Sufrimiento psicológico de los burros en una carrera urbana

A solicitud del partido ecologista EQUO, remito INFORME VETERINARIO sobre el sufrimiento psicológico (angustia, estrés) que pudieran padecer los burros participantes en la carrera que, según se me comunica, tiene lugar en el municipio de Galdakao.

A lo largo de las últimas décadas, se está concediendo una importancia creciente al trato que se supone deben recibir en general los animales por parte de la sociedad, y de ello se derivan las distintas normativas que sobre bienestar y protección animal han ido promulgándose sin cesar durante este período en las distintas Comunidades Autónomas españolas, incluido el País Vasco, a través de su Ley 6/1993, de fecha 29 de octubre.

A partir del material gráfico que me ha sido facilitado por el referido partido ecologista, consistente tanto en imágenes fotográficas como en grabaciones de vídeo (también de ediciones anteriores a la presente), y desde mi calidad de profesional veterinario, puedo concluir QUE:

  1. Los animales que participan en la carrera lo hacen bajo evidentes estados de estrés, derivado sin duda por una sensación general de angustia, al verse sometidos a una situación para ellos desconocida y ajena a su naturaleza, pues se desarrolla el evento en un ambiente festivo y desenfadado, donde prima la música ambiental y los gritos de un numeroso público. En tal sentido, debe remarcarse el significado biológico del estrés, que se define desde esta perspectiva como una “situación de un individuo o de alguno de sus órganos o aparatos que, por exigir de ellos un rendimiento superior al normal, los pone en riesgo de enfermar”. Desde el punto de vista de la psicología, el estrés se define como “cualquier tensión o interferencia que altera el normal funcionamiento de un organismo”. Si el estrés es muy fuerte o las defensas inadecuadas, puede producirse una alteración psicosomática o mental. Un determinado grado de estrés estimula al organismo y permite que este alcance su objetivo volviendo a la normalidad tras el cese del estímulo. Cuando se mantiene la tensión, se entra en lo que se conoce como “estado de resistencia”, estableciéndose entonces un estado de disconfort, y, de continuar el factor estresante, se llega a un estado de agotamiento de los mecanismos de defensa fisiológicos, con la aparición de alteraciones funcionales y orgánicas. Me parece evidente que la situación a la que son sometidos estos animales va a provocar una respuesta por parte de su organismo, que se encuadra dentro de lo que se define como “respuesta al estrés”, y que dicha respuesta se verá condicionada tanto por la intensidad como por la reiteración de los estímulo estresantes. A la presencia de dichos estímulos aversivos, debemos añadir –entre otras variables– la previa del transporte hasta el lugar en que se celebra el festejo, así como la excesiva actividad muscular a que se ven sometidos durante el mismo. Estaríamos por tanto ante un conjunto de estímulos desagradables para los burros, que se van sumando desde el momento en que abandonan su lugar de origen.

Por otro lado, se sabe que las reacciones de cada animal están regidas por la interacción compleja entre su constitución genética y sus experiencias previas. Por ejemplo, animales con experiencias previas de manejo rudo, las recordarán, y en el futuro, cuando sean expuestos a situaciones similares, podrán padecer un estrés aún mayor, con lo que la reutilización de los mismos animales –ignoro si se da esta circunstancia– hará que sus experiencias negativas causantes del estrés se acumulen, pudiendo derivar en incapacidad orgánica para dar adecuadas respuesta a las mismas, lo que a su vez devendrá en un fracaso global de sus sistemas de defensa ante situaciones que les provocan miedo. Por ello, la forma en que un animal es manejado tendrá un efecto perdurable en sus respuestas fisiológicas ante el estrés el resto de su vida, hecho que se puede comprobar con la medición de las hormonas que se descargan en situaciones estresantes, las cuales mostrarán niveles altísimos con respecto a los fisiológicos o basales. Algunos científicos expertos en la disciplina de la neurociencia explican que es muy difícil erradicar una respuesta condicionada de miedo, porque eso requiere que el animal suprima el recuerdo del miedo mediante un proceso de aprendizaje. Así, un único suceso aterrorizante puede producir una respuesta condicionada de gran intensidad que es casi imposible de neutralizar. Por consiguiente, los animales sometidos a estrés agudo están en disposición de desarrollar un miedo crónico.

En la misma línea de razonamiento, decir que la novedad es una causa muy poderosa de estrés, en especial cuando el animal es enfrentado a ella de forma súbita.

  1. La actitud de varios de los animales que aparecen en fotografías y vídeos denota claro temor, máxime cuando, por lo que aprecio, se celebra la competición sobre el clásico suelo de asfalto propio de las ciudades, firme sin duda inadecuado para animales de pezuña, diseñada esta para el desplazamiento por suelo de tierra. Semejante estado de inseguridad debe de provocar sin duda un importante grado de displacer, sin que pueda evaluar su nivel concreto, aunque no albergo duda alguna sobre su presencia.
  1. Del material gráfico que se me ha facilitado por parte de EQUO puedo concluir que varios de los animales se muestran reacios a dirigirse al lugar pretendido por sus guiadores con lo que cabe concluir que experimentan aprensión, llegando alguno de ellos a bajar sus cuartos traseros en clara muestra de reacción con lo que le está sucediendo.

 

  1. Además del material gráfico al que he tenido acceso, he de manifestar que, en el caso de los équidos (y en general de los mamíferos domésticos), el mero hecho de desubicarles de su lugar cotidiano de convivencia provoca en ellos algún grado de estrés, que, por tratarse de un evento de claro carácter festivo (no respondiendo, en consecuencia, a necesidad básica alguna), considero reprobable. Asimismo, y abundando en una apreciación anterior, debo remarcar que, por mis conocimientos, el transporte resulta en general para ellos una experiencia desagradable, pues no están fisiológicamente adaptados a dicha situación (subida y bajada a través de rampas, bamboleo del vehículo, baches del firme). Si acaso lo “soportan”, es únicamente porque se ven obligados a ello.

 

Les invito a que hagan un completo análisis sanguíneo en estos animales antes y después de ser utilizados en las carreras, que incluya la medición de hormonas como propiomelanocortina,  cortisol, ACTH, tiroxina, betaendorfinas y metencefalinas, y de parámetros hemáticos como los marcadores de la función renal y hepática, los electrolitos, las enzimas musculares como la cretiatinfosfoquinasa (CPK)  y lactatodeshidrogenada (LDH), los índices de ácidos láctico (lactato), acético, y pirúvico, junto a la medición del pH sanguíneo, y un recuento completo de células hemáticas. Es muy probable que se aprecien importantes diferencias  entre unas analíticas y otras, que servirán como indicadores del sufrimiento físico y psíquico (emocional) que padecen.

El ser humano tiene dos obligaciones que debe incorporar de forma urgente a sus códigos de conducta, y que son el respeto y la compasión hacía todos los animales, que deberán estar presentes de forma prioritaria en sus principios morales, lo que nos conducirá a dotarlos de una vida digna, de bienestar, y a no someterlos a maltratos ni a padecimientos innecesarios. Si somos capaces de adquirir ese deber como especie, habremos avanzado un largo trecho en el camino que nos lleve a dotarlos a derechos.

 

Como resumen, diré que el escenario en que se desarrolla la competición resulta de todo punto incompatible con la preservación del bienestar de los équidos participantes, y que por ello incumple con toda seguridad la antes citada normativa (Ley 6/1993), al menos en lo que se refiere a su artículo 4.2.a, que prohíbe “Maltratar a los animales o someterlos a cualquier práctica que les pueda producir sufrimientos o angustia injustificados”.

 

Expido este INFORME VETERINARIO en Madrid, a 4 de octubre de 2012.

 

José Enrique Zaldívar Laguía

Nº de Colegiado 1499

Ilustre Colegio de Veterinarios de Madrid

 

Asesor veterinario del Grupo para el Estudio de la Violencia de Animales y Humanos (GEVHA)

PROHIBIDO SU USO