Sufrimiento de los animales empleados en atracciones

INFORME TÉCNICO VETERINARIO SOBRE EL SUFRIMIENTO DE LOS ANIMALES EMPLEADOS EN ATRACCIONES

 

El objeto del presente informe es la puesta en evidencia del sufrimiento físico y emocional que pueden llegar a padecer los ponies que son utilizados en atracciones para el público infantil. Se nos ha facilitado material gráfico consistente en imágenes fotográficas y grabaciones de vídeo para la realización su realización.

A lo largo de las últimas décadas se está concediendo una importancia creciente al trato que se supone deben recibir en general los animales por parte de la sociedad, y de ello se derivan las distintas normativas que sobre bienestar y protección animal han sido promulgados sin cesar durante este período en las distintas Comunidades Autónomas y ayuntamientos. Según la ordenanza municipal del ayuntamiento de Castellón:

Artículo 57, apartado 17: “Se prohíbe la utilización de animales en espectáculos, fiestas populares y otras actividades que impliquen crueldad o maltrato físico o psíquico y que puedan ocasionarles sufrimientos o hacerles objeto de tratamientos antinaturales (…)”

Artículo 62, apartado A2 de la misma ordenanza, clasifica como infracciones muy graves, “la celebración de espectáculos, filmación de escenas que comportan crueldad, maltrato o padecimiento u otras actividades en las que los animales resulten dañados, muertos o sean objeto de tratamientos indignos o de manipulaciones prohibidas”.

Si bien es cierto que en los últimos años se han producido grandes avances en lo que respecta a la legislación sobre protección animal, quedan aún grandes vacíos que deben ser resueltos con suma urgencia. La utilización de los animales para nuestro disfrute y diversión puede y debe ser cuestionada desde un punto vista ético y de lo que se conoce como bienestar animal.

Cuando hablamos de bienestar animal nos referimos a:

  • El organismo en cuestión, dotado de un sistema neuroendocrino (nervioso y hormonal) muy similar al nuestro, debería no presentar alteraciones fisiológicas, es decir, sus manifestaciones emocionales no deberían diferir de las que presentan en condiciones normales.
  • El bienestar animal tiene que ver con las sensaciones experimentadas por ellos, esto es: la ausencia de fuertes sensaciones negativas llamadas en general sufrimiento, y la presencia de otras positivas, que suelen denominarse placer. Toda evaluación del grado de bienestar animal debe centrarse en las mediciones de esas sensaciones.

La preocupación por el bienestar animal es el resultado de dos elementos: por una parte el reconocimiento de que los animales pueden experimentar dolor y sufrimiento, y por otra, la convicción de que causarles sufrimiento injustificado no es moralmente aceptable. Como veterinarios, consideramos que el uso de estos animales en espectáculos para simple entretenimiento es totalmente injustificable.

Cuando los animales están en su ambiente natural pueden expresar sus comportamientos normales, mientras que éstos se ven afectados cuando son obligados a permanecer en un ambiente artificial. Cualquier alteración que saque a un animal de su medio natural le producirá miedo y ansiedad, lo que llevará a su organismo a manifestar una serie de respuestas neurofisiológicas perfectamente estudiadas. El miedo es un poderoso causante de estrés.

El estrés se define como “el conjunto de reacciones biológicas y psicológicas que se desencadenan en un organismo cuando se enfrenta con un agente nocivo, cualquiera que sea su naturaleza”, como “la situación de un individuo o de alguno de sus órganos o aparatos que, por exigir de ellos un rendimiento superior del normal, los pone en riesgo de enfermar” o también como “cualquier tensión o interferencia que altera el normal funcionamiento de un organismo”. Sabemos que a los animales, los factores estresantes ambientales son los que más les afectan.

No nos cabe la menor duda de que podemos adaptar alguna de estas definiciones de estrés a lo que les ocurre cuando se ven sometidos al ambiente para ellos antinatural de un espacio con ruidos, luces artificiales y bullicio de la gente o hacerles dar vueltas en un carrusel.

Un determinado grado de estrés estimula al organismo y permite que este alcance su objetivo, volviendo a la normalidad tras el cese del estímulo. Pero cuando el estrés es muy fuerte o las defensas inadecuadas puede producirse una alteración psicosomática o mental. Al mantenerse la tensión, se entra en lo que se conoce como “estado de resistencia”, estableciéndose entonces el disconfort, y, de continuar el factor estresante, se llega a un estado de agotamiento de los mecanismos de defensa fisiológicos, con la aparición de alteraciones funcionales y orgánicas. Consideramos que la situación a la que son sometidos los animales empleados en estas atracciones de feria va a provocar una respuesta por parte de su organismo, que se encuadra dentro de lo que se define como “respuesta al estrés”, y que dicha respuesta se verá condicionada tanto por la intensidad como por la reiteración de los estímulos estresantes. A la presencia de dichos estímulos aversivos, debemos añadir –entre otras variables– la previa del transporte hasta el lugar en que serán utilizados o en el que se ubica la atracción. Estaríamos por tanto ante un conjunto de estímulos desagradables para los animales, que se van sumando desde el momento en que abandonan su lugar de origen.

No debemos hablar entonces solo de estrés, sino de diestrés, que es el estado de disconfort que se presenta cuando la capacidad de respuesta del organismo ante situaciones estresantes se sobrepasa, o cuando el organismo en cuestión no se adapta a las mismas. Existen numerosos estudios que hacen referencia a un fenómeno que se produce en estas circunstancias, que es la inmunosupresión que se presenta en animales a corto y medio plazo cuando han pasado por situaciones estresantes, lo que les lleva a enfermar e incluso sucumbir antes enfermedades que no habrían tenido problema en superar si sus sistemas orgánicos hubieran estado al máximo de su capacidad defensiva.

Teniendo en cuenta que la mayoría de los animales empleados en las actividades que estamos describiendo en este informe suelen emplearse reiteradamente para festejos y espectáculos, podríamos pensar que podría darse cierta adaptación al repetirse una y otra vez el sometimiento a este tipo de estímulos aversivos a lo largo de su vida.

En este sentido, se sabe que las reacciones de cada animal están regidas por la interacción compleja entre su constitución genética y sus experiencias previas. Por ejemplo, animales con experiencias previas de manejo rudo, las recordarán. Y en el futuro, cuando sean expuestos a situaciones similares, podrán padecer un estrés aún mayor, con lo que su reutilización hará que sus experiencias negativas, causantes del estrés, se acumulen, pudiendo derivar en incapacidad orgánica para dar adecuadas respuesta a las mismas, lo que a su vez devendrá en un fracaso global de sus sistemas de defensa ante situaciones que les provocan miedo. Algunos científicos expertos en la disciplina de la neurociencia explican que es muy difícil erradicar una respuesta condicionada de miedo, porque eso requiere que el animal suprima el recuerdo del miedo mediante un proceso de aprendizaje. Así, un único suceso aterrorizante puede producir una respuesta condicionada de gran intensidad que es casi imposible de neutralizar. Por consiguiente, los animales sometidos a estrés agudo están en disposición de desarrollar un miedo crónico.

Los veterinarios somos los que podemos dar luz a cuestiones como la capacidad de los animales para sufrir o de sentir placer. El mundo científico, del que formamos parte, sabe que el dolor, el malestar y el sufrimiento son estados considerados como no placenteros, y es por esto que todos los seres vivos se esfuerzan por evitarlos. Siendo el sufrimiento altamente desagradable, decir que los animales pueden padecerlo es sinónimo de decir que ciertos procedimientos que les son realizados o acciones que les son impuestas son inmorales. Incluso la comunidad científica se ha vuelto más sensible a lo largo de las últimas décadas. Por ejemplo, sobre la ética con respecto al trato que les damos y el mundo de la investigación con animales ya se aplica el “PRINCIPIO DE ANALOGÍA”: se asume que aquello que es doloroso o desagradable para el ser humano, también lo es para los animales.

Partimos de la base ética (y legal) de que los animales  no deben estar sujetos a actos que les supongan sufrimiento físico o psicológico, y deben recibir un trato que, atendiendo a sus necesidades etológicas, procure su bienestar.

Todo indica que los animales que participan en este tipo de actividades no se encuentran en una situación de bienestar.

Pueden pasarse jornadas de varias horas dando vueltas sin descanso. Pensamos que es probable, que estos animales trabajen jornadas más largas de lo que a priori declaren sus propietarios y que los turnos de trabajo no sean estrictos, sino que dependen más bien de la cantidad de gente que esté dispuesta a pagar por el entretenimiento para sus hijos. A veces, continúan en la atracción en horario nocturno -cuando deberían estar durmiendo según sus biorritmos- en un ambiente en el que la música de las atracciones tiene un volumen atronador y las intensas luces los deslumbran de manera constante. Tampoco están libres de recibir gritos de los niños o alguna que otra patada en sus costados, con la pretensión de que “vayan” más rápido.

Además, hay que tener en cuenta que estos animales no trabajan unos cuantos días aislados al año, sino que se pasan la vida siendo transportados de una localidad a otra para ser utilizados como atracción en fiestas locales, ferias etc. Por tanto, se ven sometidos al continuo estrés del transporte y a la itinerancia. El mero hecho de desubicarles de su lugar cotidiano de convivencia ya les produce algún grado de estrés. Asimismo, el transporte resulta en general para ellos una experiencia desagradable, pues no están fisiológicamente adaptados a dicha situación (subida y bajada a través de rampas, bamboleo del vehículo, baches del firme, temperaturas inadecuadas…). En este sentido, existen numerosos estudios científicos realizados en equinos durante el transporte por carretera que dejan claro el alto nivel de estrés que este tipo de situaciones provocan en ellos.

CONCLUSIONES

Si nos atenemos a las consideraciones reflejadas en este informe, las prácticas a las que se ven sometidos los animales en estas actividades, pese a no existir, aparentemente, violencia física, les producen un maltrato emocional, que provoca daños y angustia injustificada, y un importante desgaste físico.

En cualquier caso no se encuentran en un medio idóneo para manifestar su comportamiento natural cuando se ven introducidos en ambientes antinaturales como los que les rodean en los espectáculos en los que son utilizados.

Podemos afirmar, por tanto, que el escenario en que se desarrollan estas actividades con animales resulta incompatible con la preservación del bienestar de los mismos, y que por ello incumple la antes citada normativa, que prohíbe su  utilización

en espectáculos, fiestas populares y otras actividades que impliquen crueldad o maltrato físico o psíquico y que puedan ocasionarles sufrimientos o hacerles objeto de tratamientos antinaturales”.

Consideramos que las administraciones locales deberían favorecer y potenciar las conductas cívicas y de respeto de la ciudadanía hacia los demás animales, especialmente entre los más jóvenes. Ello comienza por el compromiso de no volver a permitir el uso de animales en este tipo de atracciones, empleando más creatividad para ofrecer alternativas éticas de ocio, que puedan ilusionar y divertir sin que decenas de individuos se vean perjudicados por ello. De lo contario, el mensaje que se está lanzando es antipedagógico para los niños, ya que se les da a entender que es lícito y adecuado obligar a los animales a hacer lo que deseemos para nuestra diversión.

Finalmente apuntar que el ser humano tiene una obligación urgente que incorporar aún a sus códigos de conducta: el respeto y la compasión hacía todos los animales. Estos deberán estar presentes de forma prioritaria en sus principios morales, lo que nos conducirá a dotarlos de una vida digna, de bienestar, y a no someterlos a maltratos ni a padecimientos innecesarios. Si somos capaces de adquirir ese deber como especie, habremos avanzado un largo trecho en el camino que nos lleve a dotarlos a derechos.

Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso de los autores, los firmantes del mismo.

Noviembre de 2015.

Firmantes del documento:

– José Enrique Zaldívar Laguía. Colegiado 1499. Madrid.

-Virginia Iniesta Orozco. Profesora de la facultad de veterinaria de Cáceres (UEx)

-Miguel Ibáñez Talegón. Profesor de Etología de la facultad de veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid.

-Rubén Muñoz Madrid. Colegiado 1561. Cáceres

-Ana Isabel Marín García. Colegiada 357. Cádiz.

-Fernando A Marín Segura. Colegiado 550. Alicante.

-Lina Sáez de Antoni. Colegiada 1498. Madrid.

-Inmaculada Manresa Elson. Colegiada 1650. Zaragoza.

-Inés María Rodrigo Monje. Colegiada 5189. Madrid.

-María Teresa Alonso de Pedro. Colegiada 1161. Sevilla.

-María Luisa Pastor Martinez. Colegiada 742. Guadalajara.

-Rafael Luna Murillo. Colegiado 994.  Córdoba. Master en Etología por la UCO.

-Esther Vicente Pareja. Colegiada 4110. Madrid.

-Natalia Jaraba. Colegiada 4387. Madrid. Master en comportamiento y bienestar animal.

-Esther Pérez Catalán. Colegiada 923. Toledo

-Alicia Campanero Heras. Colegiada 2000. Madrid.

-Fátima Hernández Balsera. Colegiada 1564. Murcia.

-Maria Canals Gúzman. Colegiada 1678. Córdoba. Master en Etologia clinica y  Bienestar Animal por la UCM.

-Eduardo de la Serna. Veterinario no colegiado.

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