas. La presión reduce el área de caza de los animales salvajes y favorece su entrada en el ámbito doméstico. De esta forma se ha producido un intercambio de cepas de toxoplasma entre animales salvajes y domésticos. La urbanización, la fragmentación del paisaje, las áreas deforestadas, la agricultura y la domesticación de animales, ha reducido el número de nichos ecológicos. Esperamos que no se eche la culpa de todos estos desastres a los gatos. 

Como los otros hospedadores intermediarios, el ser humano puede infectarse por quistes que contienen bradizoitos o por ooquistes. Los quistes tisulares son responsables de infecciones transmitidas por la carne de cualquier animal, mientras que los ooquistes esporulados conducen a la infección por la ingestión de tierra (actividad de jardinería) o por consumir hortalizas sin lavar, verduras o agua sin tratar. Se han hecho análisis sobre la importancia de cada una de las fuentes de infección y se identificó la ingestión de carne poco cocinada como la más importante, que contendría quistes de toxoplasma. ¿Se puede deber a que este riesgo es más fácil de caracterizar? Es posible, pero un estudio reciente, hecho en Países Bajos, demostró que, incluso con una baja prevalencia de infección en animales de abasto, el consumo de carne de vacuno supone un alto riesgo de infección, aun con seroprevalencias bajas. En medicina veterinaria no existe un sistema de vigilancia para esta enfermedad y solo los casos de abortos deben ser declarados. El número de estos casos declarados en España es extraordinariamente bajo, entre 0 y 5 al año durante la última década.

Una buena información médica sobre toxoplasmosis y alergias evitará muchos abandonos de gatos. Los propietarios deberán recibir consejos correctos e información veraz sobre los problemas de salud que pueden ocasionarles los gatos. En el caso de las alergias, los médicos, a veces, optan por recomendar su eliminación, en un intento por aliviar los síntomas, en vez de embarcarse en exámenes diagnósticos costosos. En una encuesta de la Academia Estadounidense de Alergólogos, más del 40% de sus doctores recomendó sacar a los gatos de la casa en presencia de asma, rinitis, independientemente de la causa de los síntomas, y el 34% de ellos recomendó la salida de las mascotas en ausencia demostrada de alergia a las mismas. A esto se llama curarse en salud. ¿Y por qué hablamos de las alergias?, pues porque ya se oyen voces que pretenden la eliminación de los gatos, por impedir un derecho del ser humano, el de no sufrir procesos alérgicos debido a su presencia. Creemos que esto no merece ningún tipo de reflexión o comentario, pero bueno, entrando en el plano humorístico: ¿Qué hacemos con los alérgicos a las plataneras y pólenes varios? Y ya que estamos refiriéndonos, en una parte de este informe, a las Islas Canarias: ¿Vamos a diferenciar entre alérgicos afectados por alérgenos de plantas autóctonas y alóctonas?

En cuanto a sus efectos como patógenos, los biólogos detallan una multitud de efectos, todos ellos “demoledores” para la salud. Dicen que el Toxoplasma gondii sería capaz de manipular el comportamiento de estos hospedadores secundarios de tal forma que la aversión, que, de forma instintiva, sienten los roedores hacia los gatos podría quedar bloqueada y ser sustituida por atracción hacia el olor de su orina. Esto provocaría un aumento del éxito de la depredación y un aumento de las posibilidades de transmisión del parásito. Sobre esto, la manipulación por el toxoplasma del comportamiento del hospedador, hemos encontrado tres interesantes estudios (1), (2), (3). De ser cierto, sería magnífico, porque los gatos centrarán su atención en la captura de ratones infectados y dejarían algo más tranquilas a las aves y a los lagartos. También apuntan que en Tasmania hay una mayor prevalencia de toxoplasmosis entre los animales salvajes atropellados en sus carreteras que entre los que fueron muestreados en la naturaleza. Esta diferencia se explicaría por los cambios de comportamiento y menor tiempo de reacción que presentan estos animales por efecto de la infección por el parásito. En resumen, que los animales salvajes podrían ser atropellados, hasta cierto punto, por la infección por toxoplasma e indirectamente por culpa de los gatos. Esto demostraría “curiosos” efectos de los toxoplasmas sobre la fauna silvestre, con “curiosas” consecuencias sobre su sistema nervioso y hormonal.

Añaden, además, que la toxoplasmosis puede provocar o agravar determinadas patologías psiquiátricas en el ser humano, como la esquizofrenia, intento de suicidio, cambios de personalidad o dificultades de aprendizaje, y a esto dedican varias páginas en su informe. Sin embargo, un estudio de la Universidad de Duke, realizado en una cohorte representativa de la población de individuos de mediana edad para intentar verificar este efecto, concluyó que la infección por Toxoplasma gondii no se relaciona en modo alguno con una mayor incidencia de trastornos psiquiátricos, de alteraciones de la personalidad, ni tampoco con retrasos en el aprendizaje o el desarrollo neurocognitivo. Este último estudio, que indica que todo ese desarrollo argumental tiene una base meramente especulativa, no es citado en el informe de la ACBC, a pesar de que fue publicado en 2016.

Afirman que el ser humano puede adquirir la toxoplasmosis por consumir carne de animales poco cocinada u otros alimentos o aguas con ooquistes, por ingerir accidentalmente productos contaminados (como la tierra con heces al cambiar la caja de arena de un gato), por transfusión de sangre, trasplante de órganos, injertos o a través de la placenta al feto. Todo esto es cierto, pero las diferencias en las probabilidades de que ese contagio se produzca por unas u otras causas son abismales. Este extremo ha sido establecido de forma categórica en un estudio del Royal Veterinary College de Londres. Se trata de una revisión de casos y controles realizado en mujeres embarazadas de seis países europeos. Se compararon las mujeres con infección aguda (casos) detectada por seroconversión positiva para IgM anti-Toxoplasma gondii, con las mujeres embarazadas seronegativas para toxoplasma (controles), y se calcularon las razones de probabilidad (odd ratios) para cada uno de los factores de riesgo, ajustados por todas las variables de confusión. La conclusión fue clara: a pesar de la creencia generalizada, el contacto con gatos no supone ningún riesgo de infección por T. gondii en las mujeres embarazadas. Tampoco aparece mencionado en el apocalíptico informe de la ACBC este importante estudio, cuyos resultados fueron publicados ya en el año 2000.

Citan, eso sí, un estudio realizado en tres parques de arena de Japón de 32, 23 y 18 metros cuadrados, en los que se controló la defecación, mediante cámaras de TV, durante 5 meses (150 días), 24 horas al día (3.600 horas). Se detectaron 961 defecaciones de gatos y 11 de perros, la mayoría nocturnas, es decir, 6,4 defecaciones al día (de gatos) o 0,2 defecaciones por hora. Asumiendo, según apuntan, que el 1% de los gatos, en cualquier momento dado, se encuentra expulsando ooquistes al medio y que cada día son capaces de expulsar 55 millones de ellos, y asumiendo que éstos permanecen viables 18 meses (todo ello forzando al máximo el peor escenario posible), se estimó que, en estas parcelas, se acumularon 20.290.000 ooquistes/m2. El dato es “estremecedor”. Nadie se preocupó, sin embargo, por saber a ciencia cierta si alguno de esos gatos estaba infectado. Al parecer las cámaras tampoco grabaron si los parques se limpiaban con la regularidad y con la higiene debida y exigible. ¿Se imaginan que ninguno de esos gatos fuera portador de toxoplasmas? Es probable que los resultados de un estudio realizado en CES-R, y que se publicará próximamente, resulten sorprendentes en este sentido. Más aún: ¿Alguien se preocupó de hacer un estudio epidemiológico de los niños que allí jugaron durante esos 5 meses y si alguno se infectó? ¿Los gatos y los perros esparcieron sus deposiciones por los 73 metros cuadrados que suman los tres parques, o las depositaron en un espacio más limitado, como se suele habitual? Lo apuntamos porque eso, de darse, limitaría mucho los potenciales contagios, si es que se produjeron.

Sobre los estudios realizados en el Archipiélago de las Islas Canarias, los autores apuntan que se ha detectado toxoplasmas en el 15% de ratas negras y ratones domésticos; 33,3% en ratas en Tenerife y 54,5% en ratones de Fuerteventura, así como el 7,8% de las cabras de todo el archipiélago y 30,4% de las de Tenerife. ¿Y en gatos? No sabemos, porque sobre ellos no ofrecen datos. Curiosamente, dicen, no han podido obtener cifras de la incidencia en la especie humana (que será porque al ser irrelevante, no se ha considerado necesario hacer un estudio epidemiológico), lo que choca con la tremenda importancia que dan a la enfermedad. Eso sí, apuntan que entre 2009 y 2016, 14 personas fueron atendidas en un mismo hospital de Tenerife con toxoplasmosis activa ocular. La cifra es “preocupante”: 1,75 casos por año. Apuntan que serían más porque no se contabilizaron los asintomáticos con cicatriz de infección por toxoplasma y aquellos que tenían toxoplasmosis congénita inactiva. Suponemos que se refieren a lo que se conoce como toxoplasmosis recurrente, que es la forma clínica más común de toxoplasmosis ocular, que típicamente se presenta como un foco de retinitis adyacente a una cicatriz coriorretiniana que se produjo como resultado de una infección adquirida previamente. Afecta a adultos jóvenes de ambos sexos, generalmente en forma unilateral, a pesar de que ambos ojos pueden tener ese tipo de cicatrices. Los títulos de anticuerpos suelen ser bajos debido al lapso transcurrido entre la primoinfección adquirida tempranamente en la vida y la afectación ocular, que se manifiesta tardíamente (75% entre los 10 y 35 años). Además de considerar extremadamente “preocupantes” estos 14 casos en 8 años (aunque se hable de un sólo hospital), olvidan mencionar de qué nacionalidad eran o de dónde provenían esos casos positivos. Existen numerosísimos estudios de parasitosis humanas en Canarias relacionadas con la gran cantidad de inmigrantes que llegan cada año desde el continente africano, y las deficientes condiciones de salud pública que existen en sus regiones de origen. Pero, olvidándonos de la nacionalidad: ¿Sabemos cuántos de estos casos eran asintomáticos o que presentaban la enfermedad de forma congénita pero inactiva? Además, nos sorprenden con otro estudio realizado en siete islas de México, una de ellas sin gatos. La seroprevalencia en la isla sin estos felinos fue del 0%; en las que los gatos fueron eliminados en el año 2000, fue del 1,8% y en las que los gatos estaban presentes, del 12-16%. Parece que, en esas islas, el resto de los factores que pueden infectar al ser humano y que ya han sido nombrados, no existían. ¿En la isla con 0% de toxoplasmosis la gente no come, no bebe o no existen otro tipo de animales, HI (hospedadores intermediarios) que puedan ser fuente de infección? ¿No existen felinos salvajes? Precisamente a esto nos referimos cuando decimos que en el informe de la ACBC se hace una citación interesada o sui generis de la bibliografía consultada. Proponemos que se haga un estudio serológico entre todos los colectivos que tienen un contacto directo con gatos domésticos de vida libre: veterinarios, cuidadores de colonias felinas, personal que trabaja en protectoras y albergues, adoptantes de este tipo de gatos, personal de servicios de limpieza en zonas en las que se ubican este tipo de animales, personal de parques y jardines, y en especial de mujeres que se dedicaban o se dedican a estas labores, en contacto directo con gatos, y que estuvieron o están embarazadas… Estamos seguros que se obtendrían resultados muy interesantes. Estamos convencidos que los biólogos, con los resultados en la mano, tendrían que matizar muchas de sus afirmaciones. 

Por último, dado que los autores obvian todos los datos del ciclo del parásito y de su transmisión y le atribuyen toda la culpa al gato, proponen una solución imaginativa a la par que “humanitaria”. Los autores apuntan como solución para este “gravísimo”problema de salud pública en Españaque los gatos permanezcan recluidos en sus domicilios, comiendo alimentos comerciales y añaden que si cazan o comen carne cruda contribuyen a la expansión del problema y pueden contagiar a sus propietarios. Del mismo modo, reducir su población en las calles y espacios públicos es otra de las imaginativas soluciones propuestas.

8.2. ¿Y el papel de los gatos en el resto de las zoonosis?

A modo de resumen general diremos que los datos epidemiológicos y los estudios científicos indican que este tipo de quejas acerca de los gatos, como foco de enfermedades, son exagerados, al menos en lo que respecta a países con un alto nivel de desarrollo de la salud pública, como es el caso de España. El uso, sin suficiente criterio, de determinada información por personas sin formación médica, en el tema que nos ocupa, el de las zoonosis, provoca un efecto indeseable, como es el de confundir a la opinión pública y el de presionar a los responsables políticos para que tomen medidas drásticas sin asesorarse adecuadamente. Repasemos algunas de esas terribles enfermedades que los gatos pueden transmitir a nuestra especie, aportando algunos datos que se quedaron fuera del informe de esta asociación conservacionista canaria. 

Bartonelosis

Su reservorio son los gatos y las pulgas que los parasitan. Recientemente se ha publicado un estudio científico realizado en la Universidad de La Laguna sobre la prevalencia de Bartonella spp. y Rickettsia spp. en pulgas de gatos y perros en la Isla de Tenerife. Se analizaron 128 pulgas obtenidas de gatos y perros. 54 pulgas fueron obtenidas de dos gatos callejeros adoptados que vivían en una zona rural y otras 74 pulgas, se recolectaron de diez gatos callejeros y 6 perros que vivían en áreas urbanas y que estaban recogidos en un albergue. La presencia de Bartonella henselae en las pulgas de los gatos fue del 2,3% y de Bartonellaclarridgeiae del 3,9%. La Rickettsia felis estaba presente en el 3,’6% de las pulgas de los gatos y en el 40,7% de las pulgas de los perros y es un patógeno potencial para la especie humana, provocando lo que se conoce como “fiebre manchada”. Hay numerosa bibliografía sobre ambas patologías y ninguna de las dos presenta especial gravedad, salvo algún caso en particular, siendo su incidencia relativamente baja. Sería interesante la realización de estudios epidemiológicos sobre su incidencia y sus consecuencias en la numerosa muestra de personas que conviven de forma constante con gatos (sus responsables, personal de albergues o veterinarios), antes de alarmar a la población con frases como: “Estos resultados indican la importancia para la salud pública, ya que las infecciones asociadas podrían diagnosticarse erróneamente en el archipiélago a pesar de su relevancia clínica”, o “Es necesario establecer procedimientos de diagnóstico de rutina para humanos y animales para estos patógenos, junto con la mejora del control de vectores en los refugios, a fin de prevenir la propagación de infecciones entre los animales”. 

Sin duda, estamos de acuerdo en que el control de pulgas en los refugios es una prioridad para la salud y el bienestar de los animales y de las personas que trabajan en ellos. Sin embargo, la incidencia de bartonelosis en el sector veterinario especializado en la atención de animales de compañía es prácticamente inexistente en España.

Anquilostomiasis

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX esta enfermedad era conocida como “anemia de los mineros”, ya que era muy frecuente en este tipo de profesionales, debido a la falta de higiene en este tipo de explotaciones. El ambiente de las minas era el ideal para la reproducción de este parásito, que puede penetrar a través de la piel en diversas especies animales, incluida la nuestra. El parásito también puede transmitirse por la ingestión de agua o de alimentos contaminados con heces en las que esté presente. La especie humana es transmisora de la enfermedad y puede infectarse al pisar con los pies descalzos o sentarse en suelos contaminados. Otras especies de anquilostomas solo infectan a gatos y perros, aunque también pueden hacerlo, en alguna ocasión, a personas, en las que no suelen madurar y reproducirse. Si acaso pueden provocar lo que se conoce como larva cutánea migratoria. Debe quedar claro que los Ancylostomas que infectan a la especie humana son el Necator americanus y el Ancylostoma duodenale, mientras que las que afectan a los gatos son el Ancylostoma ceylanicum y el A. tubaeforme, que, como hemos comentado, son susceptibles de afectarles, aunque raramente. No hay datos oficiales de la incidencia de esta enfermedad, propia de climas tropicales, en nuestro país. Su incidencia es muy baja en países desarrollados. En las estadísticas oficiales elaboradas por los organismos responsables en nuestro país, no aparece ninguna referencia estadística sobre esta enfermedad. La transmisión, de darse, parece ser debida a los perros de caza, sin que el gato tenga especial relevancia en la misma. 

Cheyletiellosis

Se trata de una zoonosis provocada por un ácaro que parasita a perros, gatos (Cheyletiella blakei y C. yasguri) y conejos. Es una dermatitis exfoliativa que, en ocasiones, se transmite a los humanos en los que produce lesiones muy pruriginosas en forma de pápulas, vesículas, y erupciones, cuando se entra en contacto con zonas en las que ha estado el animal infectado, por tanto, no hace falta una relación directa con ellos. Se trata de una patología autolimitante, que cura en unas cuatro semanas. Es mucho más frecuente en veterinarios, criaderos y granjeros de explotaciones de conejos, que en la población general. A modo de anécdota, dos de los veterinarios que han elaborado este informe, contrajeron la enfermedad al entrar a vivir en un piso alquilado en el que es probable que anteriormente hubiera vivido alguno de los animales que pueden verse afectados por esta patología. 

Ascariasis

Se trata de una enfermedad parasitaria presente en perros y gatos y transmisible al ser humano. El gato, en concreto, puede verse afectado por el Toxocara cati y el Toxascaris leonina (también presente en perros, zorros y felinos salvajes). Los gatos se infectan directamente al ingerir los huevos del parásito o al comer roedores que han ingerido huevos y que albergan larvas infecciosas. Los gatitos pueden infectarse durante la lactación si su madre está parasitada (esto solo ocurre en el caso de Toxocara cati), aunque ésta, su madre, no suele eliminar huevos del parásito al medio ambiente.

La mayoría de los casos que se dan en la especie humana son debidos a un parásito propio de nuestra especie, el Ascaris lumbricoides, especialmente en espacios o lugares con escasa higiene. Ahora bien, puede producirse la transmisión animal-humano cuando estos últimos, en su mayoría niños, se tragan los huevos de T. canis (del perro), y las larvas en desarrollo migran ocasionalmente a los tejidos. Tales migraciones son generalmente asintomáticas, pero ocasionalmente se desarrolla una afección llamada larva migrans visceral. Los órganos implicados, en este caso, suelen ser el hígado y los ojos, en los que pueden producir endoftalmitis y retinitis granulomatosa con el resultado, a veces, de ceguera. Rara vez se ha implicado al Toxocara cati y al Toxascaris leonina (los del gato) en la larva migrans visceral humana. No existe transmisión, en estos casos, entre humanos.

La incidencia de los toxocara propios de los gatos que viven colonias felinas controladas es escasa y, además, estos animales son o deberían ser desparasitados por sus cuidadores con fármacos que matan a este tipo de parásitos, que suelen ser más propios de los cachorros. De hecho, lo primero que hacemos los clínicos de animales de compañía, cuando un gato de vida libre o de albergue llega a nuestras consultas, es desparasitar contra cualquier tipo de parásito que pueda haberle afectado, y, además, establecemos los protocolos pertinentes para proteger su salud y la de sus responsables. 

Criptosporidiosis

Se trata de una enfermedad provocada por un parásito (Cryptosporidium parvum) que vive en la tierra, los alimentos y el agua. También puede encontrarse en superficies contaminadas con heces de personas o de otros animales. Salvo en personas con inmunosupresión, la enfermedad es benigna y remite con facilidad en una o dos semanas. Las posibilidades más frecuentes de contagio son a través de heces, contacto con una persona o animal infectado, guarderías de niños e incluso por contacto sexual. Al ser una enfermedad de declaración obligatoria, sí hay datos oficiales: algo más de 1.500 casos en España durante 2018, que se dieron especialmente en niños, que se contagiaron al bañarse en aguas contaminadas (estanques, piscinas, determinadas zonas de ríos …). Los animales de compañía no parece que tengan incidencia digna de mención en la transmisión de la enfermedad a la especie humana. 

Dermatofitosis (micosis)

La transmisión de hongos de los animales al humano no es fácil si no existe un contacto muy directo con ellos o con ambientes en los que haya estado un gato infectado durante un largo periodo de tiempo. Su presencia es mucho más frecuente en aquellos lugares en los que los animales están hacinados (perreras, criaderos y tiendas de animales) con unas condiciones higiénicas inadecuadas. Los dermatofitos tienen como reservorios naturales el suelo, algunos animales y el hombre. Nuestra especie puede verse afectada por muchas especies zoofílicas y algunas geofílicas.

Hombre, gatos, perros, caballos, aves de corral, porcino, ratones de campo, erizos, camellos, dromedarios, monos, aves, bovinos, ovino, pueden ser portadores de estos patógenos zoofílicos, mientras que los geofílicos se pueden encontrar en pelo, plumas, pezuñas, y astas. 

El agente etiológico más común es el Trichophyton rubrum propio del ser humano, seguido del T. mentagrophytes (roedores y perros) y el Microsporum canis (perro, gato, caballo). 

La tinea capitis es poco común en países desarrollados y está causada por Microsporum spp. (el más frecuente es el M. canis) y Trichophyton spp. La tinea corporis es, junto con la onicomicosis, la tiña más frecuente y los dermatofitos implicados en su presencia son el T. rubrum y T. tonsurans (específicos de la especie humana), y M. canis y T. mentagrophytes. La tinea cruris, que afecta a las ingles, áreas perineal y perianal, y ocasionalmente la parte superior de los muslos, está provocada por un hongo exclusivo de la especie humana, el Epidermophyton floccosum, que se transmite en duchas y gimnasios. 

Como veterinarios clínicos de animales de compañía con un altísimo número de gatos entre nuestros pacientes, en 38 años de trabajo, dos profesionales que trabajamos como titulares en una clínica, y que hemos elaborado esta revisión bibliográfica, hemos sido infectados por gatos en tres ocasiones (uno de los animales que nos contagió procedía de un criadero y los otros dos, de centros de adopción). La incidencia, por lo menos en nuestro caso, es irrelevante. Lo que sí es cierto es que un gato infectado puede diseminar la infección de forma rápida y generalizada entre todos los miembros de la familia que convivan con él. Podríamos afirmar que el contagio gato-humano se dará con más frecuencia si el felino procede de las instalaciones anteriormente mencionadas que si procede de una colonia felina controlada y adecuadamente gestionada en las que el hacinamiento es infrecuente, y prácticamente imposible si no hay un contacto directo con uno de estos gatos. Es decir, se podría dar en sus cuidadores, pero raramente en un ciudadano que no establece prácticamente ninguna relación directa con ellos.

Rabia

La rabia es una enfermedad vírica que afecta al sistema nervioso central de los mamíferos, entre ellos el hombre, y que es transmitida principalmente por los perros a través de su saliva (en el 99% de los casos) y en algunos casos, por murciélagos. Todavía está presente en dos terceras partes de los países del mundo y mata cada año a unas 59.000 personas, el 90% en Asia y África. Más del 80% de las personas afectadas viven en zonas rurales y carecen de la más mínima información sobre esta enfermedad. Según la Organización Mundial de la Salud, la vacunación masiva de perros en las zonas infectadas es la única manera de impedir su transmisión al ser humano. En España, la rabia está erradicada y no ha habido casos desde 1978, con excepción de tres que fueron importados: uno en Toledo en el año 2013 y los de Ceuta en 2019 y Melilla en 2020. Los tres tuvieron su origen en Marruecos, a través de animales cuyos responsables pasaron nuestra frontera de forma fraudulenta. La transmisión de la rabia por los gatos es sumamente rara, aunque, el último caso de muerte de una persona en España, en Baracaldo, fue por haber sido mordido por uno de estos animales en Marruecos. Anteriormente, en 2014, otra mujer, también de nacionalidad marroquí, murió en Madrid por haber sido mordida por un perro en su país de origen. Consideramos que la introducción de la rabia felina como una amenaza para la salud pública en el informe que estamos comentando y con los datos que tenemos en la actualidad, es un desatino o, mejor y ¿por qué no decirlo?, una irresponsabilidad, al alarmar innecesariamente a la población. Y dicho esto, apostamos por la vacunación obligatoria de perros, gatos y hurones en todo el Estado, una reivindicación muy antigua desde el sector veterinario

Giardiasis

Se trata de una infección provocada por un protozoo flagelado, Giardia duodenalis, que puede provocar síntomas digestivos. Se trata, por ejemplo, de la enfermedad intestinal más frecuente en Estados Unidos en humanos. La transmisión por el agua es la fuente más habitual de infección, aunque también puede darse al ingerir alimentos contaminados, a través del contacto interpersonal directo, por ejemplo, en guarderías, o entre compañeros sexuales. Los animales salvajes también pueden actuar como reservorios. Debido a esta razón, los riachuelos de montaña y los suministros municipales de agua clorada, pero mal filtrada, se vieron implicados en epidemias transmitidas por el agua. Las infecciones por este parásito las vemos en nuestras clínicas veterinarias con relativa frecuencia, en animales procedentes de albergues y criaderos, principalmente en perros, y raramente se producen contagios entre ellos y sus responsables (dueños o propietarios).

Dipilidiasis

El contagio a humanos suele ser de carácter accidental, fundamentalmente en niños pequeños (se ha descrito incluso en periodo neonatal), ya que éstos presentan un estrecho contacto con las “mascotas”. Son escasas las descripciones de esta infección en la literatura, y puede ser incluso confundida con oxiuriasis recurrente. 

En cuanto al ciclo biológico, los huevos están en las heces y son ingeridos por los huéspedes intermedios, pulgas (la pulga vector es del género Ctenocephalides canis o C. felis según su huésped definitivo) y menos frecuentemente piojos; en ellos, los huevos evolucionan a la forma juvenil (la larva de la tenia llamada cisticercoide). Los perros y gatos se infectan cuando ingieren las pulgas; las infestaciones humanas se deben a la ingesta de este parásito cuando los niños juegan con los animales, directa o indirectamente por contacto con objetos o suelos donde ha permanecido el animal infectado. Como veterinarios, podemos apuntar que este tipo de infección, en nuestra especie, es muy poco frecuente.

9. La «ilegalidad” de las colonias felinas

Por último, el informe al que estamos dando respuesta, hace toda una construcción argumental sobre las razones por las cuales las colonias felinas son directamente ilegales, instando a las autoridades municipales a corregir esta situación de forma urgente. Nosotros no somos juristas y, a diferencia de ellos, nos gusta limitarnos a argumentar sobre aquellas materias en las somos expertos. Sin embargo, recomendamos la lectura de este artículo, que, sin duda, esclarecerá muchos de los desaciertos de la argumentación de la ACBC. Sin querer extendernos mucho más, también recomendamos la lectura del Dictamen del Consejo de Estado de España, que se pronunció al respecto en relación con el proyecto de reglamento para la tenencia, protección y bienestar de los animales de compañía en la Ciudad Autónoma de Ceuta. Nos consta que en breve saldrá un artículo revisado por pares en una revista jurídica sobre el tema, por lo que nosotros, legos en la materia, no nos extenderemos en dar respuesta a esa parte del documento.

10. Conclusiones

Los gatos de vida libre, “comunitarios”, “asilvestrados” o “callejeros”, son domésticos, idénticos a los mantenidos como mascotas, pero para los que su hogar es la calle. Es importante destacar que muchos de ellos son adoptables, sobre todo cuando tienen la oportunidad de socializar con el ser humano (caso de los gatos de colonias felinas).

La pasividad de las administraciones en cuanto a educar la población, censar, identificar y la falta de hábito de castrar, especialmente, en el medio rural, provoca la aparición de incontables camadas todos los años, elevadísima mortandad y poca esperanza de vida. Se calcula que el incremento anual de estos gatos es del 47%, y la mejor forma de reducir su número es su Captura-Esterilización (Castración)-Suelta y Reintroducción.

El envenenamiento masivo o cualquier otra medida drástica conducente a su erradicación no mantendrá una zona libre de ellos durante mucho tiempo y son condenables.

Existe el efecto vacío. Cuando se extraen los gatos del medio, sea por el método que sea, habrá otros que llegarán y ocuparán el espacio de los erradicados. Esto está documentado en numerosos estudios científicos.

Capturar, castrar, soltar y reintroducir se ha demostrado como el método más eficaz de control y mejora sanitaria. No nacen más gatos, y la población se estabiliza y disminuye con el tiempo. No hay peleas, ni maullidos, ni marcaje con orina, con lo que se elimina su desagradable olor. Estos felinos y las personas pueden convivir perfectamente. Al disminuir el tamaño de la población, también se minimiza el efecto vacío.

Los ejemplares que no son sociables, ni adoptables, no deben ser capturados para ser llevados a refugios (mortalidad altísima y adopción casi imposible), sino que deben entrar en los programas de control por CES-R. Se trata de animales muy sensibles a los cambios; para la mayoría de ellos la ubicación en un refugio es una experiencia estresante debido a los cambios en su rutina, el entorno y la presencia de otros animales con los que no están familiarizados. El estrés altera el sistema inmune y la predisposición al desarrollo o reactivación de enfermedades.

La evidencia científica es abrumadora. El CES-R es la única forma eficaz de control de los gatos de vida libre, y, aunque no se quiera reconocer, toda vez que es imposible erradicar a todos los gatos del medio, también es la mejor forma de proteger la biodiversidad. Aunque los hay que se oponen a este método y continúan culpando a estos felinos de la reducción e incluso de la aniquilación y extinción de fauna silvestre, no existe una base científica para tales acusaciones. En este informe ha quedado evidenciado que las cifras que se ofrecen en algunos estudios son dispares y que las metodologías empleadas en muchos de ellos carecen del rigor suficiente para ser tenidas en consideración. A lo largo de este texto hemos dejado constancia de una serie de propuestas que deberían ser tomadas en cuenta en lo que se refiere al estudio de los impactos reales que provocan las colonias felinas controladas adecuadamente gestionadas. Hay muy pocos estudios publicados sobre este asunto, y los que hay, indican que el impacto que tienen sobre la diversidad biológica, es mínimo. Lo que parece evidente es que los gatos alimentados por el ser humano, tanto en un hogar como en una colonia felina, depredan menos que aquellos que no están controlados.

Las colonias deben tener un control regular, no basta con capturar, esterilizar, y reubicar. El único responsable legal debe ser el municipio, siendo indispensable la participación ciudadana y, por supuesto, la de los profesionales de la salud animal, los veterinarios.

Es indispensable la identificación de estos gatos y la elección de responsables de las colonias, junto a la información pública y difusión en los medios de comunicación. 

La reubicación de colonias felinas del medio rural al urbano, salvo contadísimas excepciones, como es el caso de la desaparición del medio en que habitaban o la evidencia real de que pueden poner en peligro una especie de especial protección, está desaconsejada.

Es indispensable la realización de campañas formativas y educativas para los ciudadanos encaminadas a disminuir las tasas de abandono y la tenencia responsable e informar adecuadamente sobre que la convivencia con estos animales no es peligrosa para su salud. 

Los programas de cría en cautividad de estas especies amenazadas, para su posterior liberación en espacios protegidos o en su hábitat natural, es el camino para su recuperación y conservación. La dotación de medios económicos para hacerlo posible es indispensable.

11. Lecturas adicionales

Aunque muchas de las afirmaciones que hacemos en este documento han sido referenciadas utilizando hipervínculos que dirigen al lector a las fuentes originales o a artículos y libros en los que ampliar la información, consideramos de utilidad proporcionar un listado de lecturas adicionales, con las que profundizar en los aspectos desarrollados en este documento. Algunas de las referencias, pocas, son documentos de índole privada, que podríamos compartir con todos aquellos que estén interesados, con el oportuno permiso de sus autores.  

José Enrique Zaldívar Laguía, Lina Sáez de Antoni, Virginia Iniesta Orozco y Anabel Marín GarcíaAVATMA

  1. Alley Cats Allies (2005) Guidelines: Safe relocation of feral cats. Bethesda, EE.UU.
  • Ayuntamiento de Alcantarilla (Murcia) (2020) Protocolo de gestión de colonias felinas.
  1. Bays D.J. (2016) Trap-neuter-return on a state scale. Animal Sheltering September-October 2016. 
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  1. Blancher P. (2013) Estimated Number of Birds Killed by House Cats (Felis catus) in Canada. Avian Conservation Ecology 8 (2)
  1. Brown D.M. (2019) Animal welfare complementing or conflicting with other sustainability issues. Applied Animal Behaviour Science 219: 104289.
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  1. Calver MC, Crawford HM, Fleming A. Response to Wolf et al: Furthering debate over the suitability of Trap-Neuter-Return for stray cat management. Animal (Basel) 2020 
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  1. Crawford HM, Calver Mc, Fleming PA. A case of letting the cat out of the bag- why Trap-Neuter-Return is not an ethical solution for stray cat (felis catus) management. Animals (Basel). 2019 
  • Iniesta Orozco V. Proyecto CER para el control y gestión de colonias felinas. AVATMA
  • Jaraba Carrillo N. La existencia real del “efecto vacío”. I Jornadas Felinas Andaluzas. Conclusiones. AVATMA.                
  • Montes Martín. Colonias felinas controladas de gatos urbanos. Departamento de Servicios Veterinarios. Madrid Salud

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