Sufrimiento del toro en Festejos Populares – Toro enmaromado

 TORO ENMAROMADO DE VILLALUENGA DE LA SAGRA.

En los últimos años se está dando una importancia creciente a las normas sobre bienestar animal debido a la influencia de varios factores entre los que podemos destacar:

-Un mayor conocimiento de las distintas disciplinas relacionadas con los animales, como son su comportamiento, la fisiología del estrés o el correcto manejo de los mismos.

-Una mayor concienciación social sobre las necesidades de los animales y un rechazo hacía los abusos que se consideran intolerables y no justificados, ni moral, ni económicamente.

Cuando se habla de bienestar nos estamos refiriendo a que:

-El organismo en cuestión no debería presentar alteraciones fisiológicas, es decir, las manifestaciones emocionales del animal no deberían diferir de las que presentan en condiciones normales.

-El bienestar animal tiene que ver con las sensaciones experimentadas por los animales, esto es: la ausencia de fuertes sensaciones negativas, llamadas en general sufrimiento y la presencia de otras positivas que se denominan placer. Toda evaluación del grado de bienestar animal debe por tanto centrarse en la medición de esas sensaciones.

En palabras de Xavier Manteca y Josep Gosa, profesores de etología de la facultad de veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona, corroboradas por Miguel Ibáñez, profesor de etología de la facultad de veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, la preocupación por el bienestar animal es el resultado de dos elementos:

-El reconocimiento de que los animales pueden experimentar dolor y sufrimiento.

-La convicción de que causar sufrimiento a un animal no es moralmente aceptable si no existe una razón de peso que lo justifique.

¿Podemos considerar las tradiciones populares en las que se somete a un grupo de animales, en este caso bóvidos, como justificación a ese sufrimiento? Desde el punto de vista de los veterinarios que formamos parte de AVATMA, la respuesta es contundente: no podemos.

Todavía hay quienes se preguntan si someter a un bóvido a estas prácticas puede causarle sufrimiento síquico y físico. Al tratarse de animales parece ser que todo está permitido si nos reportan entretenimiento y ocio.

¿Existen protocolos dotados del rigor científico suficiente que nos digan si realmente estos animales sufren en estas situaciones? ¿Podemos decir a ciencia cierta que ésas, en apariencia “banales” manifestaciones populares, implican una alteración del normal funcionamiento orgánico en estos animales? Podemos, sin duda.

Ante estas situaciones se presentará un fenómeno que se conoce como estrés.

¿Qué es el estrés? ¿Para qué sirve? ¿Qué consecuencias tiene para la salud del animal? ¿Qué mecanismos fisiológicos son responsables de él?

El estrés se define como: “Situación de un individuo o de alguno de sus órganos o aparatos que, por exigir de ellos un rendimiento superior al normal los pone en riesgo de enfermar”. Desde el punto de vista de la sicología y de la biología, el estrés se define como: “cualquier tensión o interferencia que altera el normal funcionamiento de un organismo”. Si el estrés es muy fuerte o las defensas inadecuadas, se puede producir una alteración psicosomática o mental.

Un determinado grado de estrés estimula al organismo y permite que éste alcance su objetivo volviendo a la normalidad cuando el estímulo ha cesado. Cuando se mantiene la tensión se entra en lo que se conoce como estado de resistencia, estableciéndose un estado de disconfort y si continúa el factor estresante se llega a un estado de agotamiento de los mecanismos de defensa fisiológicos, con la aparición de alteraciones funcionales y orgánicas. Es evidente que estos animales se enfrentan, desde que son descornados en sus ganaderías, transportados y utilizados en el festejo, por situaciones sumamente estresantes ante las que llegará un momento que sus mecanismos de defensa neuroendocrinos no podrán responder.

Resulta evidente que la situación a la que son sometidos estos animales va a provocar una respuesta por parte de su organismo, que se encuadra dentro de lo que se define como respuesta al estrés y que dicha respuesta, cómo hemos explicado, se verá influida por la intensidad y reiteración de los estímulo estresantes. A la presencia de estos estímulos aversivos, debemos añadir, entre otras, el previo del transporte hasta el lugar en el que se celebra el festejo y la excesiva actividad muscular a que se ven sometidos durante el mismo. Numerosos estudios realizados en este tipo de animales demuestran el gran estrés que sufren por estas dos últimas circunstancias. Se trata por tanto de una serie de estímulos desagradables para el animal que se van sumando desde el momento en que abandonan su explotación como hemos apuntado anteriormente.

Sabemos que las reacciones de cada animal están regidas por la interacción compleja entre su constitución genética y sus experiencias previas. Por ejemplo, animales con experiencias previas de manejo rudo las recordarán, y en el futuro, cuando se les exponga al mismo tipo de situación, podrán sufrir un estrés aún mayor. Sabemos que en algunas poblaciones muchos de los animales son reutilizados, con lo que sus experiencias negativas causantes del estrés se irán sumando y podrán derivar en incapacidad orgánica para dar respuesta a las mismas, lo que derivará en un fracaso de todos sus sistemas de defensa ante situaciones que les provocan miedo.

Cuánto más negativa sea esta experiencia, que ya intrínsecamente lo es, conducirá a un mayor sufrimiento en futuras experiencias similares.

El ganado que ha sido maltratado en una manga de compresión y que sufrió durante este proceso, será mucho más propenso a resistirse en el futuro como respuesta. La forma en que un animal es manejado tendrá un efecto perdurable en sus respuestas fisiológicas ante el estrés el resto de su vida, hecho que se puede comprobar con la medición de las hormonas que se descargan en situaciones estresantes, que mostrarán niveles altísimos con respecto a los fisiológicos o basales.

Le Doux, explicaba en 1994, que es muy difícil erradicar una respuesta condicionada de miedo, porque eso requiere que el animal suprima el recuerdo del miedo mediante un proceso de aprendizaje. Un único suceso aterrorizante puede producir una respuesta condicionada de gran intensidad que es casi imposible de erradicar. Estos animales desarrollarán un miedo crónico. La novedad es una causa muy poderosa de estrés y en especial cuando el animal es enfrentado a ella súbitamente. Por poner otro ejemplo ilustrativo, los bóvidos sometidos varias veces a viajes en camión en el que se caían repetidas veces al piso, mantenían las mismas elevaciones de hormonas medidoras del estrés (CRF, ACTH, cortisol y betaendorfinas) en cada uno de los viajes incluso en situaciones más confortables.

Otros factores de alto estrés que han sido demostrados en bóvidos son: distracciones en su camino, como sombras, irregularidades en el piso, superficies deslizantes o poco habituales para ellos, barreras físicas, y objetos que dificultan su paso y su posibilidad de huída, todas ellas presentes en este tipo de festejos. Estos animales separados del grupo y dejados en aislamiento padecerán miedo y pánico, y podrán tornarse en peligrosos para la gente.

El bienestar, en lo que se refiera a los animales domésticos, y los bóvidos de raza de lidia lo son, se centra en unos mínimos, que se hacen llamar las cinco libertades y que algunos han traducido en derechos.

Es una declaración simple sobre el bienestar animal contra el sufrimiento innecesario que fue promulgada en 1967 por el Farm Animal Welfare Advisory Committe (Comisión Consultiva sobre el Bienestar de los Animales de Granja).

 

  1. Libres de hambre y de sed.

 

  1.  Libres de incomodidad.

 

  1.  Libres de dolor, lesiones y enfermedades.

 

  1.  Libres de estrés, de malestar, de sufrimiento, de miedo y angusti

 

  1.  Libres de expresar su comportamiento natural.

Todo lo que no cumpla estos mínimos no debería ser permitido, y menos si se justifica en base a tradiciones o diversión. En ninguno de los festejos taurinos sean cruentos o no, se cumplen estas cinco libertades. De hecho no se cumplen en ningún espectáculo en el que se utilicen seres vivos.

La aceptación del maltrato animal, que es la excepción cuando se trata de animales de raza de lidia, en las leyes de protección animal, depende en gran medida de los equipos de gobierno de los municipios, independientemente de que su existencia y práctica sea legal. Que la tauromaquia sea una excepción en las leyes de protección animal, es un reconocimiento implícito de que existe ese maltrato.

Es frecuente pensar que los bóvidos de lidia, si no son heridos con los diversos utensilios que se utilizan en las lidias convencionales, no son maltratados y que por tanto no sufren, pero esto no es más que una mera suposición que carece del mínimo rigor científico En estos animales que son ensogados o enmaromados podemos hablar de dos tipos de sufrimiento:

Sufrimiento emocional: cuanto más corta es la edad de los animales utilizados, mayor es este sufrimiento, por la incapacidad de generar respuestas ante los estímulos desagradables, que se les provocan aversión y que sin duda alguna son el miedo, y el padecimiento de un altísimo estrés. Nadie puede negar la existencia de esta sensación, el miedo, en estos animales, que es una respuesta reconocida y consciente ante algo que se considera peligroso y ante lo que se puede luchar, huir o quedarse inmovilizado. Pudiera parecer que el hecho de que estos animales suelen enfrentarse a ellas desarrollando acciones de ataque, que son defensivas, los hace inmunes al sufrimiento.

Existe un padecimiento emocional previo que es el que se produce durante el transporte, y que puede provocar en estos animales hasta la pérdida de 30 kilos de peso. El miedo que padecen, al ser introducidos en un ambiente desconocido y hostil al mismo tiempo, tiene que ser intenso, y no debe preocuparnos como procesan ese miedo o cómo lo interiorizan, ni debemos compararlo con el que podemos padecer nosotros, y lo que para ellos o nosotros significa. Simplemente sabemos que existe, y simplemente debemos evitarlo.

El mundo de la neurociencia reconoce la capacidad de generar, procesar y responder a las emociones en todos los mamíferos y en las aves. Todos tienen las estructuras anatómicas, generan los procesos neuroquímicos, y tienen los mecanismos neurofisiológicos necesarios para ello.: además del padecido durante el transporte, debéis tener en cuenta que a todos estos animales, antes de la celebración del festejo, se les ha descornado, es decir se les ha recortado un trozo del pitón porque así lo ordenan los reglamentos. En otras ocasiones se les ha embolado poniendo fundas en sus defensas.Estas manipulaciones se reconocen como causa de altísimo sufrimiento en bóvidos por organismos veterinarios internacionales. El manejo de estos animales para la realización de esta amputación o para embolarles, antes de salir de las ganaderías, supone inmovilización y una manipulación que es altamente estresante y dolorosa. Debemos añadir a este intenso padecimiento la inmovilización para la colocación de la cuerda en su cornamenta.

Los bovinos de lidia son la raza de vacuno que tiene mayor cantidad de fibras musculares de contracción rápida, lo que significa que éstas son incapaces de generar energía a través del oxígeno, lo que provoca que sufran enormemente cuando se les somete a un ejercicio físico para el que no están preparados como es el que desarrollan durante el festejo que se celebra en su municipio.

En estos animales, y en situaciones similares a la que estamos tratando, se reconocen importantes lesiones en los músculos encargados de la locomoción y en los enderezadores del raquis, así como altísimas elevaciones de las enzimas que nos dicen si hay o no alteraciones musculares, lo que conocemos como miopatías.

Además, sabemos que en estas situaciones estos animales sufren lo que se conoce como lactacidemia, o acidosis metabólica, que es una parámetro inequívoco para medir el sufrimiento en los bóvidos. Se trata del acumulo de lactato en sangre y tejidos por la incapacidad de utilizarlo para generar energía a través del metabolismo del glucógeno y la glucosa. Con el ejercicio, los músculos generan ácido láctico, que pasa a la sangre, y se transforma en lactato.

Este lactato se utiliza para obtener energía y sufre una nueva transformación, que en estos animales es imposible que se produzca, por lo que se acumula en su sangre y sus tejidos. Esta acidosis se reconoce científicamente como una complicación médica que puede provocar la muerte en seres humanos y en otros animales. También se reconoce la elevación de los marcadores de la función renal y hepática y por supuesto altas elevaciones de las hormonas del estrés.

Además estos bóvidos padecen una intensa hipoxia, que ha sido medida por medio de gasometrías, y que es evidente con la simple observación de su respiración a lo largo del festejo. Estos animales presentan en su sangre y tejidos altos niveles de dióxido de carbono y niveles de oxígeno por debajo de lo que sería deseable.

Ejercicio anaeróbico-aeróbico. Durante su vida en las ganaderías, estos animales hacen muy poco ejercicio físico como rumiantes que son. Tan solo pasan el 3% del día moviéndose y cuando lo hacen raramente recorren largas distancias o corren. Los ejercicios que hacen de forma cotidiana, requieren muy poco oxígeno para realizarse con normalidad, por lo que son anaeróbicos, sin oxígeno, ya que son similares a los que hacen los atletas preparados para correr cortas distancias. Sin embargo, en todos estos festejos se les exige un mayor rendimiento, por lo que el organismo, para intentar soportarlo, debe transformar el metabolismo en aeróbico, es decir con oxígeno, y este tipo de cambio no lo pueden realizar los bóvidos, lo que se transforma en un inequívoco factor de sufrimiento, en un fracaso orgánico.

En los ejercicios aeróbicos, como los que realizan los atletas largas distancias, llega un momento en que se tienen que utilizar las grasas para obtener energía. Los bóvidos están incapacitados para hacerlo.

Consideramos por todo lo expuesto que este tipo de espectáculos deben ser suprimidos del calendario de las fiestas de su municipio por ser anacrónicos en pleno siglo XXI, y que la tradición no es motivo para su celebración.

Octubre 2015.

José Enrique Zaldívar Laguía. Presidente de AVATMA (Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal) en representación de los 368 que forman parte de esta asociación.

 

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