Informe veterinario sobre la Leishmaniosis canina y su gestión en perros de refugios municipales

Los perros positivos a leishmaniosis que estaban recogidos en la perrera de un municipio de la Comunidad de Madrid, eran sacrificados.

Gracias a un informe elaborado por cinco veterinarios de AVATMA y firmado por varios profesores de la facultad de veterinaria de Cáceres, presentado a través de la FAPAM, esta absurda medida ha sido suprimida. Los perros no serán sacrificados y se podrán dar en adopción. Preferimos mantener en el anonimato el nombre del ayuntamiento en el que se practicaba esta cruel manera de “prevenir” y “tratar” la zoonosis mencionada.


PROHIBIDO SU USO

 

INFORME VETERINARIO SOBRE LA LEISHMANIOSIS CANINA

GESTIÓN DE LA ENFERMEDAD EN PERROS DE REFUGIOS MUNICIPALES

perrito

 

ÍNDICE

  1. INTRODUCCIÓN
  2. EPIDEMIOLOGÍA DE LA LEISHMANIOSIS EN ESPAÑA
  3. PATOGENIA Y TRANSMISIÓN DE LA ENFERMEDAD
  4. MEDIDAS DE CONTROL
    1. LUCHA CONTRA EL INSECTO VECTOR
    2. DIAGNÓSTICO PRECOZ DE PORTADORES
    3. TRATAMIENTO DE LOS ANIMALES AFECTADOS
  5. SACRIFICIO DE PERROS INFECTADOS: UNA MEDIDA INEFICAZ
  6. CONCLUSIONES
  7. BIBLIOGRAFÍA  

1.     INTRODUCCIÓN

En ciertas perreras y refugios de animales municipales de nuestro país se está promoviendo, como medida de control de la leishmaniosis canina, el impedimento de entregar en adopción perros seropositivos a la enfermedad y el sacrificio sistemático de los animales infectados.

El objetivo del presente informe es exponer un abanico de métodos realmente eficaces para el control de la leishmaniosis en zonas endémicas y desestimar las medidas letales por ser métodos no éticos y porque, además, su efectividad está científicamente cuestionada.

2. EPIDEMIOLOGÍA DE LA LEISHMANIOSIS EN ESPAÑA

Las leishmaniosis son un conjunto de enfermedades causadas por protozoos parásitos pertenecientes al género Leishmania, que afectan a numerosas especies de mamíferos. En la cuenca Mediterránea la enfermedad está producida por la especie L. infantum y es transmitida por mosquitos del género Phlebotomus.

Aunque se considera al perro como el principal reservorio animal, existen muchas otras especies que pueden albergar el parásito, como demuestran diversos estudios realizados hasta la fecha (Morillas Márquez y col.1985, Portús y col. 2002, Fernández-Bellon y col., 2006, Martín-Sánchez y col. 2007, Sobrino y col. 2008, Millán y col. 2011, Molina y col.2012, Muñoz Madrid y col. 2013, Díaz-Sáez y col. 2014, García y col. 2014, Miró y col. 2014, Gao y col. 2015):

  • Mamíferos domésticos: gato, caballo, asno, ganado bovino, ovino y caprino
  • Mamíferos salvajes: zorro, lobo, meloncillo, gineta, marta, garduña, lince, rata, ratón, erizo, liebre, conejo

En cuanto a la leishmaniosis humana en nuestro país hay que señalar que, a pesar de que en zonas endémicas un alto porcentaje de la población es atacado por flebotomos infectados, la casuística de la enfermedad es muy baja. Ello es debido a que, en condiciones normales de salud, nuestra respuesta defensiva frente a la infección es intensa y eficaz, siendo capaz de impedir la expresión de los síntomas; de hecho, un elevado porcentaje de los casos clínicos se asocian a estados de inmunosupresión, como co-infección con el virus de VIH. Así, desde el año 1996 hasta el 2011, en España la incidencia media anual notificada estuvo alrededor de 0,45 casos/100.000 habitantes (Informe del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2012).

Respecto al reciente brote de leishmaniosis humana que se ha producido en el suroeste de la comunidad de Madridcon más de 560 casos detectados desde 2009 hasta 2015, el 70% en personas inmunocompetentes (Jiménez y col. 2014,
Aguado y col. 2013)- cabe reseñar que ha sido causado por cambios medioambientales inducidos por la actividad humana (Alvar y col. 2012), que han determinado la aparición de un ecosistema idóneo para el flebotomo y han favorecido que la abundante población de lagomorfos (liebres y conejos) presentes en la zona hayan funcionado como reservorios inusuales fuera del ámbito silvestre capaces de transmitir L. infantum al vector (Molina y col. 2012, Jiménez y col. 2014). Los datos publicados refuerzan la idea de que en estas circunstancias los perros infectados no son necesarios para mantener el ciclo del parásito, ya que el flebotomo prefiere alimentarse de la sangre de liebres y conejos (Jiménez y col. 2014, Martin-Martin y col. 2014, Jiménez y col. 2013).

Por último hay que señalar que, en caso de desarrollar la enfermedad, la respuesta al tratamiento en los pacientes humanos con leishmaniosis es muy buena, con tasas de curación de hasta el 99% (WHO technical report series, no. 949).

3.     PATOGENIA Y TRANSMISIÓN DE LA ENFERMEDAD

Tras la infección del perro por la picadura del mosquito, la progresión de la enfermedad va a depender de diferentes factores como la carga parasitaria inoculada, la presencia de reinfecciones sucesivas y, sobre todo, la efectividad de la respuesta inmune del animal (influenciada por la genética y factores ambientales).

Hay que tener muy presente que la detección de anticuerpos frente a la infección (seropositividad) en un animal no implica que éste esté enfermo de leishmaniosis. Así, algunos individuos tras ser infectados presentan formas de susceptibilidad (evolutiva o patente) con sintomatología, mientras que otros muestran distintos grados de resistencia a la enfermedad, desde formas autocurativas ­­­-que pueden representar un 10%- a formas latentes asintomáticas de evolución crónica (Lanotte y col. 1979).

Si un animal es diagnosticado precozmente en un estadio pre-clínico (con presencia de anticuerpos en sangre, pero sin signos clínicos) y se le administra el correspondiente tratamiento leishmanicida, se puede lograr que la infección no progrese y se mantenga en una forma latente, sin signos clínicos; mientras que en ausencia de tratamiento podrá dar lugar al desarrollo de una forma evolutiva patente sintomática. De ahí la importancia de realizar un diagnóstico precoz de la infección y su correspondiente tratamiento.

Estudios científicos asocian la capacidad de un animal infectado para transmitir la enfermedad con la carga parasitaria presente en dicho individuo (Courtenay y col. 2014), reportando que esta capacidad parece ser mayor en animales clínicamente enfermos (Baneth y col. 2008). Ensayos bajo condiciones experimentales han concluido que los perros sintomáticos son cuatro veces más infectivos para el vector que aquellos animales oligosintomáticos (con pocos signos clínicos) o asintomáticos (Michalsky y col. 2007). Algunos autores incluso discuten la importancia de estos últimos en la epidemiología de la leishmaniosis canina (Solano-Gallego y col. 2004).

4. MEDIDAS DE CONTROL

Además de la inmunoprofilaxis (vacunación), los sistemas más eficaces para la lucha contra esta parasitosis se pueden englobar bajo tres grandes aspectos:

 A. LUCHA CONTRA EL INSECTO VECTOR

  • Medidas sobre el entorno:
  • Medidas estructurales: colocación de mallas mosquiteras con trama adecuada para flebotomos, tapar agujeros y oquedades en muros, eliminar acúmulos de materia orgánica (restos de vegetación, basuras, etc.)
  • Tratamiento con insecticidas piretroides de zonas peridomésticas e intradomiciliarias (leñeras, muros, contadores eléctricos y de agua, casetas de perros. etc). Existen ya pinturas con piretroides incorporados.
  • Medidas que afectan al animal:
  • Protegerlo durante la temporada de actividad del vector con productos repelentes que contengan piretrinas (collares, pipetas, sprays…)
  • Evitar los paseos a primera hora de la mañana y al anochecer por zonas de alta densidad de flebotomos y procurar que no duerma a la intemperie en patios, jardines o terrazas (si ha de dormir en exterior, utilización de mosquiteras en su zona de descanso).

B.    DIAGNÓSTICO PRECOZ DE PORTADORES

En zonas endémicas de la enfermedad se recomienda realizar a todos los perros, de forma rutinaria, un chequeo anual (o mejor semestral) para detectar de forma temprana el posible contagio por Leishmania. De esta forma, se está a tiempo para un tratamiento de control de los signos clínicos y el riesgo de muerte es mucho menor. Los perros detectados en esta fase son los que presentan mejores perspectivas, ya que se los comienza a tratar cuando aún el parásito no ha lesionado ningún tejido en forma severa. Por tanto, es fundamental que desde la administración se promueva la educación sanitaria de los propietarios de perros en zonas endémicas, instándolos a que lleven a cabo estos chequeos periódicos y los animales portadores sean detectados de forma precoz.

Para un correcto diagnóstico de la infección se utilizan fundamentalmente dos tipos de técnicas: parasitológicas (detectan la presencia del parásito o su ADN en distintos tejidos corporales) e inmunológicas (detectan la respuesta de anticuerpos del perro frente a Leishmania). Lo más fiable es emplear, siempre que sea posible, una técnica de cada tipo para asegurar el resultado.

C.    TRATAMIENTO DE LOS ANIMALES AFECTADOS

El tratamiento en el perro tiene como objetivo que remitan los síntomas y permanezca clínicamente sano, aunque en la mayoría de las ocasiones no esteriliza totalmente al animal (el parásito, aunque en menor cantidad, permanece en su organismo). Su efectividad está condicionada a la fase en la que se encuentre la enfermedad, ya que la aparición de alteraciones orgánicas como la insuficiencia renal conlleva un pronóstico menos favorable (de ahí importancia del diagnóstico precoz).

La probabilidad de aparición de recaídas es muy variable: dependerá de la calidad de vida del perro, de posibles reinfecciones por flebotomos y del seguimiento veterinario que se practique. Por esta razón, los perros infectados deben ser controlados periódicamente (cada 6-12 meses) para evaluar su estado de salud y niveles de anticuerpos, y tienen que ser tratados de nuevo si hay indicios de recidivas.

El tratamiento reduce significativamente la infectividad de los perros hacia el flebotomo, disminuyendo la carga parasitaria y, por tanto, el riesgo epidemiológico para otros perros y para el ser humano (Gradoni y col. 1987, Ribeiro y col. 2008, Miró y col. 2011, Vulpiani y col. 2011).

5.   SACRIFICIO DE PERROS INFECTADOS: UNA MEDIDA INEFICAZ

La OMS, en sus medidas de prevención y lucha contra la leishmaniosis indica que “el control de los reservorios animales resulta complejo, y debe adaptarse a la situación local” (WHO. Media centre. Fact sheet N°375: Leishmaniasis). En este sentido, algunos países como China o Brasil han adoptado como estrategia de control el sacrificio masivo de perros seropositivos.

Sin embargo, numerosos trabajos (Maroni Nunes y col. 2008, Costa 2011, Vulpiani y col. 2011, Esch y col. 2012, Massad Ribas y col. 2013, Travi 2014) cuestionan la efectividad de este sistema para disminuir la incidencia de leishmaniosis humana en áreas de alta transmisión, además de que cada vez más autores consideran esta medida inaceptable desde el punto de vista ético.

En estudios llevados a cabo en Brasil, la estrategia que se ha demostrado más eficaz para reducir la leishmaniosis visceral humana es el control de vectores con collares insecticidas o principios activos repelentes administrados sobre el perro (Massad Ribas y col. 2013).

Tampoco debemos olvidar que aunque se eliminen los individuos infectados de una de las especies que actúa como portadora de la enfermedad (en este caso el perro) seguirían existiendo otros muchos animales domésticos y salvajes que pueden actuar como reservorios de la misma.

 6.   CONCLUSIONES

  • Es imprescindible que se implementen políticas de mejora de la educación sanitaria en zonas endémicas, recalcando la importancia de la concienciación de los propietarios para realizar chequeos anuales a sus perros y diagnósticos precoces de la enfermedad.
  • La administración debería establecer la leishmaniosis como enfermedad de declaración obligatoria y forzar el tratamiento de los animales enfermos, ya que está demostrado que un animal tratado supone un riesgo epidemiológico mucho menor.
  • Actualmente, la mejor herramienta de control es la prevención mediante el uso de medidas frente al insecto vector.
  • Un perro infectado con Leishmania no es sinónimo de un perro enfermo. Existe un porcentaje de animales infectados que incluso manifiestan formas regresivas de la enfermedad (seroconversión y autocuración).
  • El riesgo del ser humano a sufrir la infección no aumenta con un perro en casa al vivir en una zona endémica de leishmaniosis, ya que el número de flebotomos transmisores que circulan en el medio ambiente es muy elevado y la persona puede recibir picaduras en cualquier lugar.
  • Los perros con leishmaniosis controlada pueden llevar una vida perfectamente normal, sólo necesitan ser chequeados regularmente y tratados si aparecen recidivas.
  • El sacrificio de los perros positivos a Leishmania es un método no ético y ha demostrado ser ineficaz en los programas a gran escala donde se ha aplicado.

La eutanasia sólo debería aplicarse en caso de enfermedad avanzada incompatible con una buena calidad de vida (por ejemplo, si existen graves lesiones de órganos internos).

No hay que pasar por alto las siguientes circunstancias:

  1. Además del perro, muchas otras especies animales (tanto domésticas como silvestres) actúan como reservorios de la enfermedad.
  2. La leishmaniosis canina tiene una alta prevalencia en muchas zonas de nuestro país, existiendo un elevado número de perros infectados – muchos aún no diagnosticados- que no están siendo objeto de evaluación, terapia ni seguimiento.

Por tanto, el sacrificio en los centros municipales de un pequeño porcentaje de perros seropositivos (que, además, podrían recibir tratamiento para reducir su carga parasitaria) no constituye realmente ningún avance efectivo en el control epidemiológico de la enfermedad.

Teniendo en cuenta todos los motivos anteriormente expuestos consideramos que no existen argumentos razonables para imposibilitar la entrega en adopción de los animales seropositivos albergados en refugios y perreras; entrega que, además, es una práctica habitual en la mayoría de albergues y protectoras de nuestro país. Solamente habría que tener en consideración unos sencillos aspectos básicos para gestionar este tipo de adopciones:

  1. Los animales se deberían entregar una vez hayan recibido el correspondiente tratamiento leishmanicida o con el compromiso firmado del adoptante de que continuará la terapia hasta su finalización y posterior seguimiento.

 

  1. El adoptante debe de ser debidamente informado acerca de la enfermedad del perro del que se va a hacer responsable, y tiene que ser consciente de que debe mantener una cuidadosa vigilancia del estado de salud de ese animal el resto de su vida, sometiéndolo a chequeos periódicos y repetición del tratamiento si fuera necesario.

 

  1. Se le debe recomendar al adoptante la utilización de sistemas de barrera frente al vector (flebotomo), para impedir cualquier posible transmisión y para evitar que ese animal sufra nuevas reinfecciones en un futuro.

 

FIRMAN EL PRESENTE INFORME:

  • Virginia Iniesta Orozco. Veterinaria. Científica del grupo de investigación LeishmanCeres (Unidad de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Departamento de Sanidad Animal, Facultad de Veterinaria de Cáceres, Universidad de Extremadura). Vicepresidenta de la asociación nacional de veterinarios AVATMA.

 

  • Luis Carlos Gómez Nieto. Veterinario. Director del grupo de investigación LeishmanCeres. Profesor Titular de la Unidad de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Departamento de Sanidad Animal, Facultad de Veterinaria de Cáceres, Universidad de Extremadura.

 

  • Francisco Javier Serrano Aguilera. Veterinario. Científico del grupo de investigación LeishmanCeres. Profesor Titular de la Unidad de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Departamento de Sanidad Animal, Facultad de Veterinaria de Cáceres, Universidad de Extremadura. Miembro de la asociación nacional de veterinarios AVATMA.

 

  • Javier Fernández Cotrina. Veterinario. Científico del grupo de investigación LeishmanCeres (Unidad de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Departamento de Sanidad Animal, Facultad de Veterinaria de Cáceres, Universidad de Extremadura).

 

  • Eva María Frontera Carrión. Profesora Titular de la Unidad de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Departamento de Sanidad Animal, Facultad de Veterinaria de Cáceres, Universidad de Extremadura.

 

  • Rubén Muñoz Madrid. Veterinario. Científico del grupo de investigación LeishmanCeres (Unidad de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Departamento de Sanidad Animal, Facultad de Veterinaria de Cáceres, Universidad de Extremadura). Miembro de la asociación nacional de veterinarios AVATMA.

 

  • Silvia Belinchón Lorenzo. Veterinaria. Científica del grupo de investigación LeishmanCeres (Unidad de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Departamento de Sanidad Animal, Facultad de Veterinaria de Cáceres, Universidad de Extremadura).

 

  • Lina Sáez De Antoni. Veterinaria titular en clínica de pequeños animales desde 1982. Colegiada nº 1.498 de Madrid. Secretaria de la asociación nacional de veterinarios AVATMA.

 

  • José Enrique Zaldívar Laguía. Veterinario titular en clínica de pequeños animales desde 1982. Colegiado nº 1499 de Madrid. Presidente de la asociación nacional de veterinarios AVATMA.

 

7.   BIBLIOGRAFÍA

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