Informe veterinario sobre las colonias felinas y su control por el método de Captura, Esterilización y Suelta (CES)

LA ÉTICA Y LA CIENCIA COMO HERRAMIENTAS PARA EL BIENESTAR ANIMAL: INFORME VETERINARIO SOBRE LAS COLONIAS FELINAS Y SU CONTROL POR EL MÉTODO DE CAPTURA, ESTERILIZACIÓN Y SUELTA.

Mediante esta revisión bibliográfica sobre trabajos realizados por veterinarios expertos en este tema, vamos a demostrar que el método CES, Captura-Esterilización-Suelta, es el único que debe ser tenido en consideración y por tanto el que debe ser aplicado, desde el punto de vista científico y desde la perspectiva ética, en el control de colonias felinas urbanas y periurbanas.

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El CES mejora la vida de estos animales, así como su relación con las personas que viven cerca de ellos, y disminuye el tamaño de las colonias. Los gatos que viven en ellas tienen una salud mejor, y su esperanza de vida aumenta. Las agresiones entre machos, con todas las consecuencias que esto conlleva, disminuyen de forma notoria, así como el estrés entre sus miembros medido por determinaciones de cortisol en el pelo de estos animales.

Las quejas que derivan de la presencia de gatos ferales en el vecindario se reducen de manera importante una vez que las colonias han sido controladas y la convivencia entre el ser humano y estos gatos mejora de forma notable.

Existen numerosos estudios sobre el tema llevados en cabo en diversos países y que han sido publicados en diversas revistas científicas (Consultar bibliografía al final del informe).

Existen diferentes aproximaciones para el control de gatos ferales:

-Desalojo y adopción.

-Desalojo y confinamiento.

-Desalojo y sacrificio.

-Esterilización y regreso a la colonia de origen.

Las políticas públicas deben:

-Centrarse en el total de gatos y no en casos particulares.

-Planear el mejor uso de los recursos.

-Aproximarse al problema desde una perspectiva de salud grupal.

Aún sabiendo que los sistemas de control de los gatos ferales generan controversia, a pesar de que desde algunos sectores de la sociedad se recomienda el sacrificio, y a pesar de que otros creen que la calidad de vida de los gatos ferales debe ser igual a la de los animales salvajes, el movimiento “no kill” o “no muerte”, ha hecho replantearse ciertas creencias del sacrificio como método ético y científico del control poblacional.

El programa debe integrar la seguridad ambiental, accesibilidad, sostenibilidad, y tener en cuenta el vínculo entre el público en general y los animales, sabiendo que será necesario un esfuerzo continuado en el tiempo.

Los gatos son animales domésticos que coexisten con los seres humanos de diferentes maneras según las circunstancias desde hace miles de años.

Son seres sensibles cuyo bienestar es importante. Son capaces de experimentar emociones, incluyendo sensaciones agradables y desagradables como dolor, miedo, ansiedad, frustración, estrés, hambre y sed. Su grado de sociabilidad varía de unos individuos a otros, fundamentalmente en base a su instinto y a sus experiencias previas, es decir, de su aprendizaje.

El bienestar de estos animales, si viven bajo la responsabilidad directa del ser humano, está prácticamente garantizado. Otra cosa es cuando determinados grupos de individuos viven en núcleos urbanos o próximos a ellos sin estar bajo nuestro control directo. Es entonces cuando las poblaciones de gatos crecen y se hace necesario su manejo para anticiparnos a la presencia de un número excesivo de ellos, lo que redundará en su bienestar y en el nuestro. La prevención de su capacidad de reproducirse es fundamental en la gestión de estas colonias y evitará el sacrificio de los animales que forman parte de ellas.

Evidentemente la gestión de poblaciones de gatos debe ser planificada, dirigida y eficiente.

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El método TNR (Trap-Neuter-Return, en castellano CES, Captura-Esterilización-Suelta), cuando se realiza correctamente, se ha demostrado eficaz en la gestión de poblaciones de gatos a lo largo de muchos años y en muchos lugares del mundo. Un grupo estable de gatos esterilizados limitará las zonas en que otros puedan entrar, evitando la reproducción de sus individuos y las molestias que para el ser humano se deriven de su existencia. Para el bienestar óptimo de los animales esterilizados, éstos deben ser devueltos al mismo lugar en el que fueron capturados lo más rápidamente posible.

El método CES implica la esterilización tanto de machos como hembras sin excepciones, entendiendo por esterilización la extirpación quirúrgica de las gónadas, es decir, testículos en los machos y ovarios en las hembras, a ser posible, en estos casos, lo más cerca posible a la pubertad. A la propuesta de ligadura de trompas en las hembras decimos no, porque eso no solucionaría nada más que un problema, el de la imposibilidad de gestar, pero no eliminaría el resto de las molestias que sus celos ocasionarían y las respuestas a los mismos de los machos que convivan con ellas.

Una vez localizada la colonia sobre la que se va a trabajar en la esterilización, lo adecuado es que se aplique sobre el 70-80% del total de los individuos que la forman. De no ser así, la captura de los gatos con las jaulas trampa será más complicada.

La gata doméstica es poliéstrica estacional, con ovulación inducida por el coito, aunque la ovulación espontánea puede ocurrir en algunas hembras, especialmente en aquellas que están confinadas en el mismo espacio que los machos debido al efecto de las feromonas, incluso sin existir contacto físico ni visual.

El celo ocurre con un intervalo de 14-19 días en aquellas gatas sometidas a un fotoperiodo largo (14 horas de luz diaria). Sin embargo con un régimen lumínico artificial de 14 horas de luz diarias ciclan durante todo el año. En periodos de luz cortos, de 8 horas, la actividad ovárica cesa y las hembras entran en fase de reposo sexual. Podemos decir por tanto que pueden darse épocas de máxima actividad sexual pero eso no significa que algunas gatas puedan entrar en celo en meses que podríamos considerar atípicos.

La nutrición, es decir, la disponibilidad de alimento, también se ha demostrado como un factor que puede influir en el número de celos de las hembras ferales a lo largo del año.

La mayoría de las hembras felinas alcanzan la pubertad entre los 6 y 9 meses, aunque sabemos que aquellas que nacieron en invierno comienzan su actividad sexual antes de las que nacieron en verano. El factor racial también influye en la aparición del primer celo así como el peso del animal. Una vez en celo, las hembras pueden estar receptivas entre 6 y 10 días. La gestación varía de 62 a 71 días, con una media de 66 días. Las hembras pueden volver a entrar en celo, en condiciones idóneas, incluso en la última fase de la lactación o poco después del destete.

El control de las colonias bajo el método CES permitirá reducir enormemente las preocupaciones sobre la salud pública que pueden surgir alrededor de los gatos domésticos.

La esterilización es, por tanto, la base de la gestión de estas colonias que implica determinadas actuaciones que deben producirse con cuidado, control y precisión, y con supervisión veterinaria, ya que durante los programas se pueden llevar a cabo otro tipo de actuaciones médicas para mejorar la calidad de vida de los gatos “sin responsable”, como son las desparasitaciones, las vacunaciones y la identificación.

La aplicación de vacunas y la desparasitación contra enfermedades zoonóticas y enfermedades felinas, junto al control de la población mediante la esterilización, conseguirá reducir muchas de las preocupaciones sobre salud pública que puedan surgir alrededor de los gatos. La vacunación contra la rabia, por ejemplo, en el momento de la esterilización, es probable que proteja al gato feral contra el virus y produzca una inmunidad de la población duradera.

La existencia de un alto número de gatos “sin responsable” lleva a la sobrepoblación que se produce actualmente en algunos entornos urbanos y esto tiene un impacto tanto sobre el bienestar de los animales como sobre la salud pública y la convivencia. Durante los últimos años varias ciudades de España han decidido adoptar el método CES para solucionar este problema (Barcelona, Zaragoza, Gijón, Ceuta, Valladolid, Ciudad Real) y en otras muchas se está desarrollando (Madrid, Vitoria, Valencia). Son numerosos los pequeños municipios en los que esta metodología de control de poblaciones de gatos se ha instaurado con éxito.

Todos los estamentos implicados, como los veterinarios de sanidad local, ONG, centros de acogida, y clínicas privadas, junto con las administraciones públicas, deben trabajar en este tipo de gestión que sin duda es el único método ético para acometer esta problemática.

La gestión de las colonias urbanas de gatos es un ejemplo de la necesidad imperiosa de implicar al colectivo veterinario en la ciencia aplicada al bienestar animal.

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Como gato callejero podemos considerar a aquel que se ha perdido o que ha sido abandonado, y que está acostumbrado al contacto con la gente y que es suficientemente sociable para ser dado en adopción.

Un gato feral procede de una camada de otro gato feral o de un gato callejero y no está acostumbrado al contacto con el ser humano. Son tan temerosos que no se dejan tocar y no pueden ser objeto de adopción, lo que no significa que no se pueda y se deba hacer nada por mejorar su salud y su calidad de vida.

Los gatitos procedentes de gatos callejeros o ferales que no tienen contacto temprano con personas, se vuelven ferales, y no podrán ser dados en adopción. Dado que una gata puede quedarse preñada a partir de los 5-6 meses de vida, el número de gatos ferales puede incrementarse rápidamente si no son esterilizados. Es importante, aunque no siempre posible, que estos cachorros nacidos de gatas ferales, se separen de sus madres con 30 días para socializarlos e intentar que sean dados en adopción, aunque sabemos que en condiciones ideales, los gatitos deberían estar, como mínimo, 7 semanas con sus madres.

Los gatos ferales viven en colonias o grupos de ellos relacionándose entre sí. Cada colonia ocupa y defiende un territorio donde hay una fuente de comida y un lugar para refugiarse. Los gatos ferales raramente se dejan ver con excepción de por aquellos que los alimentan.

Los gatos callejeros son más visibles, pueden vocalizar y se acercan a la gente en busca de comida y atención. Se pueden unir a una colonia o defender un territorio por sí mismos.

Tanto unos como otros pueden resultar molestos ya que hacen hoyos con orina y heces en jardines o propiedades privadas, se suben a los coches o molestan a otros gatos con responsable (propietario) que viven en hogares. Gritan y maúllan como parte del comportamiento de lucha o de apareamiento. Provocan olores fuertes y desagradables debido al marcaje con orina que desarrollan los machos.

Pero no son sólo estas las molestias que ocasionan: la visión de gatos moribundos de diversas edades, incluso gatitos de corta edad, y de animales heridos o lesionados e incluso la caza por parte de éstos de animales salvajes, no resulta agradable y provoca el rechazo de una parte de los ciudadanos. Es por esto que, dejar que la naturaleza actúe como controladora de estos colectivos de gatos, no tiene sentido alguno, además de considerar que es éticamente reprobable, siendo incompatible con el sentir que debe tener la profesión veterinaria que debe velar por el bienestar y la salud de todos los animales.

Los programas CES son una estrategia no letal para reducir el número de gatos, tanto ferales como callejeros, mejorando su calidad de vida, la de la fauna silvestre y la de las personas. Después de ser capturados y esterilizados estos animales no se van a reproducir más. Con el cese de la actividad sexual, cesan los ruidos relacionados con la monta y se reducen de forma considerable las peleas, así como el ruido asociado a ellas. Los machos esterilizados vagan menos, se hacen menos visibles y eso redunda en una incidencia menor de accidentes por atropellos. Los malos olores se reducen considerablemente porque los gatos machos castrados ya no producen testosterona, que es la responsable del olor fuerte y penetrante del marcaje con orina.

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El control y la vigilancia de las colonias permite localizar a nuevos miembros, si es que aparecen, que podrán ser capturados y esterilizados. Las colonias se estabilizarán y con el paso del tiempo disminuirán en número de ejemplares, hecho demostrado en numerosos estudios publicados en revistas científicas de primer nivel.

Idealmente los gatos sociables y de nueva aparición, y los gatitos podrían ser sacados de la colonia para ser socializados y dados en adopción.

La captura de este tipo de gatos y su traslado a protectoras es totalmente inadecuado. Los refugios ya cuentan con un gran número de gatos abandonados, perdidos y heridos, junto a aquellos que han sido entregados por sus responsables porque no pueden hacerse cargo de ellos.

Los gatos ferales, por su carácter, no pueden estar en un refugio y menos ser dados en adopción. De hacerlo así estarán en alto riesgo de ser sacrificados tras un periodo de estancia legal o condenados a una vida que nada tiene que ver con su naturaleza y carente de bienestar.

El sacrificio de los gatos pertenecientes a una colonia felina no es la solución porque el espacio que ocupan volvería a ser repoblado a partir de poblaciones contiguas ya que seguirán existiendo los recursos que necesitan: la comida y el refugio.

La eliminación de una parte de los individuos de una colonia tampoco es la solución porque los gatos que queden se reproducirán rápidamente, teniendo camadas más grandes y aumentando su ratio de supervivencia por una menor competencia de los recursos hasta alcanzar el número de animales que soporte la disponibilidad de comida y refugio.

La prohibición de alimentarlos mediante multas a los ciudadanos que lo hacen, tampoco solucionará el problema, porque siempre habrá personas capaces de hacerlo sin ser detectadas o incluso de asumir las sanciones.

Además, los gatos son animales territoriales que pueden sobrevivir mucho tiempo sin alimento, especialmente si están acostumbrados a padecer esta situación en diversas épocas del año. No abandonan su territorio ni fácilmente, ni rápidamente. En caso de tener que desplazarse para buscar comida, volverán una vez conseguida a su zona. Incluso, en situaciones extremas, y si tienen oportunidad, no tendrán reparo en entrar en domicilios privados robando la comida e incluso agrediendo o matando a los gatos de casa.

Es por todo lo expuesto y como ya hemos comentado que consideramos que el método CES es, en la actualidad, el único método científico y ético de control de las poblaciones de gatos en el entorno urbano o periurbano, garantizando una adecuada convivencia entre estos animales y los ciudadanos.

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El CES es el único método ético y científico que garantiza prácticamente las cinco libertades que deben prevalecer para garantizar el bienestar animal: Libres de hambre (dieta balanceada y adecuada para su especie), de sed, y de desnutrición; libres de lesión, de enfermedad y de dolor; libres de ansiedad, frustración, y miedo; libres de incomodidad y de molestias físicas; y libres de manifestar su comportamiento natural.

Entendemos que la actividad reproductiva en estos animales forma parte de su naturaleza y que mediante la esterilización controlada por el ser humano, esa parte de su etograma queda anulada, pero creemos que en este sentido debemos huir de la consideración de este hecho desde una perspectiva antropomorfista.

La mera observación de estos animales, desde el punto de vista de la etología, en colonias felinas controladas, evidencia que su bienestar emocional y físico no se ve influido por el hecho de haber sido esterilizados, sino que mejora de forma ostensible.

José Enrique Zaldívar Laguía. Presidente de AVATMA

Virginia Iniesta Orozco. Vicepresidenta de AVATMA

Lina Sáez de Antoni. Secretaria de AVATMA.

AVATMA está formada por 425 veterinarios.

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin el permiso de AVATMA.

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