Sobre la visión del toro en la lidia

Apuntes sobre la capacidad de visión del toro de lidia. (“Fundamentos anatomo-funcionales de la visión en el Toro de Lidia). Prof Dr. R. Martín Roldán. Catedrático de Anatomía de la Univesidad de Madrid. 1976.

En la retina del toro de lidia se aprecia el poco desarrollo de los conos, y el incremento de bastones.
En cuanto al aparato motor del globo ocular, el músculo recto posterior está dividido en cuatro fascículos musculares muy desarrollados, lo que facilita la gran movilidad que presenta, que le permite “incluso girar sobre si mismo”.

Se trata de un animal hipermétrope, con una deficiente visión en cercanías y una visión normal a distancia. Se sospecha que el toro de lidia padece de astigmatismo.

De todos es sabido que si un individuo ha permanecido encerrado en una semioscuridad, como ocurre en el toro de lidia antes de salir al ruedo, creemos que en el momento de la salida del toríl el animal presenta el máximo de agudeza visual.

Hemos determinado el ángulo visual de cada uno de los ojos del toro de lidia de una manera gráfica, llegando a la conclusión de que es de 135 grados aproxidamente.

“La percepción de los colores depende de la intensidad de la proporción de color simple o monocromático emitido por un objeto coloreado y recibido por la retina del sujeto, además de la distancia que media entre el objeto y el ojo, ya que las iluminaciones son directamente proporcionales a sus intensidades e inversamente proporcionales a los cuadrados de las distancias que las separan de la superficie iluminada”.

Sabemos que corresponde a los conos la percepción de los colores. Si el examen de la retina del toro de lidia nos demostró que este animal tiene poco desarrollada la zona de los conos, abundando no obstante los bastones, nos cabe pensar que la percepción cromática del toro no sea igual a la de otros mamíferos. Nuestra opinión es, que el toro de lidia no matiza la diversidad de colores y tonalidades y que ataca al engaño del trapo por la percepción retiniana de los excitantes cromáticos, que como sabemos se catalogan en dos grupos: rojo, naranja y amarillo, que incitan a la acción, y azul, verde y violeta, que son tonos reposantes.

Creeemos que en el toro de lidia existe una mala percepción de los colores y una falta de matización de las tonalidades, y ceguera para algunos colores.

El toro presenta un area de ceguera posterior de con ángulo de 108 grados a 110 grados.

El campo de visión uniocular queda reducido a 115 grados para cada ojo.

El campo de visión binocular, en horizontal, es de 20 grados, y en vertical hacía el suelo es de 60 grados.

Podemos decir que su visión uniocular es amplia, pero no lo es la binocular.

El cono de ceguera anterior tiene una longitud, en horizontal de 90 a 125 cm, y en vertical hacía el suelo de 60 grados.

Como consecuencia del entrecruzamiento de los ángulos de visión queda una zona de forma cónica y de base frontal, existente inmediatamente delante del animal, que es de ceguera absoluta.

El eje de simetría de esta zona cónica, tiene una longitud que oscila entre 95 y 125 cm. En cuanto a esta apreciación, el doctor Anas, valora esta distancia en tres metros.

Estos datos que se aportan se han obtenido en condiciones normales, pero: ¿se mantiene esta visión durante toda la lidia? Indudablemente que no; forzosamente los avatares de la lidia tienen que ir disminuyendo las percepciones visuales.

Los factores que van a hacer que el toro disminuya su capacidad de visión son: la luminosidad (las corridas tienen lugar en la época más luminosa del año). Los estímulos más eficaces representados por el movimiento y los excitantes cromáticos de mayor contraste. “El toro ataca unicamente cuando estas excitaciones alcanzan los centros nerviosos y se transforman en sensaciones de fatiga y nerviosidad que se caracterizan por una acción explosiva inadecuada al excitante (Laffite)” Efectivamente existe una fuerza hipnótica que el torero debe conseguir de su enemigo con trabajo y tenacidad. “El hombre inmoviliza la atención del toro manteniéndola fija por un fuerte estímulo (Laffite)”. El animal, bajo este estado de semiinconsciencia sufre en la última parte de la lidia una gran disminución de su visión normal motivada por una constante fijación de la mirada, producida por pases rápidos delante de su cara, gran fatiga muscular y un intenso dolor producido por las puyas y las banderillas. Sus músculos mantenidos en constante movimiento le producen un agotamiento nervioso.

Las cosas atraen e impresionan mucho más los sentidos cuando están en movimiento: en visión uniocular la distancia del objeto no se precisa con exactitud. Esta puede ser la causa de que normalmente el torero, muy cerca del toro, en el centro del ángulo de visión uniocular, ante un ojo hipermétrope, con imágenes cercanas confusas, inmóvil, alargue el brazo y ponga en movimento la muleta en el ojo opuesto del animal, consiguiendo de esta forma que éste sólo aprecie el movimiento del engaño, haga por él y al mismo tiempo tenga salida.

Teniendo en cuenta que el encéfalo y los centros nerviosos en general, necesitan una constante sanguínea de presión y volumen, y que durante los estados de somnolencia, hipnosis e intensa fatiga muscular, se produce una vasoconstricción de estos centros nerviosos, pensamos que la visión del toro al final del la lidia se verá considerablemente disminuida hasta el punto de que el animal ni siquiera aprecie la morfología de los objetos y mucho menos su localización.

Por tanto, los excitantes intensos de luminosidad, movimiento, dolor, hiponosis e isquemia cerebral, producen una disminución de su visión normal durante la lidia.

Publicado en el libro “Tres ciclos sobre el toro de lidia”, editado por el Ilustre Colegio Oficial de Veterinarios de Sevilla.

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