Frank Cuesta y sus toros

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Opiniones del presidente de AVATMA sobre lo que se vio y oyó en el programa “WILD FRANK TOROS”.

 

Durante cuatro semanas el canal de televisión DMAX ha emitido cuatro episodios, conducidos por Frank Cuesta, dedicados a la tauromaquia, con el título “WILD FRANK TOROS”. Los episodios se pueden ver en estos enlaces: episodio 1, episodio 2, episodio 3, episodio 4.

Por lo que vi en las redes sociales y en algunos medios de comunicación, la expectación creada antes de su emisión era grande, en especial en los ámbitos en los que nos desenvolvemos los detractores de la tauromaquia y nuestros contrarios, los que la apoyan. Conforme se fueron emitiendo los episodios y viendo sus contenidos, el movimiento que trabaja por la abolición del maltrato animal legalizado se fue desencantando. Se habló mucho, se opinó y se debatió después de los dos primeros episodios, pero ahí acabó el interés para una parte de los que estábamos expectantes. Muchos consideraron que ya habían escuchado lo suficiente.

El mundo del toro, que en principio y antes de que se emitiera el primer programa, también mostró cierta preocupación, se quedó rápidamente tranquilo y no sólo promocionó la serie, sino que se dedicó durante varios días a publicar artículos y entrevistas con Frank. Los preocupados debieron ser los que desconocían el tratamiento que se le iba a dar a la tauromaquia y el nombre y apellidos de los actores que fueron invitados para explicarle al presentador lo que quería conocer. A la parte contraria, a la antitaurina, poco espacio se le dio,  fue puramente testimonial. Vimos de forma fugaz a Aida Gascón de AnimaNaturalis y a Oscar del Castillo de Gladiadores por la Paz, junto a manifestantes antitaurinos en sendas concentraciones, una en Alicante y otra en Villalba, un municipio de Madrid. Los dos explicaron fantásticamente y desde el tipo de activismo que practican, las razones por las que trabajan por la abolición.

Frank manifestaba que él, que se ha declarado en numerosas ocasiones contrario a los espectáculos taurinos, quería conocer el mundo del toro para poder formarse una opinión sería y fundamentada a través del conocimiento. Se preguntaba si la tauromaquia es arte, cultura, tradición, tortura, sangre, muerte… La mejor forma de despejar esas dudas era documentarse escuchando a expertos en la materia, como al ganadero y veterinario, Victorino Martín, o a los que ejercen o ejercieron la profesión de matatoros, como el ex torero Juan Francisco Esplá, los toreros Saúl Jiménez Fortes y Manuel Escribano, o el rejoneador Diego Ventura. Fueron estos cinco los que tuvieron más protagonismo a lo largo de los programas y los que actuaron como maestros de ceremonias, a los que se unió en el último episodio, el alcalde de Coria, esa localidad cacereña en la que celebran la fiesta de San Juan burlando y persiguiendo a un toro durante más de 90 minutos para terminar con su vida de un tiro en la testuz.

La primera frase lapidaria la escuchamos en el primer programa de la boca del ganadero Victorino Martín, que es reiterativa por la cantidad de veces que se la he oído: `¡La ignorancia es muy atrevida!´, decía. Y digo yo que sí, pero el problema es que cuando alguien pregunta porque quiere saber y el que tiene que darle la información que precisa, le engaña, se hace cómplice de su ignorancia. Y este comentario lo hago general para todos los maestros que tuvo Frank. Decía el ganadero: `Una corrida de toros tiene todos los valores que se pueden necesitar para tener una vida plena. Los antitaurinos defienden al animal pero no tienen consideración por el vecino que tienen al lado. Se creen superiores moralmente y nos quieren imponer su modelo de vida. Eso es lo que más me molesta. El que está viendo una corrida de toros está teniendo una inyección de valores impresionante. Si se prohibieran las corridas de toros se perdería una gran parte de educación y de realización de seres humanos´.

Estas afirmaciones no merecen dedicar demasiado tiempo a ser contestadas, pero yo diría que, lo que para él es una vida plena, una corrida de toros, no lo es para la mayoría de los ciudadanos. Se me ocurren algunas formas de tener una vida plena, cuestionadas por la sociedad en la que vivimos, que prefiero no nombrar. Si usted se queja de que queremos imponer nuestro modelo de vida no se empeñe en imponernos el suyo. Una parte de nuestro modelo de vida es, sin duda, no admitir ningún tipo de maltrato animal, ni tan siquiera el legal, con el que usted vive su día a día. Lo de que esto nos otorga una superioridad moral no es más que un prejuicio. Tampoco sabe usted la consideración que tenemos por nuestros vecinos, a los que no conoce, los que queremos acabar con el negocio del que usted vive. `Pobre juventud que se va a quedar sin valores y sin realizarse humanamente sin toros´, añadía. Me alegro de que sea usted capaz de vislumbrar el inevitable futuro de la tauromaquia, pero: ¿nos deja usted la capacidad de elegir cómo queremos que nuestros hijos se desarrollen humanamente que es, a ser posible, alejados del maltrato animal por diversión, tradición y negocio para unos pocos? De hecho, la juventud, en general, no ha necesitado los valores a los que usted rinde culto, en forma de inyección, para desarrollarse. Le recuerdo que los festejos taurinos sólo son legales, además de en España, en unos pocos países de América Latina (Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador, y México), Portugal y algunos pueblos del sur de Francia (en modo reducto de aldeas galas) y que en todos ellos están cuestionados. ¿Ha pensado usted realmente lo que afirmó? Victorino cree que algunos de los que trabajamos de forma altruista por la abolición de la tauromaquia, no sabemos nada del mundo que a él le da de comer, de ahí lo de ignorantes, pero esta consideración se la voy a cuestionar a lo largo de este escrito, con verdades, no con medias verdades, o con algunas mentiras, como las que él le contó al alumno Frank Cuesta que quería aprender y que afirmaba, con respecto a los toros de lidia:

`La libertad que tienen es lo que les hace salvajes. Les han criado con muchísimos cruces. Es un toro mucho más arrogante, tiene una actitud chulesca. La selección natural que se ha hecho entre todos los toros ha hecho que se hayan especializado en embestir´.

Los animales de raza de lidia, que no son sólo toros, sino becerros/as, novillos/as, y vacas, no son salvajes y nunca lo serán y sobre su libertad, es la misma de la que gozan muchos otros animales de especies domésticas, incluidos otros bóvidos que viven en explotaciones de tipo extensivo. Lo único que les diferencia es el fin para el que son criados y casi siempre, la forma de morir. El espacio en que vive un animal no le otorga la característica de ser doméstico o salvaje. Un elefante condenado a vivir en un circo, o un delfín encerrado en una piscina, no dejan de ser animales salvajes, ni tan siquiera aunque hayan nacido en alguno de esos lugares. Por si no le despejaron sus dudas con respecto a este tema, aquí tiene usted las consideraciones que sobre este asunto le puedo ofrecer: El toro de lidia: un animal doméstico. Con respecto a su afirmación de que fueron criados con muchísimos cruces, pues sí, es cierto. De hecho hay dudas de que estos animales puedan ser agrupados como raza, aunque así están considerados por el Estado en un Real Decreto del año 2001, y en virtud de eso sus criadores reciben algunas subvenciones. Este tipo de animales surgieron de los cruces de bóvidos de aptitud cárnica que mostraban ciertas dificultades en su manejo, es decir eran, humanizándoles, ariscos. De hecho, los que desempeñaron en el pasado el papel de ganaderos fueron los carniceros, a los que se les solicitaban este tipo de animales para los festejos taurinos en siglos pasados, como ha quedado documentado en numerosos libros. Lo de la arrogancia y la chulería ya se lo dejamos al antropomorfismo del que nos acusa el mundo del toro. La selección natural no ha hecho que los toros de lidia embistan sino la selección que los ganaderos han realizado a lo largo del tiempo, cuando se dieron cuenta de que era más rentable criar este tipo de animales que hacerlo para vender su carne, es decir, de natural no tiene nada. Artificial, sin duda alguna.

Cambiando de maestro de su causa, la de aprender, oímos a Juan Francisco Esplá darle unas de esas explicaciones rebuscadas con las que los intelectuales y eruditos de este tinglado intentan disfrazar de filosofía y hasta de mitología lo que simplemente es maltrato y tortura animal: `Vivimos en una sociedad de la intolerancia en muchos sentidos. El toro mantiene una actitud de soberbia ante la muerte y eso es lo que nos evita cualquier sufrimiento anímico. La tauromaquia es un invento del ser humano, como el arte o la religión, para subsanar esa sensación que tiene de ser finito. Son procesos que nos hacen sentirnos mejores, reflexionamos sobre la muerte, nos induce a una conducta sobre la realidad, y la realidad no es más que vida o muerte´, y añadía: `no nos afectan los ataques que, a veces, son grotescos, faltando al civismo´. ¿Hay algo más grotesco, es decir, ridículo, extravagante y de mal gusto que un festejo taurino, o que un torero embadurnado en sangre y vestido con el traje de luces, que da muerte pública a un animal con una espada como colofón al enorme sufrimiento al que le ha sometido? ¿Hay algo más grotesco que sentirse mejor por participar en un acto cruel y que además esto le sirva para reflexionar sobre la muerte? La muerte está presente todos los días y de muchas maneras en nuestras vidas y no necesitamos que usted nos la explique a través de la tauromaquia. Ya sabemos que estamos vivos y que dejaremos de estarlo, que somos finitos. Si usted necesita explicarse la vida y la muerte de esta forma y no siente pena por estos animales mientras padecen el calvario al que ustedes les someten porque son ¿soberbios?, deme la opción de opinar al respecto y decirle que me parece ridículo e innecesario.

Siguiendo la estela de Esplá y de Frank, el programa nos los sitúa en una plaza portátil en la localidad madrileña de El Escorial, en un festival taurino, en el que podemos asistir al ambiente que le rodea y escuchar al ex torero decir: `los novillos están despuntados porque los toreros no cobran´. Señor Esplá: casi siempre, salvo casos muy excepcionales, todos los toreros y sus subalternos cobran y también lo hacen los ganaderos, aunque se trate de un festival en una plaza portátil de mala muerte. Y que los animales hayan sido previamente despuntados se debe a que el reglamento/s taurino/s obliga a que así sea en ese tipo de festejo. A los bóvidos de lidia se les despunta para que resulten menos peligrosos al no poder medir las distancias adecuadamente con la punta de sus pitones, pero no porque los matatoros cobren o no cobren y para, como usted apuntó, provocar el menor daño posible a sus maltratadores. Se le olvidó decir que, en este caso y en esa población en concreto, nadie paga por presenciar el espectáculo ya que lo subvenciona el ayuntamiento con los impuestos de todos sus vecinos, los taurinos, los antitaurinos y los indiferentes. Cuando las cámaras enfocan a uno de los novillos que se estaba lidiando, agonizando y tambaleándose por un “sartenazo”, es decir, por una estocada mal colocada, usted lo interpreta como una lucha de ese pobre animal contra la muerte y exclama: `¡Qué bravo!´ `¡Una muerte de bravo!´ ¿No le resulta esto grotesco?

Y ahora, ante las imágenes que voy a describir, habituales en algunos municipios, y una serie de comentarios de Esplá, me voy a adentrar en otra gran mentira con la que engañaron a Frank: “Novillo izado por una grúa fuera de la plaza una vez lidiado”. Decía Esplá: `es antiestético, casi ofende, entra en la muerte industrial, me duele verlo así, es atroz verlo reducido a un despojo. Le van a convertir en hamburguesa. La gente no sabe qué hay detrás de una hamburguesa. Básicamente la muerte no ha sido la misma´.

Pues no, la muerte no ha sido la misma que la de un novillo, o de un toro de lidia, o de cualquier otro animal en un matadero, ésta ha sido y con diferencia, más atroz. La carne de animales que han sido sometidos a un festejo taurino, sea el que sea, no puede convertirse en hamburguesas porque las normativas sanitarias lo prohíben. De hecho, existe un Real Decreto del año 2002 en el que se legisla sobre las condiciones sanitarias aplicables a la producción y comercialización de reses de lidia. Por tanto, hay una importante diferencia entre este tipo de carne y la de los animales que son sacrificados en un matadero. `Se entiende por carne de reses de lidia las partes que sean aptas para el consumo humano procedentes de reses lidiadas o corridas´. ¿Y sabe lo que dice, entre otras cosas, este Real Decreto?: `se prohíbe la transformación de las carnes de reses de lidia en productos y preparados cárnicos o en otros productos de origen animal. Se prohíbe el picado de carne de reses de lidia´. ¿Hamburguesa, le dijeron? ¿Y sabe la razón? Pues lea usted este trabajo que se titula `Problemas de calidad en la carne de toro lidiado´ y sabrá la verdad. En él se explica perfectamente y de manera científica, el sufrimiento de estos animales. Y dejen ustedes de empeñarse en contarnos que no sabemos lo que hay detrás de una hamburguesa, porque resulta grotesco y aburrido.

A modo de resumen: `la carne de los toros lidiados es un subproducto de la lidia de utilización condicional y limitada como alimento, con baja y diversa calidad bromatológica por sus caracteres organolépticos y su deficiente conservación. La carne de toro lidiado es oscura, dura, seca y contaminada´. Pero ahondemos más en este asunto. La manera en que mueren estos animales, estocada y/o descabello y puntilla, es una excepción en las normativas europeas, eso sí, legal, sobre los métodos de matanza y sus operaciones conexas. Y es legal porque las tradiciones, costumbres y ritos están exentos, por desgracia, de cumplir cualquiera de las normativas sobre bienestar animal. En los mataderos está prohibido apuntillar animales por considerarse un método cruel de dar muerte a un animal. En resumen, hay muertes y muertes, que se justifican de diferente manera, señor Frank Cuesta, y no le oí ni un solo comentario sobre la crueldad de lo que le estaban enseñando para su instrucción. Le ofrecemos un informe científico sobre la muerte de bóvidos con puntilla sin aturdimiento previo y sus consecuencias para los animales que la padecen: `La puntilla como método de dar muerte a un animal´.

Pero no quedó ahí la cosa y Esplá y Frank se fueron al matadero en el que iban a ser tratadas las canales de los novillos lidiados en El Escorial, y le volvieron a engañar hablándole de las maravillas de este tipo de carne y de las estupendas hamburguesas que se pueden hacer con ella, y lo más “cómico” es que estas explicaciones se las dieron delante de una veterinaria para la que lo que había sufrido el animal no era una tortura sino una lidia. Bueno, cada uno llama a las cosas como quiere, claro. `¡Esto es carne autóctona! ¡100% de lidia! ¡Denominación de origen!´, se oyó. Falso. ¿Esa porquería? ¿Por qué no le explicaron que hay una enorme diferencia entre la carne de un bovino de lidia no lidiado y muerto en un matadero, y la de un bovino de lidia, que ha sido lidiado previamente, y muerto en una plaza o en un matadero, después de ser utilizado en un festejo taurino? Porque quisieron engañarle. Si alguno de los que estaban en el matadero, incluida la veterinaria, comieron alguna vez una hamburguesa hecha con carne de novillo o de toro lidiado, deberían saber que atentaron contra su salud. Y del rabo de toro de lidia, un excelso manjar según sus maestros, qué le voy a contar. No hay tantos rabos de este tipo como se ofertan en los restaurantes. Haberlos los hay, pero la mayoría son rabos de vaca y raramente de buey. Fraude en toda regla. Por ampliar la información, en algunos pueblos de España, es o era costumbre la caldereta, el hervido de carne de los bóvidos lidiados que los vecinos comían durante sus fiestas. La realidad es que, en los municipios en los que se conserva esta costumbre, cada vez menos, se compra la canal de un bóvido manso, que es lo que se come para mantener la tradición. La canal de un toro lidiado, dada la escasa calidad de su carne, no se vende por más de 300 o 400 euros y sospechamos que existe fraude en su tratamiento posterior porque mucha se pica y con ella se hacen hamburguesas e incluso puede que tenga otros usos que son ilegales. A lo mejor a alguno de sus interlocutores le traicionó el subconsciente.

Y seguía Esplá con sus argumentos metafísicos en modo disculpa o en modo yo hago esto porque hay cosas peores y porque en su entendimiento queda el priorizar, como si la desaparición de la violencia y de la insolidaridad del ser humano, fuera la fórmula mágica para que él sienta la necesidad de empatizar con los animales que ha matado. Decía el ex matatoros:

`Mientras el ser humano mire atrás y vea dónde está, podremos ocultar la sangre, pero lo que no vamos a ocultar nunca son el número de víctimas que se dan en las guerras, el desamparo que sufren los emigrantes; todas estas cuestiones hacen que la prioridad afectiva sea siempre el ser humano. Cuando todo esto desaparezca, ante un panorama totalmente pulido, donde el ser humano brille con toda su integridad y decencia, posiblemente yo seré el primero en pedir abolir los toros´. Es decir, nunca.

No faltó en la serie la opinión de un torero, al que nos mostraron como un cuerpo lleno de heridas de guerra, perdón, de su guerra, en forma de cornadas de toros. Hasta veinte lleva, dijeron y repitieron. `Yo le ofrezco mi vida al toro a cambio de la suya´, decía Jiménez Fortes. Lo justo, para que esto tenga alguna defensa, que no la tiene, sería indultar al toro que mata a un torero. De lo que cobra cada vez que mata a uno de estos animales en ese absurdo ritual de potenciales intercambios de vidas, no dijo nada, pero sí que nos dijo que en los tendidos no hay violencia, que no es un circo romano y que la gente no quiere que se dañe al animal. Pues menos mal. Es cierto que la violencia física no se suele dar en los tendidos, pero los insultos entre aficionados, o los que el “respetable” dedica a los matatoros y su cuadrilla, al presidente del festejo y sus ayudantes e incluso a los animales que se lidian, son del manual de la peor de las educaciones. Agudice usted su oído en la próxima corrida. Hace poco hemos sabido que los toreros más cotizados cobran, por lidiar dos toros en Las Ventas, 270.000 euros. Tampoco es ningún secreto que ya, en 2002, hace 16 años, Ponce y Morante cobraron, cada uno, 7 millones de pesetas (42.000 euros) en un festival de esos que los taurinos llaman benéficos. ¿No es esto un insulto para cualquier trabajador? Supongo que ésta es la meta que persigue Jiménez Fortes y por lo que tolera el maltrato de su cuerpo por parte de los toros a los que él maltrata.

Y vuelvo a algunos de los comentarios con los que Frank nos explicaba los conocimientos que le habían transmitido:

`Y depende desde cuánta distancia va el toro, el toro es mejor o peor. Le evalúan por cuánta distancia lleva. Normalmente no están esas líneas, pero si el toro entra desde bien lejos, se le evalúa mucho mejor que si entra desde cerca´.

Matices sobre su afirmación: se refería Frank a esos círculos blancos, a veces rojos, que existen en todos, no solo en algunos cosos taurinos y que marcan, a través del reglamento (artículo 72), la distancia que debe mediar entre la arrancada del toro o del novillo cuando se le coloca frente al caballo, para pasar por la tortura que recibe el nombre de tercio de varas, el primero de la lidia. La bravura no se mide en realidad en función de la distancia a la que se arranca el animal (9-12 metros de el picador), sino en cómo responda a las agresiones de la puya.

`Doler le tiene que doler´, decía Frank. Evidentemente y me satisface que nadie, en ninguno de los episodios, sacara a relucir el efecto mágico de las endorfinas, que un veterinario se inventó allá por el año 2007 y que desde AVATMA hemos desmentido y denunciado. En la campaña recién iniciada #y las vacas vuelan tienen Frank y los lectores información al respecto, así como en los informes que hemos emitido desde nuestra asociación.

El segundo episodio nos vino empaquetado en formato dehesa, esos espacios creados por el ser humano, como bien decía Frank, es decir, artificiales, que son el resultado de habernos dedicado durante siglos a destrozar los maravillosos bosques que teníamos en la Península por necesidades de producción y de subsistencia.

Así nos lo contaba Frank Cuesta, hablando con los toros que tenía a la vista: `vosotros aquí vivís muy bien hasta que cumplís los 4 o 5 años. El día que vosotros desaparezcáis, esto va a ser un problema, porque habrá que hacer un coto de caza, habrá que hacer algo… Biodiversidad significa que en este sitio donde estáis hay un montón de animales: cerdos, anfibios, reptiles, tejones, zorros… Gracias a vosotros se están manteniendo muchos animales´. No le informaron a Frank del manejo que sufren estos animales en diversas etapas de su vida y que sin duda podemos calificar de maltrato, y del que la Unión Europea ya ha sido informada desde nuestra asociación.

Nos quisieron engañar con que, sin el toro de lidia, las dehesas y la biodiversidad que atesoran desaparecerán. Argumento absolutamente falso donde los haya. Muchas ganaderías de lidia no se asientan en eso que denominan dehesa, que en realidad no se sabe muy bien lo que son, porque depende del reparto de pasto y de arbolado en unas determinadas hectáreas de terreno y de las especies arbóreas que la habiten. Una prueba gráfica: En este terruño viven los toros de los Herederos de Cebada Gago, rodeados de aerogeneradores en vez de encinas, alcornoques o quejigos, a un lado de la autovía de Jerez-Los Barrios.

Podemos documentar que estos parques eólicos se encuentran también en las ganaderías La Palmosilla, Torrestrella y Tapatana, aunque estamos seguros de que habrá algunos más asentados en estas “dehesas” en las que se crían estos animales.

Lo que sí sabemos es que aproximadamente un 40% de los ingresos económicos de una ganadería de lidia proceden de subvenciones. ¿Estarán subvencionados también estos parques eólicos?

Nos venían a contar que si estos animales desaparecen habrá que transformar estos espacios en cotos de caza. Se les debió olvidar a sus maestros de ceremonia explicarle que hay ganaderías de lidia en las que esos espacios cinegéticos ya existen para engordar las cuentas de los ganaderos, ante la ruina que supone para la mayoría la crianza de estos bóvidos tan especiales, que lo son. Además, según nuestros datos, el 72% de las ganaderías de lidia no vendió ni un solo animal para festejos taurinos en plaza durante el año 2017. Resultó interesante que el mismo Frank nos presentara la dehesa en la que estaba, rodeado de cerdos ibéricos, que son los únicos animales que realmente la rentabilizan y que ocupan nada más y nada menos que 1,2 millones de hectáreas de las mismas (informe del Senado 2010). Pero no es sólo esta raza porcina la que las ocupa sino otras de la especie ovina, caprina, equina y como no podía ser de otra manera, bovina y por supuesto lo que se conoce como especies cinegéticas, que suelen estar por allí para que les peguen tiros porque también se crían para eso.

 

De hecho y poniéndonos en los mejores datos para el sector taurino, sólo el 10% de la dehesa española está ocupada por ejemplares de raza de lidia, unos 200.000 animales en total (censo del Ministerio de Agricultura), entre becerros/as, novillos/as, vacas y toros y cuyo número ha descendido en los últimos años obedeciendo a la ley de la oferta y la demanda. Los festejos en plaza han disminuido en los últimos diez años en un 57% y la tónica que han seguido en 2018 es la misma, como documentaré cuando corresponda. Para aclararnos: aproximadamente, el 90% de la dehesa está ahí, vive y existe sin ganado de lidia. Otra cosa que no le explicaron a Frank es que la mayoría de los machos que se crían en esos espacios no llegan a los 4 o 5 años, sino que mueren en diversos festejos taurinos antes de cumplir los 2 años (becerradas) y a los 2 y 3 años (novilladas sin y con picadores, festejos mixtos, festivales…), por no mencionar los que mueren en el interior de las mismas ganaderías en entrenamientos de toreros y rejoneadores e incluso de aficionados, o de alumnos de escuelas de tauromaquia, o los que se sacrifican después de su participación en un festejo popular, según dicte el reglamento de la comunidad autónoma en la que se celebre. Tampoco le dijeron que los machos de esta raza alcanzan la pubertad a los 18 meses, pero que no pueden cubrir a las vacas que inundan con los efluvios de sus celos los espacios en los que viven. Luego, desde el mundo del toro, se nos acusa de castrar a los animales de compañía. Los estudios estadísticos revelan que sólo el 35% de esos machos alcanzan los 4 o 5 años de edad.

Continuó el viaje de Frank Cuesta en la ganadería de Victorino Martín con su presencia en una tentadero de vacas, el principal sistema de selección genética del que echan mano los ganaderos, y también se le ilustró sobre las maniobras previas al embarque de una serie de toros que iban a ser lidiados en la “Corrida de la Prensa” en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid. El maestro que le documentaba era el propio ganadero que le instruía diciendo:

`Las vacas tentadas que se devuelven al campo para que sean madres se recuperan solas… Nada, en 15 días están curadas. No se mueren de eso. Si no es buena, al matadero para carne, se aprovecha para carne. Se utiliza su carne para alimentar personas. Detrás de cada plato hay una muerte´.

Sirvan para documentar la inexactitud de la información que se le dio estas fotos, que son de vacas tentadas y desechadas y por tanto enviadas al matadero. Estas fotos ilustran el estado en el que llegan al sacrificio y muestran las zonas en las que se les clavaron las puyas de tientas. ¿Se curan solas? ¿Sin tratamiento veterinario?.

Es evidente o eso espero, que Victorino tratará a las vacas que una vez tentadas decide que se queden como reproductoras, pero no lo hace, según sus declaraciones, con las que no superan la prueba y deja que las infecciones alcancen el grado que muestran estos documentos gráficos. Sobre el uso de su carne para alimentar personas me remito a lo comentado anteriormente y apunto que, muchas partes de estas canales son decomisadas en el matadero, si no es la canal entera. También documento lo que, a veces, se puede encontrar un visitante en una ganadería de lidia. Cadáveres de lo que parecen ser vacas. ¿Causa de su muerte? A saber…

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Resultó especialmente curioso ver las imágenes que Frank nos ofreció sobre la conducción, por medio de caballistas, de los toros que iban a ser embarcados para Madrid. Se nos hizo creer que se les va a buscar al campo y que desde allí son conducidos a las instalaciones desde las que se les hace subir al camión. Todo en modo bucólico con imágenes captadas desde un dron. ¿Estaban esos toros libres en la dehesa? Hasta donde sé, los toros elegidos y señalados para un festejo, deben alcanzar el peso exigido según la categoría de la plaza y esto sólo se consigue apartándolos y cebándolos durante meses con pienso en un espacio habilitado al efecto, un cercado que podrá ser más o menos grande.

 

Se nos ofreció la secuencia de uno de los toros entrando en el compartimiento del camión con el comentario de Frank: `van encajonados; si tuvieran más espacio se podrían golpear y hacerse daño´. Lo que no se dijo es que el transporte de estos animales, en estas condiciones, incumple la normativa de la Unión Europea, en especial la parte que hace referencia a viajes de más de 8 horas. Y sí, van encajonados, pero fundamentalmente para que no se lesionen los pitones, que es realmente lo único que les importa. Para que Frank y los lectores se hagan idea de lo que para estos animales supone ir ahí encajonados, les invito a que lean este informe en el que se demuestra que, sólo en el trayecto, pueden perder hasta 30 kilos de peso por el enorme estrés que se les provoca. Estrés al que deberemos sumar el que les produce su espera en los corrales de la plaza (a veces en el mismo camión), su estancia en los chiqueros (cuando los hay), y su lidia. Y cuando estos animales tienen que soportar tantas situaciones estresantes, debemos hablar de estrés crónico y no de estrés agudo. Y este matiz es sumamente importante para entender y explicarse las “extrañas” respuestas neuroendocrinas que dicen, quienes lo dicen, que tienen estos bóvidos tan “especiales”.

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Impresión de pantalla del programa

Y no podía faltar la alusión al indulto, que tuvo como maestro de ceremonias al ganadero invitado al programa, que decía:

`Cubrir a 35 vacas, esta es la vida que le espera a un toro indultado´ y le muestra a Frank a “Cobradiezmos”, un toro de su hierro indultado en la Maestranza de Sevilla. `Le perdonaron la vida por bravo´, decía. En una maniobra que creo que fue provocada para la filmación del programa, vimos como este semental se arrancaba a por el vehículo en el que iban Victorino, y Frank: `¡hijo puta!, ¡será cabrón!´, se oyó por los micrófonos. Lo que no le contó a Frank es que no todos los toros indultados sobreviven a su lidia y eso, habiendo pasado sólo por el tercio de varas y de banderillas y la faena de muleta, y que algunos de los que llegan vivos a la ganadería mueren, unos antes y otros después. Desconocemos cuántos pero documentado está: es lo que les pasó por ejemplo a “Verdiales” y a “Idílico”, el toro indultado por José Tomás en la Monumental de Barcelona. “Orgullito“, un toro indultado en Sevilla murió en su ganadería por no poder superar las heridas que le había infligido otro semental. Ésta es la versión oficial, que pondré en entredicho porque que yo sepa, los reproductores no se juntan entre ellos, si no que cada uno está con las vacas que el ganadero ha considerado conveniente, aunque debemos suponer que éste, “Orgullito”, todavía no estaba ejerciendo como semental.

Éste es el parte de un toro de nombre “Ingrato”, indultado en Francia, que se publicó en un blog de veterinarios taurinos, y cuyo texto ya ha sido “retocado”: `perdió 50 kilos durante la lidia. Salió de la arena con 43º C de temperatura. Tenía otra mirada al salir de la plaza, seguramente por el miedo que había pasado. Los dos puyazos le abrieron dos trayectos: uno de 35 cm y otro de 22 cm. Las banderillas le abrieron 6 trayectos de 10 cm. Tenía una herida de 12 cm debida a la divisa. Salió de la plaza angustiado, sangrando, aturdido, tembloroso, fatigado, desconcertado, deshidratado. Las 15 horas de viaje a la ganadería le hicieron perder otros 20 kilos´. ¿Por qué lo retocaron? Hay que ver qué tonterías pregunto.

Lo cierto es que sólo el 0,7% de los toros lidiados son indultados. Tampoco le explicó a Frank cómo se procede para sacar de los músculos de estos animales los arpones de las banderillas, y el doble arpón de la divisa, esos que el conductor del programa no pudo arrancar a tirones del novillo que se le sirvió para documentar el tratamiento de su canal en el matadero. Les dejo, por si es de su interés, un vídeo con el procedimiento que se sigue: arrancar a cuchillo y sin la mínima sedación los arpones de las banderillas y la divisa y que, casualmente, llevó a cabo en la plaza de toros de Illescas, con un toro de nombre “Platónico”, su anfitrión Victorino Martín, que no se despidió del programa sin dejarnos otros comentarios para la posteridad: `las lechugas que nos comemos también provocan la muerte de topos, por ejemplo´ y `es la ley de la vida, siempre hay alguien que elige por ti´.

Y ya en Las Ventas, el día en el que se iban a lidiar sus toros, nos ofreció otra de sus “inexactitudes”, diciendo: `casi 25.000 localidades, pero llevamos así los 34 días. Seguimos llenando un recinto de 24.000 personas´. Éstos son los datos, los reales, según el mundo del toro, de la Feria de San Isidro 2018, teniendo en cuenta que el aforo de esa plaza es de 23.624 localidades. Según los medios taurinos, el número de espectadores de media, durante la feria, fue de 18.460, con 15.482 abonos vendidos, lo que significa que en la mayoría de los festejos las personas que asistieron fueron las mismas. Cuando se da el dato de que a esta feria asistieron 572.249 espectadores, no se está siendo fiel a la realidad. Por decirlo de otro modo, el número de espectadores no es el mismo que el de individuos que repiten y repiten, festejo tras festejo, aunque sé que una parte de esos abonos se venden por parte de sus titulares como entradas sueltas, especialmente aquellas que corresponden a los mejores carteles, y casi siempre por encima de su precio de coste. Informe Taurología. Informe Plaza 1.

Tampoco faltaron imágenes del sorteo de los toros en la plaza antes de su lidia, pero se les olvidó apuntar que antes de su salida al ruedo, los toros pasan como mínimo seis horas en la más absoluta y oscura soledad metidos en unos cuartuchos que llaman chiqueros, lo que forma parte de su preparación para la tortura. Los taurinos apuntan que es para que se relajen.

En el tercer episodio, Frank nos llevó a conocer el mundo de los alumnos de las escuelas de tauromaquia, sobre el que ya escribí en el Caballo de Nietzsche en 2016: `Escuelas de tauromaquia: la cuna del maltrato animal legalizado´ y nos presentó a otro matatoros, a Manuel Escribano, que se entrenaba en Sevilla con un toro simulado. El profesor de la escuela comentó que de 70 alumnos que tenía sólo 4 o 5 llegarán a ser toreros pero que se les enseñan valores que les servirán para toda la vida. Lo de los valores de la tauromaquia es un tema recurrente que no hay por dónde cogerlo. Uno de los alumnos apuntaba que un profesor, en el colegio, le dijo que siendo torero podría llegar a ejercer violencia de género, añadiendo que los antitaurinos pueden llegar a cometer delitos. Yo también conozco a un profesor de universidad, veterinario, que advierte a sus alumnos de que les suspenderá si son antitaurinos, obligándoles a herrar a fuego a becerros en una ganadería de lidia. Ya me explicarán el sentido de dicha práctica académica y cuál de estos dos mensajes merece más censura. Y supongo, chaval, aprendiz de maltratar animales, que también habrá taurinos que cometan delitos. De hecho, el reciente premio Nacional de Tauromaquia, Padilla. Advertía Frank que a las vacas que estos alumnos utilizan en sus prácticas, no se las mata. Pues sí, se las mata en el matadero o en la misma práctica, pero no solo a vaquillas sino a becerras y becerros. Los alumnos pasan de clavar sus estoques en paquetes de paja acoplados a un carro, que simula ser un toro, a clavarlos en animales vivos y cuándo se les da esa oportunidad, no lo hacen una sola vez sobre un mismo animal, sino varias, las que aguante en pie el becerro o la becerra. Tengo un vídeo de esto que he comentado, que no lo voy a enlazar en el artículo por lo desagradable que pueda resultar a los lectores. Apuntaban que algunos alumnos sufren críticas cuando algún ciudadano les ve con sus “trastos” a cuestas en los medios de transporte público, y que eso no pasaba antes. Para mí, dudando de la veracidad del comentario, significa que algo vamos avanzando. La verdad es que fue un tanto penoso como nos presentaron a estos aprendices, víctimas de la crítica social que cuestiona lo que más ansían en esta vida, ser toreros, pero será o es la realidad.

Escribano, el matatoros, se entretenía clavando su estoque en un paquete de paja y le explicaba a Frank por dónde debe de entrar la espada para que el toro agonice lo menos posible, ya que los toreros lo que quieren es que el animal sufra lo menos posible en ese trance. Lo que no le dijo es que esa estocada ideal solo se da, aproximadamente, en el 13%-20% de las ocasiones. Y en realidad no se trata de que a ellos les importe lo que sufra el toro, sino que la obtención de los trofeos y de sus contratos, es decir su éxito, depende en gran medida de cómo ejecuten la “suerte suprema”, en la que, según Escribano, se juegan la vida. Y sí, en algunas ocasiones los toreros son cogidos por el toro o el novillo en ese momento, pero no debemos olvidar que ya se preocupan ellos de tapar los ojos del animal echando sobre su cara la muleta cerrando sus campos de visión, que no olvidemos que, en distancias cortas, son laterales y no frontales. No está de menos comentar a los lectores que los bóvidos de lidia, tienen un campo de ceguera frontal a una distancia de entre 80 y 100 centímetros delante de su cara por la colocación anatómica de sus ojos. Esto tampoco se lo contaron a Frank. Una recomendación para Escribano: intente usted enterarse de cómo se mata a estos animales en el matadero, porque lo que afirmó es de todo punto falso: `si no muriera en la plaza se haría en el matadero apuntillado por detrás con una pistola eléctrica o un punzón eléctrico´, decía. La electricidad no se usa para sacrificar bóvidos, sino que se les provoca la pérdida de conciencia con pistolas de bala o de perno cautivo aplicadas sobre su cráneo y no por detrás. Sobre el paripé que montaron para hacer creer a Frank que los novillos con los que los toreros y novilleros se entrenan, a veces se indultan, como se quiso plasmar en el episodio (¿casualidad?), no merece la pena que pierda el tiempo en comentar nada. Paripé, ya lo he dicho. `¡Déjalo, que va a quedar vivo!´, se oye desde el burladero. Les quedó estupendo.

Y nos trasladan a Puebla del Río, a la finca del rejoneador Diego Ventura, para que éste le cuente a Frank en qué consiste la lidia a caballo, ésa que en Portugal se hace de una manera y en España de otra, mostrándole como acribilla una y otra vez a un novillo con sus pitones despuntados, con unos pequeños arpones acoplados a los palos de las banderillas, que no le duelen porque son como unas “abujas” de acupuntura (sic) y que no hacen sangre que, efectivamente, no la hacen, por lo menos de forma visible. Una pena que no le enseñara las armas de tortura que utiliza en los festejos y los efectos devastadores que provocan en los animales lidiados y cuyas medidas quedan perfectamente descritas en el reglamento taurino (artículo 67). Ventura afirmó amar a sus caballos, que son para él uno más de la familia, como sus hijos, reconociendo que en un par de ocasiones ocurrió la gran desgracia, la muerte de sus caballos, y en otras muchas, accidentes de diverso tipo. ¿Sólo dos en veinte años de profesión? En realidad han sido algunos más: “Sabiote” (infarto durante la lidia), caballo sin nombre (cornada), “Califa” (infarto durante el viaje), “Revuelo” (por cornada), “Ofrecido” (infarto durante una lidia), “Zurbarán” (infarto tras cornada), “Guadalajara” (cornada), “Osuna” (sacrificada por fractura en una extremidad durante una corrida). Otros, como “Distinto” (peritonitis), “Pegaso” (cáncer), “Guaraná” (cólico nefrítico), “Manzanares” (complicaciones neurológicas), “Alenquer” (infección), y “Alborada” (desnucada en la cuadra), murieron, como se puede ver, por otras causas. Las muertes de este tipo de caballos no son nada raro.

Existen, o mejor dicho, existían, porque han desaparecido, las declaraciones de un veterinario de caballos de rejoneo en las que afirmaba que se les dopa con estimulantes (cafeína y anfetaminas), lo que podría explicar, junto con el enorme estrés y la excitación que seguro padecen, tanto fallo cardiaco. Además, también se les suministran analgésicos y antiinflamatorios para disimular cojeras. Añadía Ventura que sus caballos están genéticamente preparados para esto y expresan felicidad con este tipo de actividad echando las orejas hacia atrás. ¿Genéticamente? Dejemos que sean los lectores que vean o vieron el tercer episodio, los que decidan lo que nos cuentan las orejas de ese caballo, según los dibujos que pueden ver en este enlace. Lo que no le contó a Frank es cómo les doma durante años, muchos años, para que hagan lo que hacen en la arena de una plaza. ¿Están los animales que se usan en los circos, domésticos o salvajes, genéticamente preparados para hacer lo que hacen en contra de su voluntad y de su naturaleza, o depende de la doma a la que se les somete? Esto lo explicó Esplá en otro documental sobre tauromaquia, “Toro”, en el que me dieron la oportunidad de responder a una serie de preguntas, aunque luego editaron lo que les dio la gana. Decía Esplá en el mencionado documental: `Hay que cambiarles sus centros de gravedad, sus ejes de giro, todo su sistema de impulsión, lo que supone un problema tremendo para el caballo, que se tiene que incurvar ante el toro, es decir, toda la física que conocía se transforma para ser utilizado en el toreo´. ¿Podemos calificarlo como maltrato y manipulación de su genética?

Y al final del tercer episodio, Frank se encuentra de nuevo con Esplá en la arena de una plaza. Era el momento de la despedida. Y oímos de boca del presentador: `todos los animales, en el momento en que notan un poquito de dolor, no sé, un poquito de pelea, si ven un poquito de abertura, se van, y el toro mira que tiene espacio aquí, pero no se va´. Mire, Frank: hay toros que huyen de la arena saltando por encima de las barreras y de los burladeros, pero cómo usted ha visto y documentado, las maniobras de distracción, perfectamente estudiadas, que se llevan a cabo desde que estos animales salen por la puerta de toriles, hace muy complicado que puedan pensar, sí, pensar, en escapar. Seguramente no le explicaron lo que es la “querencia”, pero es, ni más, ni menos, que la tendencia natural (también la hay “artificial”) a buscar una salida desde que empieza a ser hostigado en un espacio desconocido para él y en absoluta soledad, lo que en un animal de manada provoca sensaciones de miedo y de incertidumbre, ante su incapacidad para “racionalizarla” y encontrarle explicación.

Supongo que tampoco le mencionaron nada de lo que se conoce como “zona de fuga“. Yo lo he propuesto muchas veces: saquen al toro a la arena y dejen la puerta de toriles abierta, sin cerrar el portón. Sólo entonces veríamos cuáles son las verdaderas intenciones de estos animales durante los 15 minutos de su lidia. Veríamos los que deciden defenderse ante las agresiones a las que son sometidos, o deciden huir, optar por luchar o escapar, esos dos mecanismos que todos los seres vivos son capaces de poner en marcha ante una situación que consideran peligrosa para su supervivencia. Nos debería de haber mostrado ese momento dramático en el que un toro, herido de muerte, decide, si las pocas fuerzas que le quedan se lo permiten, irse lentamente hacía la barrera e incluso buscar la puerta de toriles, colocando su culo contra las tablas (“acularse” lo llaman en la jerga taurina), suplicando que le dejen en paz. Su nobleza estriba en haberse dejado engañar con un trapo durante unos minutos, mientras todos sus recursos físicos y psíquicos se iban agotando a lo largo de esa burla (de burlar) que llaman lidia.

Apuntaba Frank que los taurinos, si no mataran toros, serían los perfectos ecologistas y que las dos partes le han dado razones consecuentes. `He tenido el respeto de ambas partes´, decía. Tan solo matizar que si hacemos un recuento de minutos evidentemente unos, los antitaurinos, hemos estado en franca desventaja. Seguramente sea en esto en lo usted y yo podamos estar de acuerdo, entendiendo, como no puede ser de otra manera, que lo que pretendía era conocer el mundo del toro desde dentro, aunque se lo han contado “a su manera” y no sé si porque usted se ha dejado o porque realmente tienen ese poder de convicción, que lo dudo. Espero que después de leer este documento, si es que le interesa, tenga la otra visión desde el conocimiento de la “con ciencia”. Las diferencias entre un lado y otro son evidentes. Unos, los que han tenido más tiempo en su programa, tienen intereses económicos que disfrazan de lo que les parece conveniente, como la tradición, la cultura, el arte, la identidad nacional y los otros, nosotros, estamos exentos de tener que justificarnos y de dar explicaciones por cuestiones materiales, aunque le cuenten que estamos subvencionados y bien pagados por las grandes empresas de alimentación de “mascotas” y por organizaciones y fundaciones de Holanda y Suiza. Ridículo, grotesco, falso e hilarante.

Y terminó la serie con el cuarto episodio, dedicado exclusivamente a la otra faceta de la tauromaquia, la de los festejos populares, ésos que algunos puristas e incluso algunos ganaderos cuestionan, pero sin poner la mínima pega a la hora de vender sus animales para estas manifestaciones de maltrato animal. Frank estuvo en Coria en las fiestas de San Juan. Su anfitrión, como he comentado anteriormente, el alcalde la localidad, que le fue describiendo todas las bondades de su fiesta y de los impresionantes dispositivos de seguridad y sanitarios que se ponen en marcha para que todo, salvando los imprevistos, se desarrolle con ”normalidad”, dejando claro que no hay maltrato, a lo que Frank asiente diciendo que al morlaco no se le dan patadas, ni se le puede golpear. Mire que les cuesta entender lo que es maltrato. Es muy simple: cuando a un animal se le hace padecer hambre y sed, se le incomoda y padece distrés, o sufre lesiones, dolor, miedo o angustia, se le está maltratando. Del tremendo choque del toro con la tapia de un callejón, cuando intentaba escapar del acoso y que se vio en el programa, no se oyó ningún comentario.

El señor alcalde también aportó el dato de que este fiestón de maltrato animal lo paga el ayuntamiento, que invierte unos 240.000 euros, que es, dijo, una inversión que luego se recupera por los ingresos que se producen en el pueblo. Supongo que habrá vecinos que acepten que su dinero se emplee en maltratar animales, en alcohol y en adrenalina, pero también los habrá que piensen que es mejor que usted, como regidor, lo emplee en cosas más productivas, más cultivadas. De todo habrá. El toro sufre un primer encierro que dura 2:00, o 2:30 minutos, desde los corrales al recinto acotado o plaza del pueblo. Allí se le suelta 30 minutos y luego se le “permite” escapar por las calles del pueblo otros 60-90 minutos y se le mata de un tiro en la cabeza. Según el escopetero encargado, un experto en caza mayor, que lleva la estadística de que ya lo ha hecho en 40 ocasiones, es la forma en que menos sufre, matizando que no es una ejecución, sino un sacrificio. Y ya de paso se recogió, micrófono en mano, la opinión de los vecinos y escuchamos: `Si el toro no muere se extingue la ¿especie? Es una manera de proteger la raza de lidia. Hemos evolucionado (se referían a que ya no le clavan los cientos de alfileres, conocidos como acericos, que le lanzaban por medio de los soplillos). Aquí se respeta al toro siempre. Es el toro mejor cuidado de España. Es un toro que va solo por la calle, le dejamos correr, puede ser libre. El animal nació para morir. ¡Apagar las cámaras!¡Quita las cámaras! ¡No, aquí no tenemos nada que ocultar!´ Y Frank asiente y dice: `cuando estás aquí lo ves diferente. Me he quedado flipado. ¡No me habéis ocultado nada! La gente puede opinar. Esto es lo que es´.

Pero Frank no se había dado cuenta o no quiso hacerlo, del padecimiento físico y emocional de ese animal (el que le explicó  Virginia Iniesta), desubicado, perdido, taquicárdico y con taquipnea, al borde de la asfixia mitigada con “manguerazos” de agua y envuelto en una inexplicable sensación de pánico desde que salió de su ganadería hasta que recibió el tiro en la cabeza porque había nacido para eso. Sobre esto hay informes de carácter científico que hemos publicado desde AVATMA. Un animal al que sólo le quedó el recurso de defenderse ante tantos estímulos aversivos y a los que nunca pensó que tendría que enfrentarse. Un toro que se defendió hasta que se le agotaron los recursos y que se quedó parado en la semioscuridad de una plaza, colocando su culo contra una pared, protegiendo su retaguardia, para ser ejecutado y no sacrificado, aunque la semántica, en este caso, es lo que menos importa. La muerte pública de este animal está prohibida por el Reglamento de Festejos Populares de Extremadura y eso no se lo contaron a Frank, por lo menos antes las cámaras. En ese pueblo, en Coria, incumplen la legalidad vigente.

image026Y termino con un apunte que me parece, como presidente de AVATMA, muy importante: en ese último episodio aparece, durante unos segundos, nuestra vicepresidenta Virginia Iniesta Orozco, que quiso hacerle llegar a Frank Cuesta diversos informes que hemos redactado a lo largo de estos años para desmontar una por una todas las mentiras que suponíamos que le iban a contar. El encuentro no estaba pactado, ni el presentador se dirigió a nosotros en ningún momento previo a la grabación. Fue a raíz de ese encuentro cuando Frank se ofreció a entrevistarla unas horas después, cosa que agradecemos. El resultado, el que se pudo ver, con un reproche, el de no haber identificado a Virginia como lo que es, veterinaria y vicepresidenta de AVATMA. La rotularon como “animalista”, que yo no sé lo que realmente significa.

Espero que Frank entienda que hay otros argumentos y que hay profesionales de la salud y del bienestar animal, veterinarios, más de 500, que saben de lo que hablan y que trabajan de forma altruista por la abolición de la tauromaquia y del maltrato animal.

El único “pecado” que han cometido estos animales, los bóvidos de lidia, es responder de una manera un tanto especial ante las agresiones a las que son sometidos. Si se quiere, son comportamientos inusuales, pero no excepcionales, en los habitualmente pacíficos rumiantes, pero esto no puede servir de justificación para ser criados, maltratados y torturados, en ocasiones, hasta la muerte. Lo de las dehesas, lo reitero, un cuento que le contaron, señor Frank Cuesta.

José Enrique Zaldívar Laguía.